miércoles, 12 de junio de 2013

Profanaciones en las tumbas de Colón

Por Mario Hechavarria Driggs/ Hablemos Press.

La Habana, 12 de Junio.- Desde la enseñanza elemental cualquier niño cubano conoce sobre las profanaciones de tumbas. En las escuelas se escenifican los sucesos del 27 de noviembre de 1871, cuando  la monarquía colonialista española fusiló a ocho estudiantes de medicina de la Universidad de La Habana, acusados del supuesto delito de haber profanado la tumba de un integrista, contrario a la independencia, llamado Gonzalo Castañón.

Pasados cien años los profanadores se adueñan del cementerio de la Habana aquí llamado Colón, patrimonio cultural del país, clasificado entre los más relevantes del mundo. Un dato elocuente es que los visitantes extranjeros deben pagar el equivalente a cinco dólares norteamericanos por visitar el camposanto.

Entre Dólares o Pesos Convertibles, como finalmente llaman en Cuba a la moneda fuerte de circulación corriente, pedazos o cadáveres completos son sustraídos en las noches, delito calificado ahora como “Exhumación Ilegal” porque la “Profanación” quedó fuera del código legal revolucionario.

De acuerdo al arquitecto Carlos Bauta Martínez, quien es jefe del Departamento Técnico del citado cementerio capitalino, “lo penalizado son las exhumaciones ilegales y el castigo es muy liviano, lo cual conlleva a la reincidencia; constantemente hay que estar luchando contra este problema”.

El transfondo actual del asunto es religioso, pero con consecuencias políticas, asunto que demostraremos a continuación.

Dentro de los llamados cultos sincréticos africanos, especialmente en la Regla Conga, de Palo Monte o Palo Mayombe, según sus denominaciones más conocidas, es común usar huesos de humanos con el objetivo de ejecutar ceremonias reputadas como muy fuertes por sus efectos, dirigidos a ciertas personas, según la voluntad del ejecutante.

Inclusive en las llamadas Engangas o calderos que los creyentes conservan en sus casas, estos huesos humanos son especialmente reclamados. De hecho existe un verdadero comercio de restos óseos, desde los cementerios hasta los sitios ceremoniales de numerosos fieles a la Regla Conga. Por ejemplo, los huesos de la mano de un chino o de algún judío  pueden valer 100 pesos convertibles y son utilizados para trabajos de adivinación.

El actor y director de cine Jorge Perugorría satiriza el asunto en uno de los documentales de su ilustrativa serie, genéricamente titulada “Nicanor”. Un joven enamorado penetra en el cementerio  Colón en la madrugada, ayudando a su amante en la tarea de exhumar un cadáver. Ellos no tenían intenciones religiosas, pero la burocracia ponía obstáculos a la extracción legal de los restos. Finalmente, con el cadáver en casa, comprenden que tienen en su mano un excelente negocio y venden los huesos al por menor.

Ahora los encargados de proteger la reconocida santidad de los cuerpos enterrados de nuestros seres queridos, protestan ante una legalidad presuntamente atea, que solamente se atiene a la simple idea de un atentado contra la salud pública.

Muy justamente, una persona afectada por estas profanaciones de tumbas, expresa: ¿Qué pasaría si alguien intentara exhumar ilegalmente los restos de Maceo, Gómez o cualquier otro patriota cubano? ¿Sería considerado el hecho como una simple exhumación ilegal? La persona en cuestión sentencia:
“Mi abuelita o la de cualquier otro ciudadano, tiene tanta importancia como Maceo. La Profanación es un atentado contra la espiritualidad de la sociedad y contra la memoria histórica de las personas”.

Agradezco al Periodista Waldo Fernández Cuenca de la revista católica Palabra Nueva, de quien copiamos las declaraciones entrecomilladas.

El prejuicio sobre un delito internacionalmente reconocido como es la Profanación de tumbas, califica entre las muchas obcecaciones, acumuladas durante décadas por  un régimen comunista, laico y ateísta en extremo.

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