viernes, 19 de abril de 2013

Mendicidad en La Habana (I Parte)

Por Jaime Leygonier/ Hablemos Press.


La Habana, 19 de Abril.- Mi trabajo "Utilizan a bebés en red de estafas y mendicidad a extranjeros" trata sobre un caso particular dentro de un mal general económico y psicológico, que convendría explicar, pero cuyo análisis  sería demasiado extenso.

Explicar las causas de la mendicidad y parasitismo actual en Cuba sería historiar la revolución socialista de Fidel Castro, el proceso de su fracaso económico e ideológico, la enajenación del cubano despojado  de principios elementales para la convivencia humana y de su dignidad personal.

Procuraré resumir, aunque imperfectamente: La beneficencia y la mendicidad, son mecanismos sociales de auxilio a los más necesitados; mecanismos imperfectos, censurados porque se prestan a injusticia y vanidad de "los de arriba" y a estafa de falsos pobres. Pero, que, al cabo, redistribuyen algo la riqueza para aliviar necesidades.

En Cuba, hubo hospitales, consultorios, orfanatos y ancianatos, sostenidos por particulares o sus asociaciones, iglesias, fraternidades, o por el Estado, ejercían la beneficencia  brindando  diversos servicios a los necesitados.

Como los alimentos eran baratos y abundaba una solvente clase media trabajadora y comerciante que -además de apoyar obras benéficas- cocinaba de más, según tradición de convidar a la visita inesperada, los necesitados podían tocar a las puertas para pedir alimentos cocinados.

Era dantesco el espectáculo de miles de mujeres y niños que al anochecer, con latas en las manos, salían del barrio de las yaguas - inmensa villa miseria habanera- para recibir alimentos de los vecinos de barrios cercanos.

Fidel Castro tomó el poder en 1959 con inmenso apoyo popular y declaró innecesaria "la hipócrita beneficencia burguesa", "la Revolución" acabaría  con la pobreza, "nunca más volverán el hambre, la prostitución, la mendicidad, el desamparo de los niños y ancianos, la criminalidad, lacras del pasado capitalista".

En pocos años dedicó grandes recursos a construcción de viviendas donde ubicar a los pobres y mendigos, las villas miserias fueron demolidas teatralmente; construyó escuelas; aumentó los salarios, rebajó al 50% los alquileres, acabó con los prostíbulos y "reeducó" y empleó a las prostitutas.

Acabó con el desempleo creando artificialmente empleos "para todos", inflando las plantillas, fomentó escuelas internas (becas) beneficiando a los niños de familias pobres, empleó como militares a más de medio millón de cubanos y, como maestros, a centenares de miles.

El estado paternal (Castro) absorbió la beneficencia, en sus necesidades todos acudían (y acuden) al Estado. La mendicidad desapareció casi totalmente. Todo el mundo tenía empleo y salario… pero desvinculados de la producción.

La solución de los problemas personales y familiares ya no era deber personal y no tenía nada que ver con el trabajo de uno.

El "estado proletario" no fomentó la clase obrera -imposible sin construir más industrias- sino una inmensa clase parásita de obreros y campesinos que no producen por falta de estimulo económico y por frenos estatales, inmensa burocracia, discursiadores revolucionarios profesionales, ingente ejército.

Luego, acabó la luna de miel revolucionaria y vinieron las consecuencias: La inflación y la escasez por reducción de la productividad y por la rotura de los lazos económicos seculares con los EE.UU, de cuya economía era complementaria la de Cuba.

Empeoró todo con los gigantescos planes económicos de Castro "para salir del subdesarrollo" -especie de apuestas a la ruleta de "todo por el todo"- que concluyeron por arruinar la economía.

Y dejarla mendiga de la economía de la URSS y sobrecargada por los insostenibles planes paternales de asistencia social a los pobres, y haciendo Castro con Cuba una política internacional de gran potencia.

Luego se hundió la URSS demostrando la ineficiencia propia del sistema y empezó la dependencia mendiga de Hugo Chávez. Y la explotación de los cubanos  emigrados, quienes con sus remesas familiares sostienen a sus familias en Cuba y al Estado que las tiene como rehenes.

Las remesas familiares devinieron en mecanismo de supervivencia para muchos, de diferenciación social para todos y de enajenación de la vida nacional: Es mendicidad de lujo y cívicamente castradora. Diferencia social según el  consumo divorciada del trabajo o el mérito.

Los beneficiados sobrellevan la crisis, se acostumbraron a vivir mejor sin trabajar, para ellos trabaja el pariente, y no sienten necesidad del cambio político, abominan del Gobierno, pero votan revolucionariamente en las farsas gubernamentales "para no buscarnos problemas".

Hasta los hay comunistas y chivatos comiendo de los dólares del enemigo y alabando un socialismo, que realmente no viven.

Unos reciben lo mínimo para comer, otros gastan moto y bebidas con prostitutas adolescentes y desprecian a sus compatriotas sin dólares, todo a costa de un familiar que suda la camisa en una "factory".

Todo el proceso dejó  en el subconsciente colectivo, sobre todo en "el hombre nuevo" las siguientes profundas convicciones: El trabajo personal es inútil para solucionarme problemas. Por tanto, no es vergonzoso no solucionar mis problemas y no trabajar.

El estado paternal tiene el deber de solucionarme los problemas.
Lo único que puedo hacer es escribir peticiones al Estado y cruzarme de brazos.

Tengo derecho a recibir sin aportar nada, está bien que otro me dé cosas y me solucione los problemas.

El índice que marca la categoría social es el consumo.-  Y según ese criterio (muy generalizado entre los más jóvenes) la prostituta, el corrupto, el parásito de la familia,  son superiores a los hambreados trabajadores, médicos, profesores.                                                                                                        (Continuará).

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