jueves, 5 de septiembre de 2013

Mimetismo nocivo

Por Jorge Alberto Liriano Linares/ Hablemos Press.  

LA HABANA, 5 de septiembre.- El mimetismo es uno de los peores hábitos que puede adquirir cualquier persona, ya sea joven o adulta. 

La práctica de imitar a los demás, y sobre todo cuando se copian conductas impropias, fuera de las normas y el orden mundial establecido, desde el punto de vista social, resulta extremadamente nociva. 

No exagero cuando digo que la imitación de los malos ejemplos, de hábitos que puedan ser, incluso, perjudiciales para la salud de las personas, y para el deterioro de su propia imagen física y cultural, se ha convertido en una pandemia para los cubanos. 


Por ese camino se adquieren no pocas adicciones en edades tempranas, que no sólo destruyen a la persona, sino también a las familias. 

La personalidad, parece haberse perdido. El mimetismo actúa como una fuerza centrífuga que atrae, y ante la que muchos son incapaces de resistirse; y lo peor de todo es que lo que más se “pega”  es la conducta chabacana, grosera y detestable. 

Lo más alarmante, en esto del mimetismo, es que no se trata solamente de la población, pues hay que incluir a las instituciones estatales, las organizaciones políticas y hasta la dirección del país.  

Mucho ha llovido desde aquel 1ro. de Enero de 1959, y muchas son la imitaciones nocivas en las que incurre la dinastía de los Castro. 

En Cuba, se copiaron muchos de los mecanismos represivos de los regímenes dictatoriales en el planeta y se limitaron libertades como la libertad de prensa y de pensamiento, entre otras muchas conculcaciones a las libertades y derechos del pueblo. 

Las imitaciones continúan prevaleciendo, y esa es la razón por la que cuba sigue atrapada entre los escombros de los experimentos dementes. 

Lo triste de tanto mimetismo es ver como Cuba, que antes de 1959 se contaba entre los países más prósperos y progresistas de América Latina, se transformó en una nación detenida en el tiempo. 

La estrategia económica de la dictadura se basó, durante casi 30 años, en una relación asimétrica con la ex Unión Soviética: El intercambio de productos agrícolas cubanos por ayuda financiera, técnica y militar. 

Cuando cayó la Unión Soviética, la debilitada economía sufrió una implosión; tal es así que, según las estadísticas nacionales, publicadas en la prensa oficialista, no es hasta el año 2005 que Cuba logró volver a sus niveles de producto interno bruto anteriores a 1990. 

La persistencia del gobierno en repetir los mecanismos y modelos fracasados sigue transitando por las más recientes tendencias del mimetismo de Estado. Ahora, surge bajo la garra del hermano menor: Raúl Castro, quien pretende copiar algunas estrategias llevadas a cabo por el gobierno chino. 

Agobiado por la locura colectivista, el presidente cubano comienza a permitir y estimular la empresa privada; sin embargo, se rehúsa a abandonar las supersticiones del marxismo. 

Lo que no puede continuar negándose es que la clave del desarrollo, en las sociedades prósperas, está en que los Estados edificados por ellas se limitan a crear reglas abstractas que permiten todo lo que no está expresamente prohibido. 

La miseria del socialismo proviene -sobre todo- de la reglamentación de todas las actividades, y prohíbe y persigue todo lo que no está reglamentado. 

Por lo pronto, y mientras prevalezca la falta de creatividad, la orfandad de criterios personales y la carencia de autoestima, irremediablemente la política conducirá el país al mimetismo, el mismo que hoy prevalece en muchas personas que tienen que sufrir la indiferencia y la apatía de un régimen para el que las aspiraciones y necesidades del pueblo no cuentan.   

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