miércoles, 11 de septiembre de 2013

Carta de una prisionera para Magaly Norvis y Roberto de Jesús

LA HABANA, 11 de septiembre.- Mis saludos ante todo, que Dios los bendiga mucho. Me dirijo a ustedes mediante este escrito, ya que no pude hacerlo personalmente  para contarles mejor todo lo que me ha sucedido con el caso de mi hija Yaneisy de la Caridad Rivero Martínez; pero en la carta que les mandé anteriormente les puse cómo poder comunicar con la niña, a través del teléfono 796-68-76, ella está dispuesta a declarar aunque sea por vía telefónica, ya que está recién parida.

Yo trataré de comunicarme con ustedes en estos días y cualquier pregunta en lo  particular me la pueden hacer.


Cuando conversen con Yaneisy le pueden decir que es mi abogado quien tiene interés en su declaración sobre la verdad de lo acontecido, porque sabemos que ella rehúsa hacer declaraciones a personas que no conoce, por el temor a que se manipule su declaración y la acusen por falso testimonio contra mí, que soy su mamá, como en una ocasión anterior lo hizo el Tribunal Supremo Popular.

Las autoridades carcelarias han hecho lo posible por silenciar cualquier testimonio o documento favorable a mi causa; por ejemplo, unos papeles de constancias que yo tenía en mis manos, aquí en prisión, me los ocupó la oficial Yasnay, jefa de tratamiento, y nunca  me los devolvió; pero las pruebas principales las tiene mi hija en su memoria, y puede recordar sin dificultad cómo sucedió todo desde el principio con el proxeneta.

Yo, como su mamá, que sólo quiero el bien para su vida, la atendía con los oficiales de menores de Zapata y C, Magdalena García López y Alexa, entre otros oficiales del equipo que integra el Departamento de Atención a Menores. En este momento ninguno de ellos se encuentra trabajando en esa instancia; incluso, Félix Clavel Blanco, el jefe de sector de mi zona en aquel tiempo, tampoco se encuentra ocupando ese cargo (desconozco los motivos), y de esto que les cuento han pasado 5 años.

Yo fui sancionada el 21 de agosto del 2008; me encuentro injustamente recluida en prisión, desde el 7 de mayo del 2009, y todavía el tribunal no ha querido aceptar la revisión de mi causa, cuando sobran los elementos para hacerlo. Todo el proceso completo de mi caso -incluyendo mis declaraciones, que pudieron ser confirmadas como ciertas- le fue entregado al Teniente Coronel Wilfredo, y según él está archivado en la oficina de Atención a la ciudadanía del Consejo de Estado.

Ellos están consiente que lo que yo planteo es cierto; ellos verificaron, y todo es tal y como yo digo. Mi última entrevista fue el 26 de mayo. Para este tiempo yo me encuentro extremadamente estresada a causa de que mi madre está muy delicada  de salud, y a mi hijo de 29 años le está afectando mucho todo lo que me ha acontecido en estos años, sin que se vislumbre una solución al problema.

Yo siempre he dicho que no quiero la libertad inmediata, sino que investiguen bien cómo fue todo; inclusive, muchos no están de acuerdo en que yo perdone a mi hija, y  mi propósito no es ese; el error lo cometió Magdalena, y Félix el jefe del sector, por apañar al proxeneta y querer quitarse ese problema de encima con mi hija.

Ellos no actuaron como es debido. Fue más fácil juzgarme a mí y quitarse esa responsabilidad con la niña mandándola para Camagüey, de donde yo la traje; porque en aquel momento ya su papá no la quería, por su comportamiento. Estas pruebas están todas registradas en atención a la ciudadanía, con el mayor Toribio, quien atendió a mi hija cuando yo la traje por primera vez a vivir conmigo el 25 de marzo del 2008.

Hay pueden encontrar todo lo relacionado entre mi hija y yo durante todo el mes de abril del 2008. Existen varias pruebas de que yo la atendía en menores de Zapata y C, con las oficiales Magdalena García López y Alexa. Mi hija es quien puede declarar todo, yo ya he agotado todos los recursos.

Y para concluir, el Tribunal Provincial no me ha dado acceso y revisión de causa; ni siquiera me dan el derecho a sacar copia de sentencia. Yo no he tenido la posibilidad de contratar los servicios de un abogado que defienda mi caso. Estoy sola, y no cuento con alguien que quiera responsabilizarse con mi caso.

Hay algo que no es menos cierto. Al principio, como desconocía de todo cuanto me iba a ocurrir, firmaba los papeles de acusación sin saber que estaba afirmando algo que no era, por eso firmé; además, yo estaba muy mal de la presión y por no verlos delante de mí, juzgándome por un delito que no cometí, firmaba y punto; y esto me “embarcó” más.

