lunes, 20 de mayo de 2013

¿Quieren mayor ahorro de electricidad que no vender bombillos?

Por Jaime Leygonier/ Hablemos Press.

La Habana, 20 de mayo. - La sustitución masiva de los bombillos incandescentes por "bombillos ahorradores", ocurrió a partir del año 2004, con "la revolución energética" -último tema obsesivo de Fidel Castro, antes que desapareciera en el 2008, pero hoy, los desaparecidos son los bombillos de cualquier tipo.

El reparto -a cargo del Estado- de bombillos ahorradores comenzó gratis, de puerta en puerta; luego, costaban a $10 pesos; pronto, los fueron subiendo hasta más de $50 pesos, e hicieron desaparecer los grandes de 20 w y los de luz más brillante, para vender otros de luz más pobre y amarillenta; de los cuales, hace más de medio año que únicamente venden los pequeñitos de 5 y de 8 w, y ahora ni de esos hay en los comercios estatales.

Los bombillos se funden por viejos; duran poco, y para reemplazarlos no hay bombillos incandescentes; escasean los de luz fría, y las habitaciones quedan a oscuras.

El alumbrado público también es "ahorrado", y las calles habaneras después de las 8 de la noche están "oscuras como boca de lobo", ocultando aceras rotas, baches y lo que es peor, asaltantes.

Negocio redondo con los bombillos, pequeña parte de "la revolución energética", que consistió también en cambiarle a la gente sus excelentes refrigeradores  viejos -que  entregaron gratis al Estado-, y venderles bien caro, por mensualidades, pésimos refrigeradores nuevos.

Dicen que el objetivo era vender como chatarra, a los mismos chinos, esos refrigeradores estadounidenses de los años 50 y soviéticos de los 70-80, gastadores de electricidad, y sustituirlos por refrigeradores chinos, ahorrativos, que se rompen masivamente antes de estar pagos y es difícil y costoso que los repare el Estado.

Al refrigerador de tipo más pequeño, el pueblo lo bautizó como "el lloviznao", porque gotea agua que se condensa en una bandeja exterior muy útil para criadero de mosquitos.

En compensación, muchos no pueden pagar sus mensualidades y adeudan al Estado varios millones de pesos, consecuencia muy natural de la política estatal de disparar los precios e impuestos especulando con la escasez, mientras conserva ínfimos los salarios y promueve el desempleo.

Tantos son los morosos, que el Estado evita actuar judicialmente contra ellos. Gana de todas formas con el trueque que impuso.

Hubo otros millones desfalcados por los funcionarios encargados del masivo cambio de equipos, quienes  anotaron ventas ficticias a miles de personas que no habían comprado nada.

Por "la revolución energética", el Estado vendió cocinas eléctricas  a barrios enteros -para que tuvieran que comprarlas  les retiró el   servicio de gas de balón- y ahora, en caso de cortes eléctricos se ven en graves problemas, y además, el alto costo de la electricidad les impide hervir el agua, pese a  las epidemias.

También vendió el Estado ollas adecuadas para cocinas eléctricas y aparatos para calentar el agua en baldes; todo lo cual, -como los refrigeradores y bombillos-, se rompe, y el Estado no lo repara por falta de piezas.

"El bloqueo comercial", que impide traer desde la República Popular China esas piezas de repuesto (y las de los ómnibus y las de las bicicletas, y medicamentos), es el tenaz hábito del régimen para justificar su costumbre de no pagar lo que compra a crédito.

Mal hábito, que dificulta por igual, negociar tanto con los “perversos E.E.U.U”, como con los hermanos comunistas de China, o de donde quede comunismo.

Las especulaciones con el pueblo, que no puede elegir a quién y qué comprar, son  ejemplos de economía planificada "socialista " con los que el estado totalitario impone salarios de miseria, precios disparatados, y es capaz de obligar al pueblo a comprar  cualquier cosa a los precios y mala calidad que le plazca, en perjuicio de todos, menos de la élite y los desfalcadores.

Me pregunto, si lo pésima que está la programación de la T.V. -desde que a su director lo criticaron por ello en la Asamblea nacional del Poder Popular, donde prometió solemnemente  mejorarla para el 2013- será otro mecanismo de "la revolución energética" para que la gente ahorre, apagando sus televisores.

La gerontocracia de los Castro no necesita una economía rentable; si la necesitara no sabe crear riquezas, sino solamente valerse del poder para confiscarla. Así arruinó el País.

Antes que un cambio -que los espanta-,  preferirán  siempre  hacer lo único que saben hacer y que hicieron siempre: "Seguir tirando".

Representan un sistema parásito y extorsionador; descabezado del macho alfa que siempre les dictó qué hacer, y primero que medidas económicas sensatas, que cuando parece que las toman es atándolas con mil trabas que les impiden funcionar realmente, reinventarán el medieval "impuesto sobre las ventanas".

"El modelo cubano" -que nadie ha dicho qué es, ni con qué se come- funciona como un gigantesco latifundio donde, como en la finca de los Castro, en Birán, los peones compran en la tienda de raya.

Muy atinado Castro I en llamar "revolución  energética" a su gigantesca especulación  con bombillos, ollas y equipos.

Para ellos, revolución -sea eléctrica o política-, es sinónimo de timo masivo; hacerle creer a la gente que recibirá beneficios de ciertos cambios, y luego que los cambios están hechos y todos perjudicados por "cambiar la vaca por la chiva", no hay reclamación;  les ofrecen cambiar otra cosa para mejorar y así hasta la muerte.

Pero si perdemos la vista, por la mala iluminación, o nos rompemos un hueso en la oscuridad de las aceras rotas, para eso existen los hospitales -escasos de bombillos, de personal y de todo- del sistema de salud pública gratuito; para eso, y para decirnos a diario que debemos  agradecérselo  al Gobierno, y para justificarle su dictadura.

VIDEOS