martes, 23 de julio de 2013

Aún no es la hora para el periodismo oficialista cubano

Por Mario Hechavarria Driggs/ Hablemos Press.

La Habana, 23 de Julio.- Después de leer las extensas columnas de Granma, dedicadas al recién finalizado Noveno Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), la conclusión es que la prensa cubana, atada al Partido Comunista, seguirá entre el estancamiento y la degradación, presentes desde hace décadas en los medios de comunicación del país.

Hablando de la salud de nuestra prensa, el reportero en ejercicio Justo Planas la ha caracterizado como “de la tercera edad, dirigida a la senectud y desajustada ante las inquietudes del ciudadano de hoy”.

Mientras los columnistas de los medios estatales escriben para nuestros abuelos, surge y se desarrolla un periodismo alternativo, aprovechando la imparable apertura democrática que representan las nuevas tecnologías de la comunicación.

La porfiada persecución a las llamadas “Antenas” ha cedido ante la imposibilidad de eliminar tantas alternativas para alcanzar la sintonía de las televisoras extranjeras. Los celulares alcanzan a dos millones de usuarios; finalmente Internet se abre tímida, pero irreversible a los cubanos.

Yoani Sánchez representa la incapacidad de parar la libre expresión, loable esfuerzo personal, precedida y acompañada por otros muchos reporteros independientes. Sin embargo, confiados en su monopolio sobre los medios de difusión de alcance masivo en el país, los funcionarios del Departamento Ideológico del Partido Comunista (DI), consideran que para el periodismo en Cuba no ha llegado la hora de los cambios.

Leer los resúmenes de Granma en torno al finalizado congreso de la UPEC es constatar la reiteración de consignas generales, abstractas, lejos de esa cotidianeidad que, repiten, es necesario revelar. Escasean las expresiones concretas. El columnista de Granma Alberto Alvariño se limita a reconocer “insuficiencias e insatisfacciones”, considerando además que un mal tan criticado como el negarse a dar información por parte de los burócratas, debe alcanzar la precisión de “secretismo infundado”.

Estamos ante la fiel interpretación del DI, ese Gran Vigilante dirigido desde hace décadas por Rolando Alfonso Borges como Zar de la prensa nacional. Fueron los funcionarios del citado Departamento Ideológico quiénes dirigieron los pasos previos a la asamblea mayor de los informadores cubanos, incluyendo su cónclave final.

De los resultados basta citar que en la dirección de la nueva UPEC tenemos entre otros a Moltó, Arleen y Aixia, estas dos últimas, figuras permanentes en la aburrida Mesa Redonda de la televisión cubana, extendida a Telesur de Venezuela.

No es de esperar que las citadas estrellas del periodismo comunista cambien de parecer, inaugurando un nuevo decir en los medios de comunicación de la nación.

Continuará el secuestro de la noticia siempre que se trate de un asunto espinoso, con la obligada espera de una señal desde arriba por parte de los directores de los medios y sus periodistas. Será el DI quien determinará entonces qué se dice, cuándo y cómo.

No olvidemos que los señores del mencionado Team quitan y ponen a los dirigentes del sector, recomendando además la carrera de cualquier profesional aspirante a escalar posiciones en el escalafón nacional.

Al leer las múltiples justificaciones patrioteras ante el justo reclamo por cambiar un periodismo en crisis, saltan a la vista, primero la autocensura, cuyo supuesto objetivo es no dar argumentos al poderoso vecino del norte, monopolista mediático y permanente agresor a nuestro país. Lo segundo es el temor a una Glasnost, considerada como una de las causas del colapso socialista en la URSS.

El asunto real es que la burocracia, anclada en sus privilegios, acostumbrada al fácil ejercicio de decir NO, teme a la democracia informativa como el Diablo a la Cruz. Los señores del Departamento Ideológico eliminan el disenso porque quieren conservar la “tranquilidad” en que viven desde hace largos años, pero es bueno recordarles que de tal forma están empeñando el porvenir de la Patria.

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