jueves, 9 de mayo de 2013

Un barco que hace aguas por todas partes

Mario Echavarría Driggs/ Hablemos Press.

La Habana, 9 de Mayo.- Durante la temporada invernal,  del año…, un suceso conmovió a la sociedad cubana. Más de treinta enfermos mentales murieron en el Hospital Psiquiátrico de La Habana, en una sola noche, víctimas del hambre, el frío y las torturas a que eran sometidos.

La prensa extranjera, acreditada en el país, se personó en el lugar reportando lo que le fue posible informar; lo curioso es que no había periodistas nacionales en la zona.

Fernando Rasverg, corresponsal de la BBC,  comentó al respecto: “…Este sistema de control mediático está haciendo aguas por todas partes. Que tengas 33 muertos de hambre y frío en un hospital psiquiátrico y ningún medio de prensa cubano envíe un periodista para investigar el hecho, es todo un síntoma. No me refiero a hablar a favor o en contra, sino simplemente a investigar qué fue lo que pasó. Son torpes, lentos, ineficientes, están siempre a la defensiva, yo creo que el gran drama de la prensa de este país es el Departamento Ideológico”.  

Auténtico decano entre las corresponsalías de otros países, informando desde el nuestro, el periodista uruguayo nos introduce en el tema. Se trata de una burocracia muy particular dentro de esta muy amplia casta, generada por el estalinismo tropical, que pasados más de cincuenta años desde su implantación en Cuba se le sigue llamando  Departamento de Orientación Revolucionaria del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, (DOR del PCC).

¿Por qué no había reporteros cubanos en el lugar de los hechos al amanecer de aquel día en que ocurrió el crimen masivo, cometido en una institución de salud  pública? Sencillamente porque el DOR del PCC, decidió que eso no podía ser noticia.

El poeta cubano Guillermo Rodríguez Rivera, crítico al sistema político implantado en la Isla, ha comentado que en Cuba “las noticias no existen hasta que las instancias pertinentes autoricen su existencia.” A propósito del asunto, el  poeta acuñó lo que muchos valoran como una excelente frase: “El socialismo tiene mandíbula de cristal cuando de la libertad de expresión se trata”.

Sobran ejemplos de asuntos calificados como prohibidos, restringidos u otras categorías de cómo tratarlos en los medios oficiales de nuestro país.

Meses atrás, la reportera de la Televisión Nacional Maribel Acosta,  aprovechando las aberturas de un tabloide llamado “En Vivo”, al parecer no bien chequeado por los burócratas del DOR, hizo  fuertes críticas a las trabas a que tienen que enfrentarse los periodistas de la Isla. 

…”Viejas y nuevas mediaciones superficiales, encasillando prejuicios, visiones mediocres, intolerancias absurdas, fobias fantasmales, burocratizaciones del pensamiento”… señaló Acosta.

Con largos años de quehacer profesional,  la reportera, sin apartarse  de su lealtad al sistema imperante, valora cómo las causas de semejante proceder burocrático y su principal consecuencia: “El temor de que un mayor ejercicio de la libertad de prensa termine por acabar con la Revolución. Todo lo anterior ha ido contaminando al periodismo de la revolución con su contrario: la falta de credibilidad.”

Preferimos citar a personas directamente viviendo en Cuba, vinculados al proceso revolucionario, para subrayar cuán grave es el problema abordado, considerado por Fernando Rasverg: un barco que hace agua por todas partes.

Evidentemente este departamento especial, dentro del PCC, está vivamente interesado en mantener por siempre las cosas como hasta ahora están. A juzgar por los discursos de algunos dirigentes, incluido el actual mandatario del país, General de Ejército Raúl Castro, se aprecia la necesidad de cambiar las cosas; pero se mantiene el temor a lo que una Glasnost pudiera provocar en Cuba.

Lo curioso, a la par de ilustrativo, es que el referido Departamento Ideológico funciona en la práctica, como entidad autónoma, por encima de los ministros y la mayor parte de los miembros de Buró Político. Me recuerdan en algo al conocido Sistema de la Reserva Federal de los Estados Unidos, siempre igual a sí mismo, mientras pasan por el poder los presidentes, ya sean, demócratas o republicanos.

En nuestro modelo socialista, la política queda por encima de la economía. Al norte, la Reserva Federal intenta proteger el sistema financiero, aquí se trata de eternizar al que dirige. Por ejemplo, Rolando Alfonso Borges, Jefe del antes llamado DOR, ejerce su cargo junto a sus acólitos desde hace décadas, tal cual un Greenspan de la política informativa nacional.

En el último Congreso del PCC y su posterior Conferencia Nacional, se hicieron reiteradas exhortaciones sobre la necesidad de tener “un periodismo crítico y veraz, y poner fin al secretismo en la prensa”. De las palabras no pasaron. Mientras tanto, los cubanos nos preguntamos cuál será  el destino del cable submarino, tendido entre Cuba y Venezuela, millonaria inversión que sería capaz de darnos Internet de banda ancha multiplicando miles de veces la rapidez y los accesos a la Red de redes.

Han pasado dos años de los sucesos en el Hospital Psiquiátrico, igual tiempo nos separa desde que el famoso cable debió conectarnos con el mundo, lo que no pasa es la hegemonía de una burocracia omnipotente, decidiendo qué es noticia, cuándo y cuál, será el alcance de un suceso en la prensa nacional.

Los actuales dirigentes de la nación han emprendido un lento camino de reformas, escasas también en su profundidad, llamadas aquí “Actualización del modelo económico cubano”. Recientemente el ensayista Orlando Márquez, vocero oficial de nuestra Iglesia católica, escribió en la revista, Palabra Nueva:
 “…El modelo económico podrá ser actualizado, y tendrá éxito, tanto en cuanto se actualice el modelo político, de modo que el último no niegue o contradiga al primero…”. A la prudencia propia de los católicos, agregamos que se trata de desmantelar la burocracia partidista, comenzando por el todopoderoso DOR del PCC.

De alcanzar semejante utopía, estaremos exorcizando un fantasma que nos acompaña desde hace cincuenta años, y que  hace del periodismo cubano “una de nuestras manifestaciones culturales menos interesantes y una de las de menor calidad”, según el criterio de Leonardo Padura, el escritor cubano de mayor difusión internacional.

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