martes, 15 de octubre de 2013

Lo que no informa la Mesa Redonda

Por Jorge Alberto Liriano Linares/ Hablemos Press.

LA HABANA, 15 de Octubre.- De Oriente a Occidente la epidemia del Cólera recorre la Isla; nuevos focos de letal infección se reportan en La Habana, Villa Clara, Camagüey y Cienfuegos; pero los medios oficiales de prensa no han divulgado una sola línea sobre el asunto; ¿resulta curioso verdad?

Tal vez, la epidemia que está afectando los sectores más pobres y marginados de la sociedad cubana no sea un asunto de interés nacional, o quizás forme parte de los tantos secretos de Estado y las insondables decisiones de la Jefatura militar.

Lo cierto es que el virus continúa propagándose y se incrementan las cifras de afectados con posible pérdida de vidas, lo que tampoco se informa; algo que resulta contradictorio, pues se supone que los medios de difusión deben jugar un papel importantísimo tanto nacional como internacional; de nada pueden ayudar las maniobras que favorecen el ocultamiento; máxime cuando se trata de la salud del pueblo.

Según los entendidos en la materia, la única vía de transmisión de la enfermedad diarreica aguda es fecal- oral (a través de los alimentos y aguas contaminadas con heces); está claro que este tipo de patologías son frecuentes en las comunidades sometidas a graves condiciones de exclusión.

En Cuba, esta enfermedad ha encontrado su principal caldo de cultivo en el interior de las prisiones, donde la carencia de condiciones mínimas para la vida humana es evidente.

Por supuesto, el principal responsable en la proliferación de esta y otras epidemias es el propio gobierno; precisamente por no ocuparse de mejorar las condiciones de vida de la población.

La gran mayoría del pueblo cubano vive sumido en la pobreza; familias enteras viven hacinadas en viviendas improvisadas en los barrios marginales de la periferia donde no existen, ni funcionan, los sistemas de tratamientos de aguas residuales, ni acueductos para el agua potable; por lo que es evidente la contaminación de las fuentes de abasto.

Otra cuestión es la carencia de servicios sanitarios en estos hogares; el empleo de letrinas, fosas y zanjas para desagüe de albañales cercanas a los pozos son tradicionales y muy comunes; a ello hay que agregarle la escasez de agua y la falta de una cultura sanitaria, fundamentalmente en las zonas rurales.

Sumado a este entuerto de insalubridad hay que referir la escasez de productos de aseo personal. En la actualidad, sólo una minoría de la población puede darse el lujo de adquirir jabón, detergente y productos desinfectantes para el hogar. El cubano de a pie lucha por sobrevivir y llevarse un bocado diario al estómago; la higiene ocupa un segundo plano, y ello vuelve más vulnerable a la población.

Con vistas a revertir el fenómeno, está claro que hasta ahora no existe un trabajo profiláctico por parte del gobierno y sus entidades sanitarias. La famosa mesa redonda, los órganos radiales y la prensa plana son cómplices al ocultar la información; del tema no se habla en los medios y redes sociales de la Isla. Parece como si nada estuviera sucediendo; mientras, el fantasma del cólera campea por la nación.

Por eso, resulta recomendable -ahora que se aproxima la temporada alta de turismo- alertar sobre la presencia de esta enfermedad a los extranjeros que viajan a Cuba para disfrutar del trópico caribeño; informar sobre las recomendaciones básicas de prevención y los riesgos que corren, porque aun en sus lujosos hoteles -allí donde no pueden ir los cubanos- los puede alcanzar la epidemia del Cólera, que sigue propagándose en la isla y está al asecho en cualquier parte.

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