lunes, 22 de abril de 2013

Utilizan a bebés en red de estafas y mendicidad a extranjeros


Por Jaime Leygonier/ Hablemos Press.


La Habana, 22 de Abril.- En zonas turísticas como La Habana Vieja, particularmente en  las calles Obispo y Prado, prospera una red de estafa a turistas extranjeros mediante explotación de la mendicidad de madres con niños pequeños, industria que asocia a cajeras y administradores de comercios y a policías, según vecinos y una implicada.

Incluso hay madres que alquilan a sus pequeños para esa mendicidad.

Estas mendigas abordan a los turistas y les explican que se les acabó la leche porque la cuota de la cartilla de racionamiento no alcanza (lo cual es cierto) que no tienen nada que darles de comer a sus niños, y los extranjeros les compran alimentos y artículos, rara vez les entregan dinero.

Cuando se alejan los compasivos turistas, la madre, que había fingido marcharse, regresa, entrega los productos a la cajera de la tienda, quien es su cómplice, y ésta le devuelve parte del dinero de la compra y se queda con otra parte.

La operación la graban totalmente las cámaras de video de las tiendas y, en las calles, las de la Policía Nacional Revolucionaria; la ven supervisores, gerentes y policías, pero prosigue, al igual que la prostitución que en esas mismas  zonas cuenta con amparo de policías proxenetas o cohechados.

La mendicidad con niños empezó en La Habana desde que aparecieron turistas extranjeros y tiendas para ellos en que no era válido comprar con la moneda nacional. Los niños los asediaban pidiéndoles chicles o centavos.

Pronto, padres inescrupulosos enviaron a sus niños a mendigar para ellos. El incremento de la miseria acrecentó la mendicidad y, no ya las cajeras de tiendas, !hasta el Estado explotó y explota la mendicidad dolarizada!: Pues muchos empleados de la industria turística carecen de salario y laboran hasta 12 horas por propinas.

Por no hablar de cómo el Historiador de La Habana, Dr. Eusebio Leal, inventó la falsa tradición de echar monedas al pie de la ceiba del templete, y la mendicidad disimulada de falsas cartománticas y personajes carnavalescos que deambulan por la zona turística cobrando a los turistas $1 US dólar por posar para fotos.

Como la imposibilidad de vivir del salario aumenta con los precios, y los alimentos racionados no alcanzan para comer durante todo el mes, la mendicidad de niños y ancianos crece, particularmente la de estas madres  que piden leche para sus niños.

Éstas proceden del sector social más desfavorecido y sin ayuda económica de familiares en el extranjero son mayoritariamente  de raza negra y madres solteras.

En otra sociedad serían  adolescentes emprendedoras que satisfarían sus necesidades  con su trabajo o el de su marido o su padre; aquí su penuria, o su deseo de acceder a migajas  del Apartheid para extranjeros,  únicamente puede satisfacerse con la mendicidad, en peligro para sus niños y ellas.

 Ahora que su aumento en número las hace demasiado visibles, es de esperar que el Gobierno según acostumbra  para ocultar su verdadera imagen, ordene a la Policía una redada contra el problema social que él genera, y les aplique "castigo ejemplar" por  desmentirle el discurso con sus miserias.

 Una muchacha que mendiga con su bebé explica: "A mí me "embulló" " (animó) "una amiga que está en mucha necesidad, ella de verdad que sin eso se moría de hambre, no podría darle de comer a sus niños. Yo estoy mejor, mi mamá me da la comida y ropa que necesito, pero con ese invento gano para comprarle cosas lindas a mi bebé y merendar en cafeterías para extranjeros, me divierto y no le hago mal a nadie. Las que están en eso son jóvenes, casi todas negras o mulatas, muchas de La Habana Vieja, pero ya vienen de todos los barrios; las viejas no, esas piden de otra forma. Una aprende como tratar a los "yumas" " ( extranjeros, particularmente estadounidenses): " Hombres solos no dan na', los matrimonios sí, muchas veces el hombre no quiere, pero la mujer lo obliga, le coge lástima al niño y a una; hay que entrarles sin que la mujer crea que una quiere algo con su marido; si es de España, una le dice "guapa", "bonita", si son americanos, o de otro lado, ya aprendimos a chapurrear unas  frases en Inglés con las que les explico que se me acabó la leche para "my baby" porque la que dan en la bodega no alcanza, que no tengo nada que darle de comer - hasta hay una, algo retrasada mental, que se aprendió ese Inglés y gana mucho cantidad - me llevan a la tienda y me compran leche y algo más; a veces alguna me compra pollo, jabones y aceites para bebé. Salimos, se van, me voy por la dirección opuesta, le doy la vuelta a la esquina, espero un ratico, regreso a la tienda, doy a la cajera las cosas compradas y ella me da mi parte del dinero; y salgo a cazar a otra pareja de "yumas".

Pregunto a la muchacha si no cree que perjudica al bebé con tenerlo horas lejos de los cuidados del hogar, exponiéndolo al calor de la calle y a cambios bruscos de temperatura al entrarlo al aire acondicionado de las tiendas; "¿no te parece que explotas a tu bebé y a los turistas?".

"No, eso  no es malo para mi bebé, así él pasea conmigo y come muchos caramelos caros que le regalan y refrescos de latica, todo por dólares, pocos niños pueden tener eso; no hago nada malo; y para los turistas ese dinero es nada, ellos tienen más, y no vendo mi cuerpo como muchas. Media Habana Vieja está viviendo de los turistas de una forma u otra, a cual peor: droga, sexo (…) Yo no alquilaría a mi bebé, pero sé de una madre que alquila a los dos más chiquitos (…) No, no conozco casos de prostitución infantil, pero existe , oí contar cosas, como de una que ofrece a su sobrina, niña de 10 años de edad; una vez unos "yumas" me propusieron algo raro con mi chiquitico, no entendí bien, no me gustaron y me alejé enseguida. Yo sólo pido leche".

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