Yo tenía una vecina, llamada Kety Zamora Rivero, que me asumió la prisión estos 5 años, y por yo perdonar a mi hija, ahora no quiere saber de mi, pero tengo vecinos que pueden declarar al respecto, aunque los testigos principales están fallecidos. La viejita Amalia, y mi difunto esposo Esteban Humberto, quienes eran testigos de que yo adoro a mi hija y soy incapaz de cometer tal hecho.

Sin embargo, Kety es quien mejor conoce mi historia, pero no me perdona que yo mantenga buenas relaciones con mi hija, porque a todas estas no hay pruebas ni testigos que corroboren tal hecho, sólo la declaración de mi hija. 

En toda esta historia el que salió sin problemas fue el proxeneta Ángel Antonio Ríos Gutiérrez, porque a pesar de sus antecedentes penales contaba con la complicidad del jefe de sector de mi zona en aquel tiempo.

Quisiera entrevistarme con ustedes para contarles mejor sobre mi caso, pero ya debo hacerle entrega de esta carta a la Dama de Blanco que se encuentra aquí recluida, para hacerla llegar a ustedes por mediación de ella, ya que no tengo otra vía para hacerlo.

El 25 de julio 2013 me ausenté del trabajo que realizo en el Hospital Fajardo para contactar con ustedes, pero alguien que creía era de mi confianza me traicionó, por temor a que me sucediera algo peor por yo pasarme días en la calle junto a ustedes reclamando mis derechos. Ahora todo se me pone más difícil.

Aquí en estos momentos estoy siendo maltratada; no cuento con asistencia médica, aun cuando ellos saben que existe la posibilidad de que esté embarazada.

En reiteradas ocasiones me he dirigido a la dirección del penal reclamándole que me entreguen los uniformes, las sábanas y toallas que me corresponde, ya que después que me fui, en mi ausencia, ocuparon todas mis pertenencias y en estos momentos no tengo esos artículos de primera necesidad, ni tengo a nadie que me venga a visitar, pero ha sido inútil. No me hacen caso.

Mi hijo y mi mamá viven en Camagüey, y en estos momentos desconocen la situación por la que estoy pasando, y la niña está recién parida y no quiero darle este disgusto, pero me tienen acorralada, ni siquiera me permiten un tiempo de teléfono para avisarle a cualquier amistad.

Mi reeducadora se llama Inmaris, y ella es la primera que me está cerrando todas las vías, pero yo permanezco tranquila, esperando por la respuesta de ustedes.

Yo soy una reclusa bajo tratamiento siquiátrico, porque en el 2011 atenté contra mi vida, por cuenta de lo que me ha sucedido,  y no tienen nada en cuenta; me tienen cerrada por todos lados. Nadie conversa ni se me acerca para ayudarme, y pueden ustedes ver mi informe de conducta que en estos 5 años ha sido excepcional; incluso, me iba el 4 de septiembre para campamento, pero como se me hace tan insoportable la injusticia que tienen conmigo, el pasado 27 de Julio traté de fugarme, con la idea de reunirme con ustedes, para explicarles personalmente mi caso, pero ya les expliqué el motivo de por qué no pudo ser.

Si esta semana que entra me siguen acorralando me voy a plantar, pero antes me comunicaré con ustedes para hacérselo saber. Yo sé que ellos me pueden dejar morir, porque yo ya me siento una presa política.

Deseo que se publique toda esta verdad. Yo no miento, y en estos momentos la represalia especial es conmigo, pero hay infinidades de casos con quejas sobre la atención médica, el maltrato de las guardias hacia las reclusas.

Yo hablo de mi caso específico, porque el temor no deja a estas mujeres reclamar; hablan y se quejan en voz baja, pero no denuncian la corrupción total que se vive aquí adentro.

Pero a mí tendrán que matarme, porque no me voy a callar, y mucho menos si ustedes vienen a entrevistarme. Estoy cansada de tanta injusticia. Llevo 5 años presa sin cometer ese delito de corrupción de menores, y ahora me meterán 5 años más. Yo no soportaré esto.

Necesito la ayuda de ustedes. Sólo pido que pueda ser entrevistada por alguien de ustedes que estén autorizados a entrar a prisión, yo me llamo Dinegsy Martínez Cabrera. Prisión de Mujeres Occidente El Guatao, destacamento número 3, y mi reeducadora se llama Ismaris -única culpable de que en estos momentos yo no logre mantener una estabilidad.

Estoy consciente de que iré a parar a una celda de castigo, y sé que mi fin es plantarme. Porque ahora, ya sé que este es un sistema de mentiras.

Si llega a oídos de ustedes que estoy plantada, por favor avísenle a  mi hijo Yusdiel, al teléfono 032-516543. El teléfono es de una vecina que se llama Ela. Avísenle para que venga; a la niña no, porque está
recién parida y esto puede afectarla.

Bueno, para ustedes deseo todo lo mejor del mundo. Que Jehová los ayude en medio de este proceso, y que muy pronto yo pueda conocerlos. Sin más, se despide de ustedes la reclusa Dinegsi Martínez Cabrera.

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