miércoles, 2 de octubre de 2013

Los derechos humanos en Cuba: Un dilema sin resolver

Por Jorge Alberto Liriano/ Hablemos Press.

LA HABANA, 2 de octubre.- Nuevamente Cuba se enfrenta al Examen Periódico Universal del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, y una vez más se descarta abiertamente su rechazo a la libre actividad y garantías para activistas de Derechos Humanos y la prensa independiente, entre otras recomendaciones y exigencias llevadas a cabo por el organismo en el 2013.

Ha quedado bien establecido que la política oficial del régimen no ha modificado, ni piensa ceder en su postura de no respetar ciertos derechos, como la libertad de prensa y de asociación, dejando entrever de forma cínica la dinámica represiva del sistema que no quiere respetar lo estipulado en la carta Magna de las Naciones Unidas ante resoluciones de respeto por los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana y la igualdad de derechos.

Pero no es de asombrarse en lo absoluto, pues la propia Constitución de la República, basada en un único partido, legaliza el conculcar y atropellar los Derechos Humanos.

El Gobierno cubano ha usado esa misma estrategia durante más de cinco décadas; de hecho, no reconoce ni la Sociedad Civil independiente, y mucho menos escucha y acepta interlocutores.

De ello, se desprende el notable aumento de la represión para toda la sociedad y el aumento de los ya tradicionales actos de repudio, los arrestos arbitrarios y golpizas en plena vía pública; los acosos, asedios, persecuciones, amenazas y encarcelamientos; las deportaciones y abandonos en lugares aislados, desolados y peligrosos; el simulacro de accidentes del tránsito y el allanamiento de viviendas, rompimiento de puertas y picando rejas sin tener en cuenta niños, mujeres y ancianos. Estos asedios incluyen cortar el fluido eléctrico, el abasto de agua y el servicio telefónico.

En las últimas semanas el allanamiento policial, las golpizas y detenciones arbitrarias en provincias Pinar del Río, Villa Clara, Matanzas, Sancti Spíritus, Holguín y Santiago de Cuba han ido en aumento, mientras en las prisiones las brutales golpizas y la represión contra los prisioneros políticos va en ascenso.
El caso más reciente tuvo lugar el pasado 12 de septiembre en la prisión de Quivicán, cuando un grupo de presos comunes, estimulados por las autoridades, intentaron asesinar al prisionero político Osvaldo Rodríguez Acosta.

Poco les importan las recomendaciones, poco les interesa el Derecho Humanitario Internacional y permanecen a la defensiva, apelando desvergonzadamente al párrafo número 7 del artículo 2 de la Carta de Naciones Unidas, que dispone la no injerencia en los asuntos internos de un Estado.

Evidenciando cínicamente su prepotencia desmesurada, con el tema de los Derechos Humanos, Cuba se comporta como en la fabula del juez y el verdugo, cada vez que trata de acusar a todo el mundo, cuando su criminal expediente lo convierte en el primer acusado. El régimen de la Isla es como un juez que a toda costa evita ser juzgado, y mucho menos inspeccionado.

Desgraciadamente dentro de los organismos de control y defensa del Derecho Humanitario existen muchos confundidos, y no faltan los corrompidos que le hacen el juego a las mentiras, justificaciones y manipulaciones de la diplomacia cubana.

Que nadie se llame a engaño, el sistema totalitario y militarista de los hermanos Castro está arrastrando a este pueblo hacia el caos político, económico y social, a ello debemos el infinito dilema de los Derechos Humanos en la Isla, aún sin resolver.

No estamos ante una dictadura como la de Pinochet en Chile, que prometió irse si perdía el plebiscito, y se fue, a costa del posterior encarcelamiento y escarnio por todo lo alto.

Ya es hora de que los organismos de la ONU jueguen su papel, y pongan más interés en frenar la horrenda trayectoria de violaciones a los Derechos Humanos que ha sufrido, y continúa sufriendo, el humilde pueblo cubano.

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