miércoles, 12 de junio de 2013

Camino a un movimiento social

Por Moisés Leonardo Rodríguez/ Colabora con Hablemos Press.

Artemisa, 12 de Junio.- Para que más allá del actuar de activistas individuales o en grupos, surja un movimiento social pro democracia y derechos humanos en la isla, se requiere de un elemento que le de identidad al mismo y gane la simpatía y apoyo de amplios sectores de la población, compartir una estrategia,  sustento logístico desde el exterior y amplia cobertura de los medios internacionales.

El elemento identitario debe incluir los fundamentos, las propuestas de cambio y los resultados esperados con ellos, de forma que la mayor parte de los cubanos, estén donde estén, pertenezcan a lo que pertenezcan y piensen como piensen, vean en ellos reflejos de sus anhelos y un balance favorable en la relación costo- beneficio con la posible ejecución de dichos cambios.

Ejemplo de las propuestas, ya presentada ante instituciones oficiales desde 2008, es la entrega de tierras en propiedad y no en usufructo como ahora se hace y la existencia del mercado libre campesino como caminos, de efectividad históricamente probada y prometidos por los actuales gobernantes antes de detentar el poder, de solucionar el agobiante y persistente problema alimenticio.

Otra, también presentada en reiteradas ocasiones desde 1996 e incluida entre las diez propuestas presentadas en 2008, es la cooperativización del transporte público de pasajeros sin más intervención del Estado que el cobro de los correspondientes impuestos y el suministro de servicios y mercancías por entidades estatales amén de la posible adquisición en terceros países, por compras o donaciones,  por estas entidades con poder jurídico para ello.

Estas dos medidas, y las ocho restantes incluidas en la petición y campaña cívica Por una Cuba Martiana, goza de consenso entre la población como demuestran los resultados de una medición social realizada en 2011 y las consultas verbales a miles de ciudadanos de todo tipo, incluidos incondicionales al régimen, militantes del partido comunista y hasta miembros de la fuerzas armadas y del ministerio del interior.

La estrategia compartida no ha de afectar en lo absoluto la especificidad de cada individuo o grupo de la sociedad civil no reconocida oficialmente, sino que ha de incluir acciones que puedan ser realizadas simultáneamente y lograr un impacto social notable.

Entre estas últimas acciones es posible retomar la Oración por la Unidad Nacional a través del Diálogo y la Reconciliación que, durante finales de la década de los noventa y la primera de este siglo, se realizaba los domingos últimos de mes en la Isla de la Juventud, Ciudad de la Habana, Camagüey, Palma Soriano, Holguín y una decena mas de municipios con centenares de participantes en cada ocasión.

Otra de estas acciones, que como efecto colateral propicia la identificación de la población con los actores de la sociedad civil denigrada y perseguida por la oficialidad, puede ser el reinicio y generalización a todos los rincones posibles del proyecto Reyes Magos que fuera realizado inicialmente en 1991 en el poblado de Cabañas.

El acopio de ropas y juguetes a lo largo del año hace posible que cada 6 de enero se puedan distribuir presentes entre los hijos de algunos de los más necesitados de cada localidad, para brindarles un momento de felicidad a esos niños y sus familiares y al mismo tiempo profundizar la recuperación de esa fecha tradicional, haciendo valer el principio cristiano y martiano de opción preferencial por los pobres.

Estos primeros pasos resultan imposibles sin la participación de cubanos radicados en el exterior por cualquier motivo y de extranjeros identificados con nuestra causa.

Dichas acciones civilistas deben acompañarse de la mayor cobertura posible de los medios sin centrarse en personas o grupos específicos, sino en el hecho de que son acciones compartidas por actores de un incipiente movimiento social pro democracia y derechos humanos.

Las acciones de demandas específicas y el desarrollo de los proyectos que impacten socialmente pueden conducir hasta un punto crítico que aporte el poder en número, que ha sido factor decisivo del éxito de todo movimiento social según demuestra la experiencia histórica.

Este intento puede llegar a ser más viable que los fracasos reiterados de lograr la unidad necesaria en torno a figura o grupo específico, sin desdorar el valor de sus acciones individuales. El reto está planteado, aceptarlo o rechazarlo depende de usted, querido lector.

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