martes, 12 de marzo de 2013

Siniestra complicidad

Por Jorge Alberto Liriano Linares/ Hablemos Press.


Camagüey, 12 de marzo.- El sistema penitenciario cubano continúa evidenciándose como el más perverso y genocida violador del derecho internacional y los derechos humanos a nivel mundial. 
La podredumbre del régimen carcelario de la isla data de los inicios del triunfo revolucionario, y son millonarias las cifras de cubanos y cubanas que han sufrido en carne propia el monstruoso comportamiento de un sistema que, lejos de rehabilitar y construir, sigue empeñándose en someter a los presos mediante la represión, la arbitrariedad y la injusticia, dejando a su paso horrorosas huellas de destrucción y muerte.

Resulta inhumano, improcedente y totalmente ilegal, la impunidad y el desinterés del gobierno y su máxima dirección política, que durante 54 años se ha mantenido al margen del problema, cuando las evidencias confirman la realidad de cómo viven y son tratados los presos en el interior de las cárceles.

En la actualidad, las criminales acciones que tienen lugar en la prisión provincial Kilo 7, conforman un deplorable récord histórico, y reflejan la magnitud de los tratos crueles, inhumanos y degradantes en el interior de las prisiones; y por supuesto, una auténtica catástrofe en materia de derechos humanos y de toda garantía de vida.

El problema está latente. Los hechos y cifras hablan por sí solos.
¿Hasta cuándo se seguirá repitiendo, año tras año, la misma historia?

Se repite constantemente la marginada población penal, que no esconde el miedo; miedo de hablar y expresar su dolor; miedo de rebelarse ante tanto abuso de poder, ante tanta corrupción judicial y administrativa; miedo de ser torturados y golpeados brutalmente; miedo de morir asesinado; miedo a la violencia y la represión por parte de los militares; miedo ante el enorme abandono legal en que viven, y la falta de derechos; no es otra cosa que miedo a lo que impera tras estos muros donde nadie puede sentirse seguro, al comprobar que el sistema alienta la represión y consiente la impunidad.

Podríamos mencionar cientos de ejemplos, pero la lista sería interminable. Solamente en este año 2013, en la prisión Kilo 7 la cifra de crímenes, delitos y actos violatorios perpetrados por las autoridades continúan disparándose alarmantemente.

Datos estadísticos oficiales, confirman que 6 de cada 10 reclusos reciben, diariamente, maltratos de obra y palabra producto de la carencia de vocación humanista y preparación de los custodios, entrenados sólo para odiar y matar.

En los inicios de este 2013, y hasta el 8 de marzo, resultaron lesionados graves 12 sancionados; todos ellos fueron golpeados brutalmente, con inminente peligro para sus vidas: Todo un baño de sangre orquestado por las fuerzas del orden interno y comandados por su máximo representante, el Teniente Coronel Filiberto Hernández Ruiz. Hay que llamarlo así, por su nombre y apellidos, pues los torturadores y asesinos no están solos; es evidente que responden a órdenes superiores.

Pero no se trata sólo de brutales golpizas; también en la prisión Kilo 7 se emplean métodos de torturas aberrantes y de extrema crueldad.
Al cierre de febrero, 27 reclusos resultaron torturados, al ser esposados y amarrados a las rejas y camas en las celdas de castigo y locales de encierro de la posta médica; desnudos y privados del derecho de alimentos y agua para beber.

La inmensa mayoría, sufrió por más de 24 horas este suplicio tan cruel. Estos mecanismos son aplicados sistemáticamente a los reclusos con tendencias suicidas.

Para nadie es un secreto que la violencia sólo engendra violencia, y los salvajes métodos de represión, empleados por las fuerzas del orden interno en esta prisión, son la principal causal de las riñas entre reclusos, con un saldo de 16 lesionados de extrema gravedad, en lo que va de año.

En medio de todo este escenario desestabilizador -donde prima la violencia incontenible-, 38 reclusos con trastornos mentales acudieron a la auto agresión y 22 intentaron quitarse la vida, sumidos en la angustia, la desesperanza y el abandono legal en que viven y son tratados.

Dolorosamente, tenemos que lamentar la pérdida de una vida humana, inducido por el propio jefe de orden interior, capitán Julio Veneben Suárez. El recluso terminó ahorcándose, dando por terminado el sufrimiento de más de 20 años de encierro.

A todo este desastre en materia de derechos humanos, hay que agregar los cientos de prisioneros -la gran mayoría jóvenes- que permanecen aislados, sin contacto humano y sin ningún elemento de estímulo. Los cientos de enfermos con trastornos mentales, los discapacitados invidentes; los enfermos en fase terminal y los contagiados con el VIH/SIDA y la tuberculosis u otras patologías que resultan incompatibles con el régimen de reclusión. Los centenares que sufren desnutrición extrema, producto de la hambruna prolongada; saldos que se incrementan cada día que pasa, y a los que resulta imposible sobrevivir por su condición brutal, odiosa, represiva y de tamaño desamparo.

Dolorosamente, los cubanos tenemos demasiados pasajes terribles haciendo sangrar las heridas; nuestras heridas que están muy vinculadas a los atropellos y violaciones sistemáticas; el derecho a la vida, y el derecho internacional humanitario.

Es triste y desalentador, que dentro y fuera de Cuba, muchos que sufrieron en carne propia el oprobio, cruel y criminal del presidio,
que es el más rudo y devastador de todos los dolores, se puedan olvidar de las experiencias vividas.

Es triste permanecer con los brazos cruzados, y la conciencia tranquila; cuando ayer -en el pasado reciente-, enfrentaban y compartían, junto a los presos cubanos, la barbarie ultrajante y el desastre carcelario del régimen de la isla.

Es inaudito que aquellos que sufrieron condenas en Cuba, hoy guarden silencio y se hagan cómplices de la barbarie.

Resulta inconcebible, cruel e injusto que los organismos de control y defensa en materia de derechos humanos de la ONU, se rehúsen a visualizar y levantar sus voces, ante los crímenes y actos violatorios que a lo largo y ancho de la isla (especialmente en las prisiones) se están cometiendo.

¿Cómo es posible hacerse cómplice; vivir aislado del odio, la violencia; el trato cruel, inhumano y degradante que tiene lugar tras estos muros? Es inadmisible, que tantos en el mundo se rehúsen a escuchar y solidarizarse ante tanto dolor, crueldad e injusticia que brotan del interior de las cárceles cubanas, desde donde se pisotean y mancillan la dignidad de miles de seres humanos.

¿Cómo es posible que no exista un freno que logre superar la odiosa condición de inequidad, segregación, exclusión y marginalidad en la que viven los presos cubanos?

¿Cómo no darse cuenta que Cuba está actuando como juez que evita ser inspeccionado y juzgado, cuando su criminal expediente lo convierten en el primer acusado?

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