viernes, 19 de abril de 2013

Razones para callar

Por Moisés Leonardo Rodríguez/ Corriente Martiana.

Artemisa, 19 de Abril.- Una queja de la aberración de no decir lo que se piensa y aprobar aquello con lo que no se está de acuerdo es formulada por la periodista Yaima Puig Meneses en un artículo titulado Excusas para callar, del periódico Granma del 26 de febrero, sin que señale las razones para dicha conducta en la mayoría de los cubanos.

No se refiere Yaima a que con la zafra de 1970 Fidel Castro se propuso lograr 10 millones de toneladas de azúcar y muchos de los azucareros que advirtieron de la imposibilidad de tal capricho fueron estigmatizados de contrarrevolucionarios, expulsados de sus trabajos y alguno más que otro fue a dar con sus huesos a la cárcel.

A pesar de la consigna ¡Los diez millones van! los hechos dieron la razón a los críticos que fueron ignorados o castigados. La lección quedó clara ¿para qué opinar o criticar a quienes hacen oídos sordos a todo lo que sea contrario a su idea?

Fidel Castro confesó públicamente durante la causa 1 de 1989 que aún cuando más del 90 por ciento de los cubanos estuvieran en desacuerdo con fusilar al general Ochoa, se habría hecho porque era necesario para bien de la revolución.

Aun se castiga a quienes exponen sus criterios no obstante los llamados del general presidente, como cita la periodista, de “la necesidad de no temer a las discrepancias”. Persiste la unanimidad en el parlamento y en casi todos los círculos oficialistas a pesar de reconocerse por el propio general que “La unanimidad absoluta generalmente es ficticia y por tanto dañina”.

A la pregunta de “¿Por qué dar por sentado que nadie escuchará nuestros criterios?” pueden responder los miles de ciudadanos que han dirigido quejas y peticiones al Consejo de Estado y otras instituciones y han recibido la callada por respuesta o han sido peloteados a terceras instituciones o dirigentes que no les han dado respuestas convincentes.

Los derechos consagrados en la Declaración Universal de Derechos Humanos de  participar en el gobierno de su país y de manifestar las propias opiniones por cualquier medio son negados a los cubanos, con énfasis a quienes disienten públicamente.

Bien saben de esto último los opositores cubanos que han recibido condenas de hasta  28 años de prisión por expresar sus opiniones e informar de hechos consumados. “Con esos truenos ¿quién duerme?”.
Cierra el artículo en que refiere las excusas pero omite las razones, con una verdad  “Solo en un marco de respeto y compromiso, la expresión de ideas y conceptos diversos permite siempre que las discrepancias se asuman como algo natural”.

Respeto que no profesa la oficialidad hacia los que disienten y compromiso con los intereses de los gobernados y no solo con los del grupo de poder y sus incondicionales.

Solo ese marco de respeto al derecho ajeno como fórmula de convivencia y de democracia en la dirección del país posibilitará el anhelo de Yaima y de casi once millones de cubanos más. Entonces no habrá excusas, ni razones para callar.

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