miércoles, 12 de junio de 2013

Una iliada casi olvidada

Por Eduardo Gamboa Suárez.

Camagüey, 12 de Junio.- Homero quedaría sorprendido por las luchas continuas de todos los  defensores de los derechos humanos dentro y fuera de Cuba, y en las cárceles, por más de medio siglo.

Este poeta griego se entusiasmaría de volver a escribir otro poema histórico, más extenso y tan lleno de secretos, por el poder inescrupuloso de un gobernante caprichoso que ha impuesto un régimen totalitario que ha sumido en el sufrimiento a un pueblo que anhela y necesita ser libre de verdad.

Grecia se unió -bajo el lido emocional- para vengar, supuestamente, el rapto de Elena llevado a cabo por Páris -hermano de Héctor- y la que fuera esposa de Menelao; hermano del rey Agamenón, quien deseaba en realidad destruir a Troya desde hacía mucho tiempo para adueñarse de todo el poderío y el comercio de esta gloriosa ciudad.

El propósito alcanzado dejó muchas víctimas en el campo de batalla,
ya de un bando o de otro, saliendo ileso, y vencedor de esta contienda, un rey despiadado que supo manipular, para su beneficio propio, el valor y la destreza combativa de sus mejores hombres, así como el desenvolvimiento de los hechos que acontecían.

Como los ciudadanos de aquellos pueblos antiguos, nosotros tenemos nuestro Agamenocastro, cuyo nombre es la vergüenza del mundo libre y democrático; su Aquiles, generales y soldados, son la Policía Política, que inequívocamente defienden los intereses de un frío y calculador déspota y burocrático que enarbola un humanismo y un patriotismo falso, volcado en el oscurantismo caribeño de una falácea llamada “Paraíso socialista”.

Sus métodos -maquiavélicos y agamenizados-, de un Fouché moderno, es dividir a la oposición desde adentro a través de sus agentes cancerberos, para poner en duda los valores de nuestra lucha pacífica, siendo estos asesinos de verde olivo sus caballos de Troya.

Hemos de unirnos, tal como lo deseaba nuestro apóstol José Martí, para que nuestra fuerza y firmeza prevalezcan frente a los constantes desmanes de la tiranía y apoyar, con verdadero interés y una sólida conciencia, a todos los que se enfrentan a los gendarmes que insistentemente nos agreden y violentan física y sicológicamente en las ergástulas castristas, exponiéndonos a los tratos más crueles y degradantes; incluso, a que perdamos la vida, como le sucedió a nuestro hermano Orlando Zapata Tamayo, por defender los derechos humanos y exigir la libertad y la democracia de todos los cubanos.

Los periodistas independientes son el alma homérica, que llevan al mundo -como prioridad- la voz de la justicia que reclama el apoyo necesario e inmediato de todas las organizaciones humanitarias nacionales e internacionales.

Reclamamos ese apoyo, para todos los presos políticos, activistas de derechos humanos, opositores pacíficos, y reos comunes víctimas de abusos por parte del régimen, y convocamos al mundo libre para que nos acompañe en esta lucha contra las violaciones que suceden en esta isla donde acontece una tragedia, tan homérica como aquella Ilíada casi olvidada.

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