lunes, 22 de abril de 2013

Mendicidad en La Habana (II)



Por Jaime Leygonier/ Hablemos Press.

La Habana, 20 de Abril, 2013.- Prosigo con ejemplos de cómo en vez de "el espíritu proletario" fue la mentalidad parasita y mendiga la que prosperó en Cuba entre el pueblo y en el propio Estado.

Con la escasez, se convirtió en normal, basado en cierto fondo de hidalguía propio del cubano,  prestarse o regalarse productos unos a otros los vecinos. En Cuba no es ridículo pedir prestado un huevo o dos puñados de arroz, o regalarlo.

No todos son generosos, también empezaron las peleas por "¿Quién se comió mi pan? (Por la cartilla de racionamiento recibimos un panecito diario).

Y la molestia -o imposibilidad- de atender en sus necesidades a los hijos de anterior matrimonio, o a la madre anciana, que además ocupa una habitación o un camastro que despiertan la codicia de sus parientes.

Los particulares y asociaciones que antes ejercían la beneficencia carecen hoy de solvencia económica para ello.

Las iglesias, particularmente la Católica, tienen proyectos de ayuda a los necesitados y ello es fuente de explotación y chantaje por el Estado: Intermediario, juez y parte en las donaciones, que  coge "la parte del león".

El manejo y reparto de estos recursos por las iglesias genera dependencia del estado, corrupción interna, lucha por puestos, falsos conversos que se acercan únicamente para recibir una blusa o una botella de aceite -otros se dedican al arribismo para ascender hasta manejar fondos o viajar al extranjero.

Quien recibe ayuda de una iglesia no razona que recibe una limosna, amaestrado a "coger lo que me den", "coger lo que me toca", los hay que sin necesidad de esa ayuda, y hasta con desprecio por la Religión, se fingen necesitados para que le regalen alguna ropa usada, donada desde el extranjero.

La mendicidad con los extranjeros en La Habana Vieja empezó desde que aparecieron turistas con moneda extranjera para tiendas en que no era válido comprar con la moneda nacional. Los niños los asediaban pidiéndoles chicles o centavos para golosinas.

Pronto, padres inescrupulosos enviaron a sus niños a mendigar para ellos. El incremento de la miseria acrecentó la mendicidad y, no ya las cajeras de tiendas, !hasta el Estado explotó y explota la mendicidad!: El Historiador de La Habana, Dr. Eusebio Leal, colocó como atracción turística a mujeres disfrazadas de echadoras de cartas (a $1 U.S. dólar la buenaventura) o con trajes estrafalarios -falsos personajes típicos- que cobran a los turistas $1 dólar por fotografiarse con ellas.

Tras esta disimulada explotación estatal de la mendicidad  hay otra desembozada: Eusebio Leal -mendigo internacional de donaciones para la restauración de La Habana Vieja- pretendió recuperar la tradición supersticiosa de dar vueltas al árbol de ceiba del Templete el día de la fundación de la Ciudad…
Pero la alteró impostándole algo ajeno a la tradición: El que la gente eche a los pies de la ceiba dinero … que luego recogen empleados suyos.

Los bares restaurantes de La Habana Vieja cuentan con tríos, conjuntos y orquestas excelentes, músicos de escuela que si tuvieran oportunidad  triunfarían en TV, radio y en el extranjero; pero  en esos establecimientos estatales no les pagan un centavo por su trabajo.

Los administradores les permiten tocar allí de gratis y como pago les conceden solamente el importe de los tragos con que como propina los  convidan los turistas.

Por todos los barrios de La Habana, los cubanos encontramos a niños que nos piden un peso para pan, los más tienen hambre, otros mendigan enviados por padres alcohólicos. Ancianos sin amparo filial se acercan a cafeterías particulares donde les regalan alimento.

Donde quiera hay ancianos que piden: "Deme algo", pero la inmensa mayoría se encierra en sus viviendas con su hambre; muchos reciben socorros de vecinas, pero éstas no siempre tienen.

Y no faltan niños  bien vestidos a quienes, si no les alcanza el dinero, les parece natural, en vez de acudir a sus padres, solicitar un peso a los transeúntes para completar la suma que necesitan para comprarse una pizza o golosinas.

Como la imposibilidad de vivir del salario aumenta con los precios, y los alimentos racionados no alcanzan para comer durante todo el mes, la mendicidad de niños y ancianos crece, particularmente la de madres en la angustia de no tener leche para sus niños.

Son los desfavorecidos, por carencia de las vías de altos ingresos vigentes, a saber: Corrupción. Ayuda económica de familiares en el extranjero. Negocios ilegales - por los que circula parte del dinero de las remesas hasta las manos de quienes no reciben esa ayuda. Crimen.

En otra sociedad esas jóvenes que mendigan o estafan o se prostituyen satisfarían sus necesidades  con su trabajo, el de su marido o su padre; aquí su penuria, o su deseo de acceder a migajas  del Apartheid para extranjeros,  únicamente puede satisfacerse con la mendicidad.

Son "el hombre nuevo" en la recta final de la receta de "hagamos una sociedad justa" que proclamaron Lenin, Mao, Stalin, Castro, etc.

Receta que aplican hoy en América Latina imitadores de Castro, y sirve para ganar al pueblo, beneficiado al principio, esperanzar a los más pobres, pero que dura poco y al despertar del "sueño de justicia" les cuesta pagar la cuenta de los platos rotos por el caudillo,  con sumisión perfecta  a él.

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