lunes, 29 de abril de 2013

Secretos a voces del transporte de pasajeros en Cuba

Camiones de pasajes particulares. Foto: Roberto J Guerra.

Por Moisés Leonardo Rodríguez/ Hablemos Press.

Artemisa, 29 de Abril.- La mayor parte de los pasajeros en la isla se transportan en automóviles, camiones, camionetas y unos pocos ómnibus particulares con más de 50 años de circulación así como en vehículos de propiedad estatal vinculados a instituciones y centros de trabajo, que se mantienen en funcionamiento gracias al mercado informal y otras ilegalidades.

Fuera de la capital, los vehículos fabricados en Norteamérica hace más de medio siglo, transportan la mayor parte de los viajeros dentro y entre municipios y en viajes interprovinciales. Algunos atraviesan la isla desde la capital hasta las provincias orientales en recorridos de alrededor de1000 kilómetros.

Los mismos poseen numerosas adaptaciones con piezas, partes y agregados de medios más modernos que han sido desarmados después de causar baja técnica y con repuestos robados de talleres y almacenes estatales.

Otra parte de los viajeros se mueven en ómnibus estatales destinados al traslado de obreros o al servicio de instituciones como el ministerio de educación, cultura o deportes.  Sus conductores cobran sin que se les controle lo recaudado, lo que les motiva a prestar este servicio para obtener ingresos extra que compensen sus bajos salarios.

No todo es ganancia para estos últimos pues los mecánicos de los talleres correspondientes les cobran ilegalmente para adelantar el turno de reparación y por las piezas que “no hay en el almacén pero yo tengo un amigo que las resuelve” o de lo contrario deberán acudir a mecánicos particulares que también les cobran un ojo de la cara por cualquier servicio.

No solo piezas y agregados sino además combustible, lubricantes, líquido de freno y otras necesidades de los transportes es posible obtenerlos en el mercado informal, bolsa negra, y es en ella donde lo compran preferentemente los transportistas tanto particulares como estatales que disponen de sus vehículos para lucrar extraoficialmente.

A pesar de que los particulares transportan la mayor parte de los viajeros, de que los vehículos estatales son utilizados como medios de lucro ilegal, y que en ambos casos constituyen caldo de cultivo para las ilegalidades, el Estado ha demorado por décadas la decisión de crear los marcos legales e institucionales para que se integren cooperativas de ómnibus para el traslado de pasajeros.

Hasta entrada la  década de los sesenta, la Cooperativa de Ómnibus Aliados (COA) prestaba un servicio seguro, eficiente y confortable en la isla a precios módicos. La estatalización del transporte público de pasajeros tuvo desde entonces altas y bajas. En los últimos 20 años ha estado siempre al borde del colapso, compensando su ineficiencia los particulares.

Si las denominadas reformas estuvieran dirigidas realmente a solucionar, o al menos aliviar, los problemas de la gente de a pie, entonces la cooperativización del transporte de pasajeros debió ser de las primeras dado que la alimentación, la vivienda y el transporte son las tres cosas que motivan más quejas de la población.

No dar este paso no solo demuestra que la prioridad de las “reformas” es satisfacer intereses del poder sino que además es una pérdida de una gran oportunidad para disminuir el moralmente dañino predominio de la bolsa negra y otras ilegalidades en la cotidianidad de la vida nacional.

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