martes, 16 de abril de 2013

Los crímenes de Fidel

Por Ernesto Aquino/ Hablemos Press.

La Habana, 16 de Abril.- ¿Qué dudas pueden existir sobre la naturaleza genocida y la capacidad destructiva de Fidel Castro, como no sean las que genera el desconocimiento de la historia, o la complicidad?

La historia, es una prisionera de conciencia de las tiranías totalitarias.
Los gobernantes de estos regímenes antinaturales, tratan de borrar cualquier referente histórico que pueda establecer -sobre la base de la evidencia- la perversidad de su ideología y su falta de compromiso con la lealtad. 

En el mes de agosto de 1968, el gobierno de la Unión Soviética movilizó, preparó y dispuso para la guerra a 250 000 soldados. El día 20 de ese mismo mes, invadió Checoslovaquia.

El 23 de agosto, tres días después de comenzada la invasión, Fidel Castro se dirigió a la nación cubana a través de la televisión.

Toda su retórica, para justificar la criminal acción de los soviéticos, la  resumió en unas pocas palabras. “Nosotros aceptamos”, -dijo- “la amarga necesidad que exigió el envío de esas fuerzas a Checoslovaquia; nosotros no condenamos a los países socialistas que tomaron esa decisión” (La decisión fue tomada unilateralmente por los soviéticos).

El 27 de diciembre de 1979, los imperialistas soviéticos invaden Afganistán.

En el mes de septiembre de ese mismo año, Cuba había sido elegida para presidir el Movimiento de Países No Alineados, del cual Afganistán era un miembro pleno. Fidel Castro, entonces presidente de los No Alineados, no pronunció ¡Jamás! una sola palabra de condena contra aquel acto del más primitivo imperialismo.

La guerra contra Afganistán duró 10 años; fue devastadora y criminal. Castro apoyó la barbarie soviética, hasta que en febrero de 1989, como parte de su política de apertura y reformas, Mijaíl Gorbachov le puso fin con el retiro total de las tropas soviéticas. 

Pero durante el “Vietnam soviético” -como fue conocida la aventura bélica de la Rusia Leninista-, Fidel Castro tuvo otros romances con el crimen internacional.

El 10 de Junio de 1987, en la Ciudad de Panamá, el régimen militar comandado por el General Manuel Antonio Noriega, arremetió contra miles de manifestantes que se habían movilizado en una Cruzada Civilista nacional que pedía el fin de la dictadura en el país.
Durante los hechos de ese día, conocido como Viernes Negro, las fuerzas anti-motines llamadas Dobermans, junto con otras fuerzas de choque de esa institución armada, apoyadas por grupos paramilitares, arremetieron contra los miles de manifestantes.

Durante la intensa represión, se llevaron a cabo arrestos masivos y se cometieron flagrantes violaciones y vejaciones de todo tipo contra los opositores y ciudadanos panameños en general. Hubo cerca de 3 000 arrestos y un total de 750 muertos.
Castro, le regaló al Noriega de todos los demonios el acostumbrado silencio de aprobación que le permitiría seguir adelante con su alianza macabra con el tirano panameño.

Luego de concluida la guerra soviética contra Afganistán
-aproximadamente un mes más tarde-, Fidel Castro volvería a mostrar su predilección por las ejecuciones masivas.  

Entre el 15 de abril y el 2 de junio de 1989, en la República Popular China se produjeron una serie de manifestaciones -lideradas por estudiantes- en la Protestas de la Plaza de Tian'anmen, en Pekín.

En la noche del día 3, el Gobierno chino envió los tanques y la infantería del ejército a la plaza, para disolver la protesta.

El estimado de las muertes civiles varían entre 800 y 2600, y el número de heridos se calcula entre 7.000 y 10.000.

La cruel represión a la Protestas de la Plaza de Tian'anmen causó la condena internacional contra el gobierno chino, por la naturaleza intrínsecamente genocida de su actuación. Una vez más, Fidel Castro guardó silencio.     

Mención aparte merece su aventura bélica en África –sobre todo en Angola-, por el altísimo costo en vidas humanas.

Alrededor de 10 000 soldados (jóvenes la mayoría), perdieron la vida en una guerra civil absolutamente ajena a los intereses del pueblo cubano.

Su aberrante obsesión de mesías perturbado, hizo de la injerencia en los asuntos internos de los pueblos la razón de ser de su neurosis.    

Estos hechos, reveladores de la naturaleza intrínsecamente perversa y desleal  de Fidel Castro, son apenas una insignificante muestra de su capacidad destructiva.

Su histórica falta de escrúpulos, su odio visceral al ser humano y su adicción incontrolable al terror de masas lo convierte en uno de los gobernantes más despreciables de la historia de la humanidad.

No hay dudas acerca de lo que sucederá con esta bestia despiadada y ruin. Será absorbida por el juicio implacable de la historia, que ya lo condenó al desprecio eterno y al silencio infinito de los innecesarios.

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