sábado, 21 de septiembre de 2013

Obstáculos: Piedras de tropiezo en el camino, y corazones empedernidos. Foto reportaje



Por Jaime Leygonier/ Hablemos Press.  
                         
LA HABANA,  21 de septiembre.- Obstáculos arquitectónicos, ruina de aceras y calles, indiferencia de las autoridades y particulares respecto a los peligros a que exponen al prójimo y absoluta irresponsabilidad legal en caso de ocasionar daño,  hacen la vida difícil, especialmente a ancianos e impedidos.

Degradación de la civilización material -ruinas obstáculos- y de la cultura espiritual -obstáculos  no justificados por causa material sino existentes porque  a los responsables no les importa el mal ajeno.

También mentalidad de "prohibido el paso" en los encargados de las puertas de cines, hospitales e incluso templos católicos, que las convierte en tropezadero para los más limitados y peligro en caso de tumulto o incendio.

Ejemplo es la trampa que constituye el Hospital Hermanos Almejeira, rascacielos con fachadas enteras de puertas de cristal condenadas, apenas una medio abierta para que se apelotone el público que entra y sale. Su interior es un laberinto donde el paso lo cortan  puertas cerradas. 

Y escaleras estrechas que permiten el paso de uno en fondo en los pisos más elevados y resultarían incapaces para la evacuación en caso de incendio, tanto más para  evacuar camillas. Escaleras también cortadas por puertas cerradas.

Los portones de edificios coloniales contienen puertas menores dentro del portón, por costumbre práctica de permitir entrar o salir a algún empleado sin necesidad de abrir toda la  pesada puerta, que sí permanecía abierta en horarios de afluencia de público.

Hoy la pereza y la indiferencia por el peligro ajeno hacen que edificios públicos con ese tipo de portones, principalmente templos católicos, abran solamente las puertas pequeñas, convirtiendo la entrada en peligrosa.

Y es perder el tiempo rogarle al responsable que lo impida, ni siquiera los profesionales de predicar el amor al prójimo se conduelen de ver a las ancianas con muletas sortear ese obstáculo. (Foto: salida de la misa dominical de la Parroquia de El Buen Pastor de Jesús del Monte).

La posibilidad de multa o de una demanda por daños y perjuicios en caso de accidente avivaría "la caridad" de los responsables, pero ello no ocurre en Cuba.

Cualquiera altera la acera ante su domicilio construyendo una pequeña rampa de mampostería para subir la motocicleta hasta su casa, o una zanjita para desagüe.

Las aceras ruinosas, los huecos de registros del acueducto sin tapas, tragantes de alcantarillado sin reja, pedazos de tubo de señalizaciones de tránsito cortadas y que sobresalen de la acera no solamente cosechan multitud de accidentes por caídas:

Cohíben de salir a la calle a las personas ancianas o con limitación física; se encierran en edad en que la actividad les es vital para conservar sus  facultades. Súmese las frecuentes gestiones de horas en colas  para cualquier asunto y para cobrar la pensión por vejez o invalidez.

Y la carencia de un transporte público adecuado, que no signifique por si mismo obstáculos y caminatas hasta las paradas de ómnibus.

Es frecuente ver recorrer la calle, saltando de bache en bache, a la anciana que un pariente, a veces también de edad, empuja en sillón de ruedas para llevarla al médico, por falta de transporte o dinero para alquilar un auto particular o estatal.

Las pocas ambulancias no dan ese servicio, excepto por cohecho; y muchos dejan de asistir a tratamientos de fisioterapia porque las caminatas al hospital los perjudican más que los beneficios del tratamiento.

Algunos huecos, baches, tubos empotrados en el piso existen y suman accidentes desde los años 70.

Falta de premio a la conducta cívica y de castigo a la incivilidad, desesperanza, mentalidad de supervivencia, generan masivamente apatía y conducta asocial: "Los demás son como cosas, no me importan".

Tras los muros de la ciudad ruinosa no vemos la mayor ruina: La espiritual.

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