jueves, 26 de septiembre de 2013

"La esperanza no defrauda", los obispos sí: La reforma imposible (final)

Por Jaime Leygonier/ Hablemos Press.

LA HABANA, 26 de septiembre.- Raúl Castro, asegura repetitivamente que no va a cambiar, sino solamente lograr eficiencia económica. ¿Por qué no creen lo primero y sí lo segundo? Mons. Ortega, enrolado por el gobierno español de Zapatero, lo desmintió en el 2006 -2007 garantizando:"Sus intenciones muy serias de cambio".

Pero ni Castros, ni clero, ni analistas, tienen la seriedad de aclarar qué es "el  modelo cubano" y cómo cambiará, porque tal cambio es económica, legal y políticamente imposible sin costarle el poder a la cúpula negada a soltarlo. Para esta crisis no bastan "reformas" sino exactamente revolución.

Si aplicamos el marxismo, el Gobierno no es "revolucionario"  sino "conservador de formas de producción retrógradas que frenan el  desarrollo de las fuerzas productivas", prueba de que un líder o grupo no pueden regir una nación del siglo XX como a una hacienda medieval.

De "el modelo" podría decirse que es estalinista, a la medida del difunto Fidel Castro, y que más estalinista que el estalinismo prohibió o saboteó todo trabajo privado y las cooperativas, al imitar del maoísmo su "Revolución Cultural", que Fidel Castro llamó "Ofensiva revolucionaria (1968).

Este "novedoso" trabajo privado y cooperativas existían en la Unión Soviética y ahora lo autorizan en Cuba con mil trabas, sin dejar por ello de ser estalinistas-fidelistas: "La Revolución" que no cambiará es que todo tiene que ser ordenado desde las alturas.

La verdadera "reforma" es quitarle ese elemento maoísta al estalinismo para que sea menos ineficiente: Eso es lo que medios de prensa, políticos pro-continuismo en Cuba y obispos  y otros falsos profetas proclaman cambio del Régimen cubano.

Las mayores preocupaciones del General son que no peligre "la Revolución" y que "nadie puede hacerse rico" -lo contrario de Xiao Pin quien incentivó la economía proclamando: "enriquecerse es glorioso". Y dijo Raúl Castro: "Si acaso hubiera cambio, ellos" (los disidentes) "no lo van a ver".

Ratificación de la orden policial vigente de que en caso de invasión o motines harán una redada de desafectos incluidos sacerdotes y pastores, y que, en caso de perder el poder, nos masacrarán.

Los curas hacen méritos desde el 2006 para salirse de esa lista. Ninguna pastoral u homilía alude a esa orden, que conocen porque ya la sufrieron en 1961 (Bahía de Cochinos) y 1962 (Crisis de los misiles) y, en menor medida,  opositores habaneros cuando "el Maleconaso" (1994).

¿Cuándo empezó el Gobierno a hablar de reformas y de eficiencia? !Siempre!, desde 1959, más en períodos de crisis y descontento, con plazos de perfeccionamiento y falsas esperanzas con eventos como congresos partidistas, sindicales y visitas de políticos extranjeros y del papa Juan Pablo II.

Cada vez que está a punto de hundirse, alguien lo salva con proclamar que cambia solo, el pueblo  lo cree y no lo remata, el mundo lo cree y no protesta del concubinato de sus políticos con el crimen. Ahora toca a la Iglesia,  que finge amonestarlo por limpiarse, o por orden de éste que la usa.

La penúltima campaña de cambio, como ahora, idénticos discursos pro eficiencia y contra la malversación  para "salvar la Revolución" y críticas permitidas, ocurrió a mediados de los años 80 con la "Política de rectificación de errores y tendencias negativas" -fingida Perestroika de Fidel Castro.

En 1991 la política inflacionaria que hizo imposible comer con los salarios -para incentivar el ingreso de dólares por remesas familiares- empujó a multitudes a la economía ilegal, resistencia cívica con apoyo de jefes locales del Poder Popular y de la Policía, que impuso los servicios particulares.

Castro, flautista de Hammelin, controló el movimiento autorizando licencias de trabajo particular y en pocos años casi lo extinguió con impuestos. Sobrevivieron, pero controladas por el Estado, fundiciones de cafeteras, pero prohibió la pequeña industria del plástico, que emergía fuerte.

De entonces data el trabajo por cuenta propia, que exhiben como reforma de Raúl Castro, quien lo incentivó. Cooperativas y trabajo particular que no tienen que ver con renglones económicos de peso sino con servicios y, por tanto, poco o nada desarrollan.

Excepción el arriendo de tierras abandonadas, que Castro II declaró que las retiraría "cuando nos convenga" y que como "progreso" no es estalinista sino típico de la agricultura en la Edad Media. La compra venta de propiedades sí parece capitalista, pero su control e impuestos es medieval.

La "reforma" de Raúl Castro comenzó en el 2007 con el anuncio del despido de un millón de cubanos, la cuarta parte de la población en edad laboral, que es imposible se dediquen todos a vendedores callejeros y a pequeños servicios (y calculan en otro millón a los desempleados desde los 90).

Las lentas medidas consisten en abandonar el Estado algunos servicios (cafeterías, barberías, taxis, ómnibus, talleres de reparación) que le daban pérdidas porque los trabajadores ya se habían apoderado hace años de los beneficios, robándoselos al gobierno propietario.

