miércoles, 12 de junio de 2013

Las “reformas” del general

Por Gilberto Figueredo/ Hablemos Press.

La Habana, 12 de Junio.- Llevo días estudiando los cambios estructurales del general Raúl Castro, por intermedio de las opiniones y recomendaciones publicadas por conocidos politólogos y economistas, y hasta confieso que me quedé dormido tratando de interpretar las interminables conferencias sobre el tema del destacado escritor, político y periodista Carlos Alberto Montaner.

¿Por qué razón? Porque hasta donde conozco, democracia y economía de mercado no son sinónimas, y la retórica anticastrista liquida la sensatez, de la misma manera que lo hace la sociedad planeada y planificada estalinista, a pesar de las insuperables diferencias filosóficas o políticas.

De acuerdo con la opinión de reconocidos académicos cubanos residentes en el exterior, el principal problema de la actualización del modelo económico es la falta de unidad de la cúpula gobernante.

“A pesar de lo que dice Raúl Castro sobre la unidad en la dirigencia, todo indica que existe un disenso en la cúpula del poder, así como en los niveles intermedios. Unos, apoyan las reformas para mejorar el desempeño económico y social, -y así salvar la revolución-; otros, las rechazan por temor a desatar fuerzas que se escapen del control del régimen”, advirtió el profesor Carmelo Mesa-Lago, en una entrevista difundida por Diario de Cuba, en su página web, el 19 de noviembre de 2012.

Hasta que no se resuelva ese “disenso en la dirigencia, no se conseguirá resolver los problemas económicos y sociales fundamentales de Cuba”, añadió el economista y catedrático de la Universidad de Pittsburg, según la publicación.

Pero además de lo anterior, al “distinguido” Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba parece que no le interesa la inversión que pueden hacer en la isla los emigrantes cubanos, porque -según él- su dinero no cubre los montos mínimos necesarios.

"Yo no sé a cuántos cubanos ustedes conocen, que podrían invertir en Cuba 200, 300, 500 ó 1.000 millones de dólares, que es la inversión que demanda el  régimen”, aseguró el canciller Bruno Rodríguez Parrilla, en una reunión con Cubanoamericanos celebrada en Nueva York en noviembre de 2012, según la misma publicación.

Con todo el capital humano que posee la nación cubana en el exterior del país, hay que ser muy sinvergüenza para desestimar la inversión que los emigrantes cubanos pueden hacer en la Isla.

Al final, las reformas del general están condenadas al fracaso; porque los encargados de implementar los conocidos lineamientos, “aprobados” por el VI Congreso del Partido Comunista, pertenecen al mismo aparato burocrático estatal que arrasó con la economía cubana; y una gran parte del liderazgo político-empresarial se resiste a los cambios necesarios, a tenor de perder el control absoluto impuesto a la sociedad cubana desde 1959.

Lo peor del caso, es que al presidente se le acaba el tiempo y las alternativas razonables. O sustituye la maquinaria político-empresarial-contrarrevolucionaria que le sabotea las reformas, o la burocracia, la corrupción y sus aliados nacionales y foráneos acaban con él; y hasta por el camino, le entierran vivo a su hermano Fidel, en nombre de la revolución y el socialismo.

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