martes, 3 de septiembre de 2013

Corrupción policial

Por Eduardo Herrera Durán/ Hablemos Press

LA HABANA, 3 de septiembre.- Casi la totalidad de los ciudadanos adultos, de uno u otro modo, conoce que la corrupción imperante en nuestro país cada día va en aumento; sin embargo, es posible que desconozcan el alarmante incremento de la corrupción policial, y cómo funciona.

Resulta que el modus operandi de la policía, para llevar a cabo sus múltiples fechorías, está respaldado por las leyes represivas que ha dictado el gobierno, que persiste en continuar ignorando los pactos y compromisos internacionales para la defensa de los derechos humanos.


Los agentes policiales que cubren las zonas de Habana Vieja y el Vedado incrementan sus ingresos económicos gracias al pago que le exigen a los ilegales, como son los que se dedican a la venta de tabacos, choferes de alquiler, prostitutas y proxenetas, para que puedan actuar con absoluta impunidad.

Todo el que no pague no puede realizar estos menesteres; incluso, aquellos que estén en sitios donde frecuentan los turistas, aun cuando no estén cometiendo delito, son conducidos por “asedio al turismo “, y de este modo justifican su labor de “saneamiento social”.

Los llamados locutores de base, que son los que monitorean las cámaras de vigilancia, son pagados por los jefes de grupo para que no denuncien los hechos delictivos.

Estos jefes de grupo son los que deciden si alguien debe ser conducido o no hasta una estación de la policía por el delito que se les ocurra, y gracias a estos métodos de corrupción aumentan sus ganancias diarias, que son de entre quince y veinte CUC (Moneda Convertible), unos 480 pesos en la moneda nacional.

Los vendedores de tabacos son los que más pagan, porque los policías saben que ellos son los que más ganan por las ventas de las cajas de tabacos, que oscilan entre sesenta y ochenta CUC.

Los proxenetas y las prostitutas, cuando tienen algún cliente, como mínimo pagan diez CUC; en ocasiones, el pago se realiza mediante el servicio directo de la prostituta al policía; en otras, el proxeneta resulta ser el mismo policía.

Los choferes ilegales pagan de dos a cinco CUC, en proporción con las ganancias del día. En ocasiones, algunos de estos sujetos son informantes que, según su conveniencia, denuncian a todo aquel que les obstaculice el negocio, y así sólo ellos obtienen las ganancias en su territorio.

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