lunes, 19 de agosto de 2013

La vida de un médico cubano en veinticuatro horas

Por Eduardo Enrique Herrera Durán/ Hablemos Press.

LA HABANA, 19 de agosto.- Mi día comienza a las 6:30 am. Me levanto; realizo las labores cotidianas como el desayuno, que incluye solamente un vaso de jugo o refresco instantáneo, no porque no apetezca algo más, sino que no hay otra cosa que consumir.

Me preparo y voy para la parada del bus, a casi cien metros de mi hogar, donde espero pacientemente, pasan dos o tres, los cuales no paran. A la media hora puedo abordar uno, con gran hacinamiento.


Luego de un viaje de veinte minutos infernales, con calor, malos olores y la algarabía de los pasajeros, llego al Hospital Universitario Calixto García y me dirijo a la sala de urgencia para recibir la guardia médica, encontrándome con los demás médicos salientes que están extenuados de la guardia realizada y les queda un caso aún sin operar.

Decidimos que el caso hay que operarlo urgentemente. Hablamos con los anestesistas que comienzan el día, diciéndonos que hay problemas con las máquinas de anestesia, pero que se solucionará pronto. Transcurre el día. Son las 11:30 am y nos llaman del salón para comenzar el caso.

Pasada casi una hora del aviso comenzamos a operar. La paciente tiene una tumoración intestinal que hay que extirpar, dificultándose mucho el trabajo por la escasez de instrumental y material de sutura;  pero a pesar de los contratiempos la paciente es operada,  resolviéndose el problema.

A las 2:30 pm salgo a comer algo en una cafetería, donde gasto el salario del día (menos de un dólar) quedándome insatisfecho por la calidad y la cantidad, esto es porque no nos dan almuerzo en el Hospital.

Regreso a la consulta de urgencias, atendiendo apacientes con disímiles dolencias, incluyendo algunas heridas pequeñas que se suturan con el escaso material e instrumental quirúrgico en existencia. A las 7:00 pm nos avisan para la comida, que por su aspecto y olor seguramente ni los perros se la comerían.

Salgo nuevamente a comer fuera del hospital, consiguiendo que algún amigo me pague la comida. Cuando regreso, asisto el caso de un paciente que calló de una altura de cuatro metros, sufriendo fracturas múltiples y abdomen y tórax quirúrgicos.

Alrededor de las 8:30 pm entramos al salón de operaciones. Luego de operar laboriosamente al paciente con todas las necesidades que existen regreso a la consulta de urgencias.

Terminamos agotados. A las 11:50 pm, comemos algo que nos lleva un acompañante agradecido, nos dirigimos al dormitorio donde nos espera una cama de literas, con sábanas cortas que no cubren el colchón de esponjas sin cubierta y un pequeño baño maloliente con salideros.

A las 4:00 am. Entramos nuevamente al salón de operaciones terminando a las 7:00 am. Luego, pasamos visitas a los ingresados  en la guardia.

A las 8:00 am hacemos la entrega al equipo entrante de guardia y vamos a la sala nuevamente para ver a los pacientes y realizar indicaciones médicas. Después de las 11:00 am logro abordar el autobús para ir a mi casa a descansar e incorporarme a trabajar al día siguiente.

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