lunes, 5 de agosto de 2013

La Colonia

Vista frontal de La Colonia. Foto del autor.

Por Pablo Morales Marchán/ Hablemos Press.

La Habana, 5 de agosto.- Este recinto hospitalario atiende apersonas sin aparente amparo filial, que deambulan por la ciudad de La Habana, y duermen en lugares públicos, pertenecientes en su mayoría al grupo de la tercera edad (mayores de 50 años), identificados por su falta de aseo, ropa raída, y  algunos de ellos con problemas de alcoholismo.

Anexo al Hospital Siquiátrico de la ciudad, más conocido como Mazorra, La Colonia como la nombran, está ubicada en el municipio Rancho Boyeros, muy cerca del principal y más antiguo Aeropuerto del país.

Con una bella floresta que la rodea y pintada de verde como color mayoritario, este lugar oculta una tenebrosa realidad, muy lejos de los objetivos para cual está destinada, según testimonio de un forzado paciente de esa instalación que prefirió mantenerse en el anonimato.

Cuenta esta persona, que quién está al frente de este lugar por la parte  médica, es una enfermera conocida por “Marcia” que conjuntamente con un  policía apodado “Bigotes” de la estación de policía de Capdevila del citado municipio, son los máximos responsables de los malos tratos a estos infortunados que son secuestrados prácticamente en la vía pública ante la vista, unas veces atónita y otras despreocupada de los transeúntes que coinciden en la calle cuando estos son secuestrados.

De acuerdo con las palabras del testimoniante, las humillaciones comienzan cuando los levantan a las 4:00 de la mañana y los obligan a bañarse con un solo jabón y una sola toalla para alrededor de 50 pacientes, que duermen en una sala enrejada y cuya única puerta se cierra con candado  a partir de las 10 pm, hora en que mandan a dormir a estos internados.

Después de un desayuno frugal de apenas un mendrugo de pan y un líquido insípido, los dividen para el trabajo. Los hombres para cortar la hierba alrededor del Hospital y las mujeres a hacer cajitas de cartón, que luego son vendidas a industrias locales para la celebración de diferentes actividades festivas. Aclara el  entrevistado que nada de este trabajo le es retribuido monetariamente. El almuerzo y la comida es reducida y de muy mala calidad.

Ha sido víctima y testigo presencial a la vez, de abuso sicológico y físico donde los guardias de seguridad y las enfermeras  amenazan con castigos y ofenden a los pacientes hasta el punto de golpearlos con una porra (los agentes del orden) que la llaman amansa guapo. Conoce de personas de avanzada edad que después de estas palizas han muerto a consecuencias de  estas y el médico forense asignado al lugar certifica la defunción por otras causas, tales como infarto al miocardio. Todo esto sin olvidar una celda de castigo muy reducida a la que llaman “seabon” a donde envían a los recluidos que se reviran ante tanta violencia.

Alega el susodicho que le roban las pertenencias, incluso dinero que algunos poseen como resultado de su trabajo por cuenta propia, además de los insumos que manda la Dirección Provincial de Salud de La Habana para su alimentación y abrigo.

Conoce de personas con familiares que cuándo estos han venido a indagar por ellos le niegan de que estén allí. El negocio para este personal que labora en este lugar es que haya más pacientes, ya que esto significa mayores abastecimientos para el Hospital y más recursos  para sustraer.

La última vez que estuvo en ese lugar fue entre enero de este año 2013 hasta marzo, donde por soborno  de 5 pesos convertibles (cuc), un enfermero del lugar avisó a su familia que acudió a sacarlo de aquel recinto.

El paciente más joven que ha visto en La Colonia, fue un muchacho de 15 años, cuyo nombre no recuerda y uno de los más ancianos era un amigo suyo ya fallecido de nombre Armando Ríos Pedralles, oriundo de la provincia de Santiago de Cuba.

“No soy paciente de Siquiatría, ni delincuente, tengo familia y no tengo casa. No me meto con nadie y no merezco que me traten así”, aseveró el anciano.

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