lunes, 7 de octubre de 2013

¡Adiós Robolucionarios!

Por Pablo Morales Marchán/ Hablemos Press.

LA HABANA,  7 de Octubre.- Las reformas raulista no son más que el reacomodo del statu quo a las exigencias de los nuevos tiempos.

El juego se está abriendo. Entre el trabajo por cuenta propia y el fortalecimiento de la sociedad civil independiente los oficialistas se están reciclando, intentando una transición sin traumatismo social que  evite -sobre todo-, el enjuiciamiento por tanto años de infortunios. 

Lo más importante no es lo que están haciendo ellos, sino lo que  los demócratas cubanos tienen que hacer para ocupar los espacios que le den  poder de acción dentro del país, y con inteligencia y audacia ganar miembros para las futuras formaciones políticas y cívicas que reordenarían el país e instaurarían el Estado de Derecho.

Un régimen policial no va a ceder fácil el poder. Tienen cómplices dentro y fuera del país, y sus sistemas de inteligencia  y contrainteligencia tienen previsto todos los posibles escenarios de confrontación; de este modo, miden los costos y beneficios de cada paso que dan los opositores, para tratar de adelantarlos y llevarles ventaja.

A ellos, los une el temor a ser ajusticiados por tantos desmanes contra el pueblo. Algunos están enviando a sus familias al exterior, y más adelante pretenden abandonar la isla y acogerse a una segunda nacionalidad.

En el territorio nacional están exigiendo fidelidad al sistema, y a cambio están ofreciendo cierto progreso económico a quienes aceptan sus propuestas; de forma paralela reprimen a los que se le opongan públicamente, para contener los ejemplos de desobediencia civil. La lucha contra la corrupción no es más que concentrar en menos manos los recursos financieros y materiales.

A algunos elementos del mundo marginal lo están utilizando para hacer el trabajo más sucio, como agredir y provocar a los opositores. La existencia de una sola moneda ha sido demorada buscando desarticular grupos de poder internos que no responden a los intereses del régimen.

La reforma migratoria es el comodín perfecto para facilitar el trabajo a sus agentes de inteligencia, en busca de dinero y aliados.

Son extremadamente peligrosos. Ahora que se avizora su final, creen que lo que está por suceder es un nuevo modo de expoliar a la nación.

El derecho al pataleo final es permitido. La justicia, obligatoria para los hombres y mujeres de bien, es siempre lo que conviene a una sociedad que busca el bienestar común.

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