jueves, 4 de julio de 2013

La libertad de Internet en Cuba

Por Mario Hechavarria Driggs/ Hablemos Press.

La Habana,  4 de Julio.- Un chino viejo me sentenció: escobita nueva bale bien  ¡pelo es muy cala! La citada expresión refleja un sentir nacional ante la gran diferencia entre el dicho y el hecho. Muchos planes del gobierno comunista empiezan bien, pero al paso de muy poco tiempo se convierten en un fracaso.

Contrariado ante el aviso de un posible fracaso, no dejo por esto de agradecerle al chino su arroz frito con camarones, no tan caro como en los restaurantes estatales de la Habana Vieja.

Internet empezó hace unos días. Se ofrece en salas públicas, con aire acondicionado, máquinas nuevas, monitores de última generación y, recuerde, fije, no olvide, cuatro punto cincuenta pesos convertibles la hora, al cambio es similar a los dólares de Estados Unidos.

Ahorré el dinero con un sacrificio que a nadie importa, me decidí contra la opinión de mi esposa y, finalmente, sin avisarle, busqué las opciones de este prometido Internet, tanto tiempo retardado, prohibido, denegado.

Al principio era lunes. Una sala de la calle Carlos III o Salvador Allende, usted escoge el nombre, ofrece sus servicios como Telepunto de ETECSA, empresa estatal cubana encargada del nuevo servicio. No fue posible, había problemas de conexión.

Caminé hasta otra oficina de la citada Empresa en Obispo y Habana, ciudad antigua, donde un cartel anunciaba el cierre antes de hora por fumigación, tarea priorizada en Cuba dada la necesidad de eliminar a los insectos vectores de enfermedades típicas de nuestro húmedo y caluroso verano.

Un cartel en la pared acrílica del salón, recomendaba visitar el sitio más próximo en Centro Habana, ofreciendo disculpas por el cierre antes de hora. La invitación era dirigirse a las oficinas principales de ETECSA, dentro de su bello edificio en la calle Dragones, detrás del Capitolio habanero.

Sudor. Decenas de cuadras de camino. Empecinado, llego al lugar. El encargado de atender al público me dice: Todavía no está instalado el salón para Internet. En inglés o español, es claro cuando se dice todavía.

Desisto por el momento, con la alarma de volver a casa, sabiendo que dinero en manos de pobres es efímero dinero. Mi voluntad me hace volver al día siguiente, pensando alcanzar al fin “La Quimera del Oro”.

Vuelvo a la carga, encontrando otro Telepunto, donde recibí buena atención en lo personal. Algo común en Cuba, me exigen el documento de identidad, con el objetivo de hacer un contrato y acceder al tan reclamado Internet.

Pago los estrujados cuatro puntos cincuenta Dólares, digo, vaya, me equivoqué, Pesos Convertibles cubanos y finalmente recibo una escueta hoja de contrato con ETECSA, documento que leo, recordando especialmente el apartado número seis del tercer capítulo, cuyo texto reclama:

“No usar el servicio para realizar acciones que puedan considerarse por  ETECSA o por las autoridades administrativas y judiciales competentes, como dañinas o perjudiciales a la seguridad pública, la integridad, la economía, la independencia y la soberanía nacional.”

Es evidente que si esto escribo, deseo permanecer dentro de las leyes. Aún así diversas instituciones están sobre mi persona, capaces de sentenciar qué es o no es dañino, perjudicial, etc.… a mi país.

Me arriesgo, vivo la navegación en Internet por primera vez en mi vida. Fue rápida, con un software sencillo, asequible a cualquier persona sin muchas habilidades en la computación. La nueva escoba barre, parece que barre bien, pero con un precio muy caro, y no solamente en dólares.

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