miércoles, 19 de junio de 2013

Una prueba más de la imposibilidad del perfeccionamiento

Por Moisés Leonardo Rodríguez/ Colabora con Hablemos Press.

Artemisa, 19 de Junio.- A comienzos de junio, los vecinos de Cabañas en el municipio Mariel de la provincia Artemisa, estuvieron por tres días sorprendidos por la calidad aceptable del pan normado pues lo habitual desde años atrás es que este producto presente mal aspecto, olor y sabor y se desmorone al tratar de partirlo “debido a la mala calidad de la harina”, según alegan los panaderos y repiten algunos delegados al recibir las quejas.

Como es cierto aquello de que “pueblo chiquito, infierno grande” se supo que la mejoría se debió a que una delegada del Poder Popular, Beatriz Álvarez,  realizó en esos días inspecciones constantes, incluso de madrugada, a la panadería en que se elabora dicho pan que es vendido a 5 centavos de peso moneda nacional con una norma de uno por persona por día.

Cuando la delegada dejó de hacer las visitas, la calidad volvió a ser la de siempre, pésima.

Este problema de la mala calidad del pan no es exclusivo de Cabañas sino que abarca casi todo el territorio nacional desde décadas atrás.

Según apreciación de algunos cabañenses, se necesitarían tantos delegados como establecimientos estatales y privados existen en el poblado para evitar los pesos alterados, siempre en contra del comprador, la mala calidad de muchos productos y servicios y otras violaciones de los derechos de los consumidores oficialmente reconocidos.

En dicha estrategia anticorrupción se necesitarían también delegados viajando en los camiones de transporte de personas para evitar los maltratos y las alteraciones de precios por sus cobradores y también en las unidades de servicios para evitar la supuesta inexistencia de repuestos para la reparación de equipos electrodomésticos y otros males endémicos del sistema.

En resumen, este sería un camino para sustituir los mecanismos de mercado libre que auto regulan los precios y estimulan la calidad de los servicios y productos ofertados con el fin de retener y aumentar la clientela y con ello las ganancias. Claro, siempre y cuando sea sostenible una economía en que haya más inspectores que productores y que los primeros resulten incorruptibles y nunca duerman.

Si esto último fuera posible, el sistema sería perfectible “desde adentro”, pero como los hechos demuestran que no lo es, habrá que seguir aumentando e independizando del control central los mecanismos importados “desde afuera” hasta que se alcance el punto crítico, al estilo de la perestroika soviética o de las reformas chinas. Vivir para ver.

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