miércoles, 26 de junio de 2013

La libertad no lleva socialismo

Por Ernesto Aquino/ Hablemos Press.

La Habana, 26 Junio.- El totalitarismo, como forma de poder, ya no puede instalarse en la mentalidad de los pueblos desde la ideología que lo justificaba.

Los “valores” del marxismo-leninismo, sucumbieron ante la incapacidad de no poder demostrar la eficacia de su sistema para generar desarrollo y bienestar; la falta de argumento para justificar el estado de miseria en que viven los pueblos sometidos a la tiranía inescrupulosa de ese esclavismo; y sobre todo, la absoluta falta de argumento para explicar los múltiples genocidios cometidos bajo la bandera del “socialismo redentor”.

Por eso, la nueva generación de bribones -de la más retorcida de las izquierdas estalinistas-, trata de legitimar el fanatismo de esa ideología, falsificando las aspiraciones de los grandes próceres de la independencia americana, y comprometiendo la pureza de su pensamiento atribuyéndoles paternidades ideológicas ajenas a sus intereses americanistas.

La estrategia no es nueva. Fomentar el descrédito -unas veces con acusaciones  groseras y otras asumiendo dentro de una falsa complicidad a quien se quiere destruir- es el otro lado de la alternativa de los regímenes totalitarios.

A partir del socialismo, la propuesta marxista sólo consiguió crear dos monstruos: El Fascismo y el Comunismo, dos sistemas antinaturales que para realizarse no pueden prescindir del genocidio; aunque es preciso reconocer que a partir de los fracasos del Fascismo, el Comunismo evolucionó hacia formas más elaboradas de esclavismo.

Sin embargo, con todo y la complicidad de organizaciones internacionales corruptas y pusilánimes, que prefieren prescindir de la firmeza cuando se trata de condenar las tiranías comunistas latinoamericanas, el marxismo es una propuesta que ya no puede legitimarse sino involucra en el fraude a los próceres de la independencia americana; a esos libertadores monumentales que jamás consideraron ninguna forma de socialismo como una alternativa para la libertad y el desarrollo de los pueblos de América.

Recuérdese que mientras Carlos Marx, en carta a Pavel Annenkov,  del 28 de diciembre de 1846, decía refiriéndose al esclavismo: “Es la esclavitud lo que ha dado valor a las colonias; son las colonias las que han creado el comercio mundial, y el comercio mundial es la condición necesaria de la gran industria mecanizada. La esclavitud, por lo tanto, es una categoría económica de la más alta importancia”, Engels celebraba la anexión de California por parte de Estados Unidos, luego de terminada la guerra con México: “Hemos sido testigo de la conquista de México, y nos hemos alegrado”. -expresó- “Es en interés del propio México que quede bajo la tutela de Estados Unidos”. Ese mismo Engels, que en 1849 -sin el menor pudor ni escrúpulo de conciencia-, llamaba a la exterminación de los húngaros que se habían rebelado contra el Imperio de los Habsburgo,  y aconsejaba la eliminación de los serbios, de otros pueblos eslavos, de los vascos, los bretones y los escoceses, por considerarlos también “inferiores”.

Ténganse presentes los múltiples genocidios llevados a cabo por órdenes de Lenin, quien consideró -y así lo dejó escrito- todas las formas de violencia (incluyendo el terror de masas) como las herramientas más eficaces para conquistar el poder y conservarlo a perpetuidad; todo lo cual, era consecuente con la creencia de Marx de que “Sin violencia jamás se ha conseguido algo en la historia”.

Estos padres del comunismo, a quienes sus seguidores más incondicionales no sólo no les reconocen error alguno, sino que continúan venerándolos como a dioses, son los maestros y guías ideológicos de la nueva izquierda fanática que pretende perpetuar el fraude que ha costado a la humanidad millones de muertes.

Claro que “los nuevos libertadores” de América no hablan de construir el comunismo, sino el socialismo, un sistema que a pesar de conservar toda la esencia brutal y esclavista que lo hace despreciable lo quieren presentar ante los pueblos -recién estrenados en esa gran mentira-, como un socialismo nuevo. El socialismo del siglo XXI.

Sin embargo, los grandes independentistas de América -verdaderos Apóstoles de la libertad-, a quienes tratan de oscurecer presentándolos como precursores de sus políticas totalitarias, dejaron un legado de amor, justicia y auténtico sacrificio humano a favor del bienestar y el desarrollo de los pueblos.

Así, mientras los padres de la nueva esclavitud -como llamó Herbert Spencer al socialismo- murieron abrazados al apocalipsis de su doctrina criminal, próceres americanos de talla excepcional, aún después de muertos continúan alentando a los hombres y mujeres de bien en su lucha por la independencia de todos los yugos, prisiones y tiranías amasadas a la sombra de la mezquindad, la intolerancia y el odio de los hombres sedientos de poder.

Baste como ejemplo la grandeza y el humanismo inmenso de Benito Juárez, el Benemérito de las Américas, cuando afirmó: "Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz” y de nuestro Apóstol José Martí, quien aseguró -como quien jura sobre lo sagrado- que “El respeto a la libertad y el pensamiento ajenos, aun del ente más infeliz, es mi fanatismo: si muero, o me   matan, será por eso”.

Basten, como muestra, estos dos ejemplos, para desmentir a los que tratan de legitimar el despotismo de sus “democracias” militarizadas, sentando en el mismo trono a ángeles y demonios.

América tiene una larga historia de luchas para emanciparse del poder de las ideologías esclavistas.

El empeño de algunos países -encabezados por Cuba-, de querer continuar imponiéndole a sus pueblos el fracaso irreversible del proyecto socialista, podrá levantar muchos muros de pólvora y silencio para tratar de cortarle las alas al triunfo de los buenos; pero terminarán cayendo, con toda la arrogancia de su maldad enfurecida, bajo la firmeza de la majestad soberana de la libertad inclaudicable. 

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