martes, 27 de agosto de 2013

Se llama empresa, no cooperativa

Un microbús de la cooperativa numero uno. Foto: Roberto J Guerra.

Por Daniel Palacios/ Hablemos Press.

LA HABANA, 27 de agosto.- Es realmente un boom en el acontecer económico y social cubano del momento, las famosas cooperativas (otros menos eufemistas que los dirigentes cubanos lo llaman pequeñas empresas) son cada vez más frecuentes.

La fórmula es sencilla y no es descubrir el agua fría lo que hicieron los magnates de la política cubana: se asocian un mecánico, varios choferes, un chapista, un economista, algunos más y conforman una pequeña empresa que renta medios de transporte, inmuebles y otras cosas al Estado para brindar un servicio de transportación con algo más de eficiencia que las prestaciones gubernamentales, y por eso paga renta y los altísimos impuestos. 


Pudiera ser en el movimiento de pasaje en la capital o las provincias, pero también las hay de servicios gastronómicos, de servicios de reparaciones, agropecuarias entre otras. Que no lo engañen con eufemismos, se llama empresa, no cooperativa, como con tanta falta de originalidad lo llaman.

Las "cooperativas" intentan darle una solución al tema del desempleo y del Trabajo por Cuenta Propia (ahí está otro nombre con una total ausencia de creatividad, justo fieles a las fuertes reminiscencias de la herencia soviética) para equilibrar la tensión social del momento, o como dijera un buen amigo "sacarle presión a la caldera".

Pero si había engañados en el pueblo pensando que esta experiencia privada sería sinónimo de libertad, o al menos pseudo-libertad, bastó con ver la Mesa Redonda del pasado 21 de agosto, en la que se explicaba con detalles cómo hacer una cooperativa y el proceso para oficializarla.

Como son realmente pocos los que ven ese "programa", les cuento que además de las solicitudes a todas las instituciones de cobro de impuestos, léase la Oficina Nacional de Administración Tributaria (ONAT), el Banco Nacional, Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, entre los otros (y aquí viene el pollo del arroz con pollo), una cooperativa no podrá operar si no tiene una autorización directa del Consejo de Ministros. Se lo pongo más fácil: no se podrá hacer una cooperativa si el Consejo de Ministros (instancia que debería tener muchas otras cosas importantes que hacer) no autoriza a que esta opere.

Aquí tenemos un ejemplo más de la vocación totalitaria y controladora, monárquica y centralizada del pensamiento económico-político y social del gobierno cubano. ¿Es realmente trabajo del Consejo de Ministros autorizar o no una empresa privada? ¿No tiene esta instancia cosas mucho más importantes que resolver y que son verdaderos icebergs que amenazan con hundir de una vez por toda este barco?

Cuando menos resulta ofensiva la impunidad con  la que aceptan su afán de controlarlo todo, incluso este "experimento", el cual debiera ser competencia de los organismos provinciales, municipales, o las dependencias territoriales del Ministerio al cual pertenece el objetivo de esa cooperativa.

Conformar una pequeña empresa no es un hecho de tanta trascendencia para las altas esferas gubernamentales, ni en ello va la permanencia de la "Involución" (lo prefiero antes que al término Revolución), pero es recurrente en nuestra nación, ver a la alta dirección centrarse en temas que no son trascendentales para el momento en que vivimos, y aferrarse a la política de "botar el sofá" con lo que realmente importa.

¿Tiene el Consejo de Ministros una comisión creada para investigar las constantes violaciones de los Derechos Humanos más elementales perpetradas por sus propias fuerzas de seguridad contra los opositores y pueblo en general?

¿Se reúnen ellos para debatir la aceptación o no del pluripartidismo y la modificación de la Ley Electoral cubana?

¿Por casualidad han conformado un grupo de trabajo para encontrar vías factibles en pos de frenar la profusa emigración de los jóvenes profesionales, y por ende evitar el caos demográfico que se nos avecina?

Cuba sangra por otras heridas mucho más profundas y cambiar la mirada a las superficialidades es una muestra de poco compromiso con el bienestar de su pueblo, mientras que delata los afanes de mantener el poder mediante el control.

Ya no hay Revolución, sino una partida de ajedrez cuyo objetivo es no perder el poder usurpado al pueblo por más de medio siglo, y voltearle la cara a los grandes problemas es una de las movidas del "rey".

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