jueves, 11 de julio de 2013

El llamado embargo o bloqueo estadounidense

Por Mario Hechavarria Driggs/ Hablemos Press.

La Habana, 11 de Julio.- “Las remesas son un indicador del papel transformador que los cubanos del exterior van a jugar en el futuro de Cuba, gústele a quien le guste y pésele a quien le pese en ambas orillas.”

La anterior sentencia del economista Emilio Morales cuenta con un aval estremecedor, si consideramos que realmente, de acuerdo a cifras muy serias, durante el pasado año el dinero llegado directamente del exterior, significó 2605 millones de dólares.

Los viajeros cubanos de visita a su país sumaron casi medio millón, únicamente superados por los canadienses.

No quiero cargar con datos. Para conocer más, remítanse a los sitios Web Havana Times y Café Fuerte, donde leerán una entrevista al citado economista cubano, actual presidente en Miami del Havana Consulting Group (THCG).

Tanto en cifras globales como en sus valores netos, las remesas superan ampliamente a los demás sectores claves de la economía nacional, considerados el turismo, el níquel y el tabaco los más importantes. No olvidemos que cuando de dinero transferido hacia el país se habla, no hay gastos, los millones son totalmente ganancias; eso sí, respaldadas por el trabajo abnegado de los cubanos allende las fronteras nacionales.

Es ilustrativo reflejar que las remesas crecen aceleradamente en los últimos años, pasando de un estimado  ligeramente superior a los mil millones una década atrás, hasta la actual cifra récord, que seguramente será superada nuevamente en este 2013.

¿Por qué crecen las remesas? Un primer factor, externo, se vincula al gobierno demócrata de Barack Obama, quien eliminó las anteriores restricciones republicanas a las transferencias monetarias vía Western Union, así como a los viajes de emigrados cubanos hacia su patria.

Sin embargo, en mi opinión, el mayor estímulo está dentro de Cuba, determinado por el actual proceso de reformas económicas, aquí llamadas “Actualización”, política que realmente es un lento tránsito hacia una economía de mercado; es decir, rumbo al capitalismo.

Quiénes hace años no nos visitan, o quiénes nunca lo han hecho hasta hoy, quedarán asombrados con las sorpresas que le aguardan al paso de una calle a otra en La Habana o cualquier otra ciudad cabecera provincial.

Días atrás caminaba por la calle Campanario, rumbo al Malecón, cuando veo un bello establecimiento, anunciando helados en múltiples variantes. Fachada de cristales a todo lo alto y ancho de las paredes; mesas metálicas brillantes; Mantelería de lujo; luces y anuncios a la altura de Miami. ¿De dónde llegó todo esto?

De los primeros paladares clandestinos entonces, ahora avanzamos hasta con heladerías. Pronto vendrán las cooperativas, sustituyendo a los pequeños comercios estatales, cuyos locales destartalados y sub-utilizados cambiarán gracias al dinero que sigue fluyendo del más allá.

Es evidente que los cubanos del exterior, especialmente de los Estados Unidos, donde vive un millón de compatriotas, están financiando las reformas económicas de Cuba, apoyando a sus familiares y amigos aquí, apresurándose por ser los nuevos ricos del país.

Las tiendas estatales venden una variada oferta de equipos propios de la gastronomía moderna. Otros cubanos emprendedores se las agencian fabricando numerosos artículos necesarios a estas nuevas inversiones. Hay dinero y hay mercado. El mercado está dentro y el dinero viene de afuera.

Quedan por ver muchas incógnitas; entre ellas, hasta cuándo va a durar esto y si no habrá marcha atrás. Al parecer, los cubanos sienten que esta vez es tarde para dos comidas. El proceso se muestra irreversible. Miami está cambiando a La Habana, duélale a quien le duela y pésele a quien le pese.
¡Ah!, se me olvidaba el título de este artículo, por cierto, comencé hablando de algo así como Embargo o Bloqueo. Mejor lo dejamos para otro comentario.

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