martes, 21 de mayo de 2013

Ese "amigo de Cuba": El compañero cambio climático

Por Jaime Leygonier/Hablemos Press.

 
La Habana, 21 de mayo.- Al cambio climático, lo emplea cada vez más la maquinaria de propaganda de los Castro para culparlo de la ineficiencia económica, y exhibir falsos logros; y siempre saca de su chistera a algún extranjero que aplauda "la experiencia cubana", ante el pueblo atónito.
 
Ya no les basta culpar "al imperialismo yanqui"  por sus casi nulas restricciones comerciales; es tan evidente, que los mecanismos internos de poder frenan y destruyen la producción agrícola, que culpan al clima.
 
Hace años, la propaganda -y !programas escolares de Geografía de Cuba!- argumentan sobre "la falsa creencia de que Cuba es un país fértil".
 
Por primera vez, escuchamos esa negación de la realidad en un discurso de Castro I, quien lo ejemplificó con que Cuba está en la misma línea que el desierto del Sahara y otros.
 
Justificación de cómo la jefatura política, principalmente Fidel Castro, con desprecio de  los informes de especialistas, y la experiencia del campesino, destruyó inmensas extensiones de tierra laborable, al ordenar siembras inadecuadas, y hacer un mal uso de los fertilizantes químicos y de los regadíos.
 
Y construyendo grandes presas -como si Cuba fuera la continental Unión Soviética- en ríos de poco caudal que irrigaban tierras bajas y su manto freático, lo que las condenó a la salinización por el mar; ejemplo, la cuenca del  Cauto.
 
Siempre, el campesinado cubano abasteció abundantemente al mercado interno de casi todo lo que necesitaba, antes de que un estado totalitario le ordenara qué y cómo sembrar; prohibiera el comercio a particulares, confiscara casi toda la tierra, derribara arboledas frutales y bosques -incluso usando al ejército con tanques de guerra - y alterara el curso de los ríos.
 
Todo esto, según nos explicaban en discursos y programas escolares, aumentaría extraordinariamente la producción, por significar una forma de producción socialista, supuestamente más avanzada que la capitalista, limitadora de las fuerzas productivas, y que permitiría una "agricultura científica”, ordenada por ukases voluntaristas del líder que no estudió ciencia alguna, pero jugaba con su mapa de Cuba y lápices de colores.
 
Fue una suerte que no continuara sus "planes" neronianos de desecar la Ciénaga de Zapata y la plataforma insular, uniendo con diques los cayos (en los 90 se consoló con unir cayeríos con pedraplenes).
 
Toda la contaminación ambiental que dejaron de producir -porque se vieron impedidos de continuar agrediendo el medio ambiente- la cuentan como mérito; así, no es raro que publiquen sus avances en la descontaminación de la bahía de La Habana, que contaminaron totalmente cuando estaba llena de barcos y que ahora, sin barcos fondeados -salvo excepción- desde los 90, se descontamina naturalmente, y lo cantan como logro. Otras descontaminaciones similares tienen que ver con el cierre de fábricas.
 
Y no mencionan, por modestia, su logro de contaminar la red de agua corriente de La Habana con la red de aguas negras; sencillamente, porque durante 50 años no invirtieron en la reparación de esas redes, que datan de los años 50, y algunas hasta de los años 20 y 30, y el principal acueducto es del siglo XIX.
 
Logro ecológico para los parásitos y virus de epidemias diarreicas, como el cólera.
 
Fuera de la ecología, contaron como gran logro el reconocimiento por la UNESCO de La Habana Vieja como patrimonio de la Humanidad; dijeron, que la conservación de ese espacio de la ciudad se debía a los desvelos conservacionistas y el respeto por los monumentos e Historia de los programas de la revolución.
 
Lo real, es la incapacidad constructiva del sistema, que impidió al Estado y a Castro I demoler casi toda La Habana Vieja y construir edificios modernos y grandes avenidas con árboles, según discurso y planes de Fidel Castro.
 
Ahora, por la misma incapacidad, el resto de La Habana se derrumba, lo que utilizan como excusa para mendigar donaciones a instituciones extranjeras, con el pretexto de conservar el patrimonio.
 
En la misma línea, de pasar el sombrero para que los extranjeros echen algo, deben estar muchos planes de reforestación -después de ordenar arrasar bosques, maniguas y arboledas frutales- y planes experimentales de todo tipo de cultivos y métodos de cualquier cosa.
 
Puesto que el estado deja derrumbarse los edificios y prohíbe a los particulares  transportar productos agrícolas para abastecer a La Habana, Raúl Castro considera un logro de la agricultura urbana  la siembra de plátanos, y la creación de los hidropónicos, donde los derrumbes dejaron espacio. ! Muy  bien pensado, que no siembren los campesinos, sino la gente de la ciudad!
 
A principios de abril, el periódico Granma publicó: "Reconocen esfuerzos de Cuba por su sostenibilidad alimentaria":
 
"La prioridad que otorga Cuba al incremento de su producción agrícola fue destacada hoy"(no dice fecha)"por representantes de la Unión Europea /.../ Herman Portocarrero, embajador de la UE en Cuba, destacó la cooperación /…/con la Isla en cuestiones medioambientales y de adaptación al cambio climático/…/resaltó la labor del proyecto Basal/…/sobre cuyos desafíos debaten aquí expertos cubanos y extranjeros/…/ ese proyecto será aplicado experimentalmente  en /…"
 
Después de cogerle euros para experimentos,a esos experimentadores que vienen a Cuba a burlarse de un pueblo con hambre, y a alabar a los fabricantes del hambre, por lo bien que la combaten, la moraleja de la nota de prensa es destacar  que "la actividad agropecuaria en Cuba está directamente afectada por el cambio climático, en particular/…/sequias y lluvias extremas/…/ y una mayor incidencia en las plagas y enfermedades, entre otros."
 
Ciertamente, además de cólera y otros virus que pueden aliviar el problema del hambre limitando el número de bocas, como siempre las han limitado con el maltusianismo estatal de la política de abortos a granel, hay una plaga de extranjeros que halagan al Gobierno -ellos sabrán por qué- proveídos principalmente por funcionarios de instituciones de la ONU (Organización de Naciones Unidas); la primera de ellas, la UNESCO.
 
La  escasez en Cuba, existe desde mucho antes que se produjera  cualquier cambio climático; precisamente desde el cambio del capitalismo, de país subdesarrollado y neocolonial, al maravilloso socialismo estalinista de país libre-pero-no-tanto," en vías de desarrollo", con avance arrollador hacia el progreso.
 
Antes, ningún gobierno se ocupaba mayormente del campesino y de la agricultura; la ONU no alababa los esfuerzos del gobierno cubano, porque no existían.
 
En ningún evento internacional debatían los expertos sobre cómo sostener la alimentación de los cubanos, pero los cubanos comían y exportaban e importaban alimentos, desde EE.UU y Europa.
 
En Cuba, cuando alguien pretende exculparse, culpando falsamente a circunstancias fortuitas, decimos: "La culpa la tiene el totí", proverbio sacado de un chiste del siglo XIX, en que un amo pedía cuentas a su esclavo negro sobre la cosecha robada, y el esclavo culpaba al pájaro totí de toda la merma.
 
Hoy, los "totíes" destructores de cosechas e industrias que desgobiernan a Cuba, culpan al cambio climático, y siempre encuentran a funcionarios de la ONU que les sigan el juego.
 

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