sábado, 7 de septiembre de 2013

Los valores que queremos en nuestra sociedad

Por Jorge Alberto Liriano Linares/ Hablemos Press.

LA HABANA, 7 de septiembre.- Se hace cotidiano sufrir  los vertederos de basura en cualquier parte de la ciudad, los ómnibus urbanos sucios, destartalados y contaminando el ambiente.

Se sangra a diario por las calles y aceras plagadas de huecos y desniveles, y residuales de alguna empresa estatal como ríos entre el urbanismo.


Se llora por ver un niño que no puede asistir a la escuela por falta de zapatos, un anciano mendigando en los portales, una madre que vende su cuerpo para dar de comer a sus hijos o un padre de familia pudriéndose tras los muros de una cárcel.

Así es la deprimente realidad de las vicisitudes y quebrantos cotidianos del pueblo cubano bajo un régimen proverbialmente ineficiente en cualquier terreno. Todo esto está en clara sintonía.

La desigualdad social es el rasgo definitorio de la vida en el socialismo. Como si el tiempo no hubiese transcurrido desde aquel 1ro de enero de 1959, los cubanos permanecemos aislados ante el mundo que nos rodea; casados con una vida de necesidad, miseria y humildad; sumidos en una ceguera total ante los adelantos tecnológicos de la civilización, al margen del mundo desarrollado, del resto de la humanidad.

Por supuesto, todo esto forma parte de la falta de conexión entre el gobierno y los ciudadanos a los que dice servir. La corrupción de los políticos y la falta de verdadera democracia son males muy arraigados en el país, así como la carencia de valores para dignificar la condición humana y sus derechos fundamentales.

¡Qué doloroso resulta, ver cómo dirigentes y funcionarios que se llaman revolucionarios socialistas pasan por alto los valores que queremos para nuestra sociedad!

Tal parece que existe una categoría de personas que por sus cargos se sienten por encima de todo y de todos, y esa condición parece que los libera de la responsabilidad de prestarle atención a cualquier situación que esté dañando, sin sentido y sin razón, la existencia de cualquier ciudadano común.

La apatía del pueblo es manifiesta a cada paso. Ya existen muestras de que se va perdiendo el miedo y que el mismo gobierno genera una ruptura con el pueblo asentada en la pérdida de credibilidad.

Y es que no se dan cuenta, o no quieren reconocer, que en cualquier sociedad del mundo lo primero es el ser humano, y toda gestión pública tiene en ese principio su orientación principal.

Una sociedad no sólo debe ser construida sobre bases materiales, sino también sobre cimientos espirituales como la generosidad, la solidaridad, el sentimiento de justicia, el respeto a los derechos, la honradez y el apego a la verdad.

Por todo eso, sería muy saludable que los dirigentes cubanos pusieran entre sus preferencias la lucha contra esa pérdida de valores, tan arraigada en nuestro pueblo, pero no con medidas punitivas que afecten al cubano, sino con variantes que lo convenzan y eduquen.  Por supuesto, ellos también necesitan un cambio. 

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