miércoles, 21 de agosto de 2013

Las dictaduras mueren cuando los gritos de libertad nacen desde dentro

Activistas cubanos observan documental del disidente chino Ai Weiwei. Fotografía tomada de un video de Estado de SATS.

Por Daniel Palacios/ Hablemos Press.

LA HABANA, 21 agosto.- Los servicios de la Seguridad del Estado de Cuba no saben qué hacer ya para detener, escamotear o deshacer lo que hacen los grupos de oposición y eso lo demostraron recientemente en la sede de Estado de SATS en el reparto Miramar, en La Habana.


Ya una amiga me lo había advertido "hay un operativo, ten cuidado cuando llegues a las esquinas de la casa", pero lo tentador e interesante que sería nuestro encuentro me hicieron continuar sin temores. Nada se interpondría para disfrutar de un excelente documental sobre la vida y accionar del importante artista y disidente chino Ai Weiwei. Créame, valía la pena enfrentar cualquier retén.

Al llegar a la intersección de las calles 1ra y 60 se acerca un "personaje", con sus característicos pullovers a rayas y pantalones de pliegues, tal y como si les exigieran un patrón para vestirse que resulta rayano a la ridiculez.

"Buenas tardes, somos de la Seguridad, me permite sus documentos", fue lo primero que dijo, luego de abandonar un grupo apostado a mitad de cuadra. Y entonces llegó la pregunta del siglo: "A dónde se dirige", una sonrisa, poco menos que una carcajada, fue lo que me brotó de tanta prepotencia y falta de respeto y sentido común. Se tiene inevitablemente la libertad absoluta de ir donde se antoje y nadie está en el derecho legal de indagarlo, aunque en un país donde se está a kilómetros de un Estado de Derecho cualquier cosa es posible. "Por aquí no puede pasar, estamos haciendo una grabación de Tras La Huella", fue la otra frase que al parecer estaba diseñada para relajar el mal momento con algo de humor, gracias a una mentira con tan bajo grado de creatividad.

Sin hacer muy larga la historia, amigo lector, alrededor de una hora después de lo pactado por nosotros para el encuentro, los canes del sistema represivo retiraron sus "chelines" y dieron por concluida una función que incluyó intervención de los teléfonos celulares de Antonio Rodiles y Ailer González, directiva de Estado de SATS, y por tanto, organizadores de la puesta fílmica.

De toda esta historia brotan por sí solas preguntas desdobladas a la vez en denuncias: ¿Qué obliga a cualquier ciudadano a responder a tan grosera pregunta, insensata, violadora de todo derecho internacional y humano, preñada de aires de superioridad e impunidad que se difuminan con el miedo a la libertad respirada en los corazones de cada uno de los que no reconocen este gendarme dictatorial como guía de nuestras acciones?

¿Qué derecho político, de los marcados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos queda ileso con tal show? Al menos se desmoronaron los que rezan que "Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas y no será obligada a pertenecer a una asociación". O el que asegura que "toda persona tiene derecho a la libertad de opinión y expresión, a investigar y recibir informaciones y opiniones y a difundirlas sin limitación de fronteras". ¿Realmente creyeron ellos que la intimidación es el arma perfecta para disuadir a quienes no respetan más su cacareada omnipotencia?.

Resulta completamente imposible que pueda amedrentar a quienes contamos con solidez en las convicciones o que ya experimentamos en carne propia los desmanes de un sistema viciado en sus entrañas, corrupto desde su genética misma.

Ni la intensa lluvia, ni las detenciones para amedrentar, ni las inventadas "filmaciones de un programa policiaco" han logrado hacer ceder en lo más mínimo la convicción y las ideas.

Tras ver el documental, resultó interesante el ¿casual? paralelismo entre el hostigamiento físico y psicológico de las autoridades chinas contra Weiwei y los opositores, algo con lo que siguen lidiando los que, de este lado del bloqueo, se levantan contra la desidia, el abuso y la mentira. Los regímenes totalitarios funcionan a partir de patrones invariables y uno de ellos es la muestra de poder a la más estricta usanza del guapetón de barrio, quien le importa un comino las leyes o disposiciones y por ende campea por su respeto.

Pero su objetivo no se cumplió, pues se enriquecieron mentes y corazones un poco más y se afilaron así dos armas a las que los Castro y sus lacayos temen y contra las cuales no tienen defensas, pues las dictaduras mueren cuando los gritos de libertad nacen desde dentro.

VIDEOS