viernes, 13 de septiembre de 2013

Las reformas raulistas

Por Jorge Alberto Liriano Linares/ Hablemos Press.

LA HABANA, 13 de septiembre.- No cabe duda que nos encontramos en un momento especialmente importante, en lo que se refiere a las expectativas abiertas en la economía cubana, algo que hasta ahora no refleja un indicador objetivo que nos permita concluir que las condiciones de vida de los cubanos mejoran como consecuencia de una acertada propuesta de política económica; y lo que es peor aún, no parece que se vayan a producir esas mejoras, por lo que cabe suponer que la situación puede ir peor.


Aunque parezca increíble, muchos -basados en la “voluntad reformista” de Raúl Castro-, dicen estar convencidos que el camino al cambio democrático en Cuba ya se está abriendo, aunque sólo se trate de la propaganda castrista, que se ha encargado de mostrar una vez más lo que no existe en la realidad.

Se equivocan, esos que andan creyendo en cuentos de hadas, aun siendo adultos, -como la izquierda hipócrita y liberticida-, quien piensa que las reformas son suficientes y que los cubanos se sentirán felices con esos “Cambios”, considerando que los cubanos seguimos pensando con el estómago y que las expectativas y anhelos del pueblo se pueden resolver con unas libras más de frijol y boniato.

Están en un grave error los que piensan que la sociedad cubana podría dejar atrás la situación comatosa en que se encuentra la economía de la isla.

En el caso de los regímenes de izquierda existe un grave problema ideológico. Después de la caída del Muro de Berlín, sólo les quedó Cuba como residuo, y no se resignan a perderla del todo.

A manera de recordatorio es bueno retroceder en el tiempo y retomar algunos ejemplos.

En la España de Franco no había hambre; los españoles podían tener empresas, podían entrar y salir del país -de un país que progresaba-, sólo estaban limitadas las libertades políticas, pero los luchadores españoles no se conformaron, querían libertad y democracia, hasta la Europa Democrática en aquel entonces no aceptaba la dictadura y mantenía la presión sobre la misma.

Socialistas, comunistas y republicanos españoles se oponían a vivir bajo la dictadura, y hacían público su rechazo a que el régimen de Franco recibiera cualquier tipo de ayuda o apoyo.

Otro ejemplo es Chile, donde Pinochet llevó a cabo las más audaces reformas económicas de América Latina, hasta llegar a conseguir que Chile encabezara el desarrollo en la región, pero para los chilenos y para la izquierda mundial era inaceptable la dictadura.

Cabe preguntar entonces: ¿Por qué no piensan igual en el caso de Cuba? ¿Por qué ha de ser diferente en el caso Cubano?

Lo cierto es que aquí no cambia nada y las “reformas Raulistas” siguen atrayendo mayor descontento dentro de la población.

En la opinión popular el transporte público está en una absoluta crisis y el problema de la alimentación sigue siendo gravísimo; incluso, los precios se han disparado con esto de la oferta y la demanda, mientras los salarios no sobrepasan los 13 dólares de promedio al mes.

La tasa de desempleo sigue aumentando, y los llamados trabajadores  por cuenta propia se sienten frustrados ante la carga de impuestos y prohibiciones absurdas. Otro de los problemas sociales más graves que existen en el país es la desesperanza y la apatía, sobre todo de la juventud, porque para la mayoría de los jóvenes la única opción interesante es abandonar el país.

Entre muchos problemas sociales que aquejan al pueblo cubano, la falta de viviendas es, el más agobiante y también el de mayores repercusiones.

Cuba tiene uno de los índices de crecimiento demográfico más alto del Mundo. Las familias cubanas no quieren tener hijos, entre otras razones porque no tienen un techo donde vivir.

Las nueve décimas parte de la población cubana viven en la pobreza, agravada por las carencias de una sociedad mal abastecida. Para sobrevivir los cubanos, día tras día, violan las leyes ante las venturas de una corrupción rampante entre los funcionarios gubernamentales. La corrupción y las injusticias están a la orden del día, y a todo esto se suman los extremos mecanismos de represión de la Policía y los cuerpos paramilitares.

Hoy, el pueblo pobre y humilde sobrevive -más consiente que nunca- del fracaso del sistema económico, político y social de la Isla; las “Reformas Raulistas” no son más que la continuidad de la pesadilla de un régimen dictatorial que desde sus inicios se destacó por su enorme crueldad.

La imagen de Raúl como “reformador” es otro ardid del Castro Comunismo; por cierto, nada nuevo y bastante poco disimulado.

La experiencia de medio siglo de dictadura totalitaria hace que el pueblo ya no confíe en reformas. La época de tomarle el pelo al pueblo con cuentos y mentiras quedó atrás. Los cubanos están abriendo los ojos y dando muestras inequívocas de su disconformidad; los tiempos en que una minoría que disfruta y domina el régimen político junto a una mayoría descontenta que como ovejas al matadero aguanta los mandatos de la primera, está llegando a su fin.

De esta manera, todos aquellos que albergan la esperanza de seguir luchando con las “Reformas Raulistas” no es de ocasión que las cosas le salgan tan bien esta vez, pues Los cubanos están pensando muy en serio y en grande, y a poco el Cambio verdadero, sin tiranos, ya viene llegando.

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