Incapaz de reprimirlos con sus administradores, se deshizo de ello legalizando lo que ya existía. No favorece producción, no cambia la economía, sólo se libra de pagarles salario, vacaciones, jubilación, electricidad y reparar locales, les cobra impuestos ingentes y los multa por cualquier pretexto.

Los relojeros no querían perder su salario y jubilación para convertirse en cooperativistas obligados a reparar sus talleres ruinosos; se los impuso el Estado. Convino a los barberos, no a sus clientes por la multiplicación del precio -las barberías están vacías, mucha gente se pelan unos a otros en casa.

El  Estado descarga esas pérdidas suyas sobre los particulares a quienes impone impuestos gravosos (que el cohecho empeora) y éstos, en sus negocitos con falta total de condiciones, suben los  precios descargando en el pueblo: Produce más inflación y devaluación  del salario y de la moneda.

La venta de viviendas también existía ilegalmente, ahora la legalizó recargada de controles  e invalidando el derecho de propiedad pre-existente hasta que las viviendas pasen por todas las inspecciones y paguen impuestos por legalizarla y por la venta.

Todo muy obstaculizado por la falta de una red de notarías, abogados y tribunales suficientes para las gestiones, lo cual desata un festival de cohechos.

Para que existan negocios privados, ventas de propiedades  y cultiven tierras abandonadas es necesario: Base legal, que no existe ni puede improvisarse,  abogados, notarios y tribunales, que las leyes no sean letra muerta, el estado no asfixie con controles e impuestos extorsivos, garantizándoles que no pierdan la inversión por sus bandazos ideológicos, poder de compra de la moneda.

Lo que no malogra la centralización totalitaria y su mentalidad de política de coyuntura que hace inestable toda medida; lo malogran las arbitrariedades de jefecitos locales:

Poco importan decretos y discursos del General para que el campesino siembre, o para que exista propiedad, cuando el jefe del Partido local, el contratista o transportista estatal lo interpretan, imponen su voluntarismo de corruptos y no existen tribunales que hagan justicia.

Carecemos de protección legal, no somos iguales, no podemos reclamar incumplimientos de contrato al Estado y sus funcionarios, jueces y parte. Contra eso es impotente el General y con eso no pueden existir trabajo particular  y cooperativo. El sistema y su reforma son mutuamente excluyentes.

Hay bancarrota estatal y el Estado arruinado monopoliza todo el comercio al por mayor, sin capital, ni crédito, no puede darlo a los particulares, impera el cohecho, y los negocitos, para sobrevivir, necesitan comprar lo robado al Estado que el Estado no le vende. - Y planea leyes contra la vagancia.

Los que alaban este desastre no mencionan la reforma más seria, la destrucción desde los 90 de la legislación laboral que desde los años 40 era una de las más avanzadas del Continente, logro de luchas sindicales -por cierto, de muchos sindicalistas comunistas.

Estado y particulares acabaron con la plaza fija y con la jornada laboral de 8 horas: "La Revolución" nos regresa a jornadas de 12 y 15 horas del capitalismo del siglo XIX, pero sin desarrollarnos.

Cuadro en que los obispos !ni siquiera presentan súplicas al Gobierno!, sino divagaciones, indirectas confusas minimizando los males nacionales, en su "estilo" habitual  de ocultar el pensamiento y retocar cada frase para que pueda dársele dos sentidos, y hasta ninguno. Jesucristo es  terminante: "Sea el sí, sí y el no, no, que lo que de esto pasa, del mal (o del maligno) procede". *

Dicen: "Para que se afiance la esperanza debemos superar nuestra pobreza /…/ tan extendida todavía en nuestro País/…" ( Ese "todavía" es flor al Gobierno quien declara que la erradicó)  "…/producto de salarios que no alcanzan para sostener dignamente la familia/…"  pobreza de sectores sociales, profesionales y trabajadores de cooperativas agrícolas  "…/que normalmente no deberían sufrirla/…/Cuba tiene una  tradición histórica de recuperación y unos cimientos científico-técnicos sobre los cuales pueden edificarse las reformas que /…/ necesita /… /capital humano/…"

¿Acaso aluden a la recuperación tras las guerras independentistas? Había capitales, crédito, tierra, leyes, cero deuda; hoy no y hubo destrucción desde 1959 por desprecio de ese capital humano, dirección por políticos, no por especialistas.

Desde 1960 a los 80 -en país que conquistaron próspero- tan sólo de la URSS, recibieron y dilapidaron recursos superiores a los del Plan Marshall que permitió en cuatro años la recuperación de toda Europa destruida por la Segunda Guerra Mundial. ¿Qué harán ahora sin crédito?

La historia de la supervivencia del Régimen opresor es la historia de las falsas esperanzas de cambio que éste supo inculcarle al pueblo y al mundo con campañas propagandísticas para conservarlos engañados, esperando por 53 años que todo se arreglaría solo, sin obrar con civismo.

*(Nota) Sobre fuente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba que  informa documentos que establecen el colaboracionismo,  consultar  Revista Palabra Nueva,  n° 195, abril, informe "Las relaciones Estado-Iglesia en la Cuba de hoy (Segmento)", Arzobispado de La Habana. Comentado por J. Leygonier  en "Reconoce Arzobispado que Iglesia apoyó dictadura en 2006-2008", Hablemos Press, junio, 2010.


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