miércoles, 19 de junio de 2013

La actualización del modelo económico


Por Mario Hechavarria Driggs/ Hablemos Press.

La Habana, 19 de Junio.- El asunto de las cooperativas es como llover sobre lo mojado, cuando hablamos de la llamada Actualización del Modelo Económico cubano, en realidad lento, temeroso y parcial proceso de reformas económicas en nuestro país.

Ahora tendremos empresas de tipo colectivo en cuanto a su organización, extendidas hasta el ámbito urbano, en tanto las existentes en el campo ganaron algunas facultades, pero sólo a medias. Antiguas o nacientes, las cooperativas enfrentan el dilema de siempre: la propiedad.

El estado estalinista cede muy poco o casi nada, a regañadientes abandona algunas de sus facultades omnímodas, pero no acaba de resolver el asunto principal que es reconocer la validez de la propiedad, estancándose en el usufructo sobre la tierra y los bienes inmuebles.

En la prensa oficial claman por extender el sistema a un segundo grado con asociaciones de varias de las antiguas cooperativas, constituyendo así empresas mayores. De cualquier manera siguen atadas al Estado, que puede inclusive dictar precios en las producciones oportunamente consideradas como estratégicas por las autoridades gubernamentales.

Podrán avanzar hasta el preuniversitario si de grados se trata, será más de lo mismo si no aceptan la imperiosa necesidad de otorgar plenos derechos de propiedad a los cooperativistas, constituidos entonces como una empresa jurídicamente independiente, capaz de pactar sus propios negocios con instituciones dentro y fuera del país.

¿Cómo resolver financiamiento o colocar los productos en el mejor de los mercados si no son propietarios de los bienes de producción y de lo producido?

La cooperativa actúa en la realidad económica de una forma doble, colectiva e individual a la vez. Cuando administra sus recursos y paga a sus trabajadores es una sociedad; cuando hace negocios con otros opera  igual a una institución individual con personalidad jurídica propia, aunque las decisiones puedan ser fiscalizadas por el colectivo.

Únicamente el derecho de propiedad y la plena libertad dentro del mercado darán a estas la capacidad de liberar esas potencialidades productivas que tanto necesitamos para acabar con el subdesarrollo, liquidar las muchas carencias que vivimos desde hace décadas.

Si el estado decide, cosa justa, proteger con ciertos precios artículos de primera necesidad, entonces deberá subsidiarlos, no descargar sobre los trabajadores el peso de una camisa de fuerza que viene obstaculizando el desarrollo económico.

Evidentemente, como dicen los guajiros, “el dueño de la vaca es dueño del ternero”. Dueño si puede comérsela cuando le venga en ganas. No habrá que vigilarlo, no conozco a criador alguno que sacrifique sus animales antes de tiempo.

Deberán ponerse fin a las estúpidas regulaciones, a esos NO que nos tienen cargados hasta las amígdalas. Digo que en la ganadería al igual que en cualquier otra esfera donde se ensayen las cooperativas, comeremos carne cuando los vaqueros sean dueños de las vacas.

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