miércoles, 21 de agosto de 2013

Sistema penitenciario cubano: Un desastre masivo y sistemático

Por Jorge A. Liriano Linares/ Hablemos Press.

LA HABANA, 21 agosto.- A sólo unas pocas horas de mi excarcelamiento se impone, por lógica, que escriba sobre las aberrantes experiencias sufridas tras los muros de las cárceles; sin embargo, prefiero no hablar de mí mismo, y hacerlo en nombre de miles de seres humanos que hoy continúan sufriendo tras los barrotes carcelarios.

De hecho, es sobradamente conocido el cinismo político que caracteriza al régimen y sus gobernantes, que de forma hipócrita y desvergonzada tratan de justificar ante el Consejo de los Derechos Humanos (CDH) la descartada y horrorosa trayectoria de violaciones a los derechos humanos que históricamente han enfrentado los presos en el interior de las cárceles.


Lo cierto es que, después de 54 años de dictadura totalitaria, las viejas prisiones diseñadas según el modelo soviético siguen careciendo de condiciones mínimas para la vida humana. Tanto las instalaciones cerradas, como los campamentos de trabajo forzado, carecen del concepto humanista que como principal objetivo debe respetar las normas y principios desarrollados por la ciencia penal internacional y las mejores prácticas del tratamiento a los reclusos.

El sistema judicial cubano se está hundiendo en un mar incontenible de corrupción judicial y administrativa que, lejos de educar y rehabilitar, está destruyendo, torturando y asesinando.

Por desgracia, muchos -dentro y fuera de Cuba- rehúsan creer lo que viene sucediendo tras las rejas de las cárceles en la patria de Martí. Poco les importa hacerse cómplices del crimen despiadado, los maltratos físicos, las desapariciones, las muertes en extrañas circunstancias, la violencia y los males y vicios de la sociedad instaurada por los hermanos Castro, que siguen llevando a prisión a los humildes, mientras los corruptos, malversadores y asesinos continúan disfrutando del poder y se reparten el país.

Lo que no puede negarse es que el problema está latente. Los hechos y cifras se disparan cada año y la historia se repite; las prisiones de la isla acumulan un deplorable record histórico de muertes, que el régimen oculta celosamente como parte de sus muchos “secretos de Estado”.

Crímenes y actos de represión violenta que constituyen una violación flagrante y sistemática del Derecho Humanitario Internacional.

Encuestas llevadas a cabo, arrojan datos estadísticos oficiales que 6 de cada 10 presos reciben maltrato físicos diariamente; muchos de ellos resultan lesionados de gravedad al ser golpeados salvajemente o simplemente torturados en las celdas de castigo.

Lo más triste de todo esto es que los torturadores y asesinos gozan de impunidad judicial y responden a órdenes superiores.

La violencia policial en las cárceles engendra el instinto de violencia en los reos; esta es la causa principal de riñas entre reclusos, con saldos elevadísimos de muertos y lesionados.

En medio de este escenario desestabilizador, donde prima la violencia incontenible, son cientos los que acuden a la auto-agresión o tratan de quitarse la vida, sumidos en la angustia, la desesperanza y el abandono legal en que viven.

La inmensa mayoría de la población penitenciaria ha perdido la esperanza de seguir viviendo. Con extrema crueldad, las acciones de quitarse la vida son constantemente estimuladas por las autoridades y funcionarios en los penales.

A todo este diabólico desastre, en materia de derechos humanos, hay que agregarle los centenares de sancionados a Cadena Perpetua o sanciones extremadamente elevadas que oscilan entre los 30 y los 40 años; en su mayoría, jóvenes que permanecen aislados en solitario, sin contacto humano y sin ningún elemento de estímulo.

Los cientos de enfermos con trastornos mentales severos; los discapacitados físico-motores, los invidentes y muchos otros con padecimientos y enfermedades en fase terminal, que resultan incompatibles con el régimen de reclusión; a todo esto, hay que añadirle las enormes cifras de contagiados con el virus del SIDA; aislados en cárceles sanatorios; los que sufren de tuberculosis, lepra y otras patologías adquiridas en reclusión.

Las cárceles cubanas son un enorme reservorio de virus, bacterias y parásitos, que no requiere de tecnología avanzada para el cultivo de epidemias.

En la actualidad, el fantasma del cólera azota muchas de las instalaciones carcelarias de la isla. Muchos de esos establecimientos, como es el caso de Kilo 7, en la provincia Camagüey, no logran erradicar esta epidemia, que desde finales del pasado año afecta a los humildes pobladores de ese antro.

Aparejado a toda esta barbarie hay que añadir los altos índices de desnutrición que enfrentan los presos cubanos, producto de la hambruna prolongada.

El hambre, como castigo, sigue siendo una de las formas de violencia más asesinas que existen en las prisiones cubanas.

Los ultrajes sistemáticos a la dignidad humana, y las humillaciones sexuales a reos y familiares, es otra de las políticas represivas del sistema de prisiones; así como el empleo de perros en el interior de los locales de encierro, con el objetivo de aterrorizar, y la presencia de tropas especiales, entrenadas para odiar y matar.

Los presos cubanos padecen de una constante violación a los derechos humanos; sobre todo el derecho a la vida. Las cárceles continúan representando la destrucción y la muerte; mientras se ofrecen discursos -en las convenciones y la palestra pública internacional- sobre el apego a la defensa y el respeto a los derechos humanos, pero en los hechos hay demasiadas contradicciones para que las palabras tan elocuentes tengan suficiente credibilidad.

Cuba necesita hacer el papel de juez, para evitar ser juzgado como verdugo, y para tratar de lograrlo vive pendiente de las fisuras del sistema capitalista, especialmente de su enemigo histórico: Los Estados Unidos.

El régimen cubano, se muestra muy preocupado por la situación de los prisioneros confinados en Guantánamo y otras partes del mundo; cuestiona y critica, sin preocuparse que en materia de derechos humanos, tras las rejas de sus cientos de cárceles y campamentos de trabajo forzado, predominan golpizas y métodos obsoletos, sólo comparables con los crímenes perpetrados por los nazis contra los judíos durante la segunda guerra mundial, en los campos de concentración.

Por ello, es muy importante que la humanidad tenga en cuenta que el desastre humano en el interior de las prisiones cubanas es también de orden político.

Quiero concluir este artículo hablando del más elevado ejemplo de amor a la patria y a la humanidad; desde el corazón me brota el nombre de José Martí, que a lo largo de todos estos años de cruel e injusto encierro nos ha acompañado con su ideal.

Martí fue condenado al cumplir los 16 años, por expresar sus ya profundas y claras ideas; fue sometido a trabajos forzados y deportados a España; pero aun así nada lo pudo callar, y allí escribió el Presidio Político en Cuba; de ese testimonio tomé este párrafo:
Dante no estuvo en presidio, si hubiese sentido desplomarse sobre su cerebro las bóvedas oscuras de aquel tormento de la vida, hubiese desistido de pintar su infierno; las hubiera copiado y lo hubiese pintado mejor”.

La prisión en Cuba sigue siendo aquel mismo infierno que sufrió en carne propia nuestro apóstol; nada ha cambiado: En pleno siglo XXI el Sistema Penitenciario Cubano se erige como el mayor y más connotado violador de Derecho Internacional.

A ello debemos tantos gritos de dolor, por la crueldad y la injusticia bárbara que a diario brotan del interior de las cárceles cubanas.

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