martes, 12 de marzo de 2013

Si muero, no será de miedo

Por Ernesto Aquino/ Hablemos Press.

La Habana, 10 de marzo.- Los comisarios intermedios de la Santa Inquisición policial del castrismo, a falta de hombría para cuestionar los errores y falsedades históricas de su propia política unipartidista, se lanzan contra la libertad de pensamiento y expresión, encendidos de furia, y blandiendo en alto la histérica espada de su fanatismo.

El pasado 8 de marzo, fui citado -con apenas tres horas de antelación- a comparecer ante tres soldados de la Seguridad del Estado, en la 4ta. Unidad de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), ubicada en Calle Infanta y Manglar, municipio Cerro.

El sujeto responsable de la alarma policial, fue un artículo que escribí titulado: “Chávez, otra víctima del ajuste de cuentas” y que fue publicado en el sitio digital de Hablemos Press.

En ausencia de argumentos inteligentes y motivaciones razonables, lo único que se les ocurrió fue amenazar, tratar de intimidar y exhibir una incapacidad absoluta para la confrontación juiciosa.

Cometieron la torpeza de llamarme mercenario y afirmar que yo trabajo para la Oficina de Intereses de los Estados Unidos en La Habana, lo que prueba cuan profundamente desinformados están estos soldados y lo poco que se avergüenzan de las burdas mentiras y las acusaciones falsas con que acostumbran a fomentar el descrédito de los ciudadanos que nos atrevemos a pensar diferente y -lo que es más grave- ha expresarnos con absoluta libertad. ¡Y todavía tienen la desfachatez de pedirme cuentas por el contenido de mis artículos de opinión, y exigirme que presente pruebas de mis afirmaciones!

¿Qué pruebas tienen ellos para afirmar que soy un mercenario y que,
además, trabajo para la Oficina de Intereses?

¡Vayan a pedirle cuentas al periódico Granma, por los 50 años de mentiras y desinformación!

Vayan a pedirle cuentas a Raúl Castro por afirmar en el sexto Congreso del Partido que nunca se cumplió ni uno solo de los acuerdos tomados en los cinco congresos anteriores (Y por cada congreso -según él- se tomaban 300 acuerdos, lo que suma un total de 1500 acuerdos que jamás se cumplieron).

Es decir, que durante 50 años Fidel y Raúl Castro en sus discursos, y el periódico Granma y todos los panfletos de cuarta que publica la tiranía, han afirmado que “estamos avanzando en la construcción del socialismo; que cada año se cierra con todas las metas cumplidas y bla, bla bla.

¿Cómo puede un país construir cosa alguna, o llevar a término un programa, cuando no es capaz de cumplir uno solo de los compromisos que ha tomado en todos los congresos que realizó -nada más y nada menos- el órgano rector de la sociedad; es decir, el Partido Comunista.

¿Cómo no se dieron cuenta, en el Segundo Congreso, que los acuerdos del primero no se habían cumplido?

¿Qué estaban haciendo los máximos dirigentes del partido que no se percataron de los incumplimientos?

¿Cómo pudieron tomar nuevos acuerdos si los anteriores habían sido burlados?

¿Qué estaban haciendo Fidel y Raúl; o mejor, qué estaba haciendo el buró político que no los destituyó por incompetentes?
La ecuación es simple: Si no se cumplen los acuerdos que se toman, los programas no se materializan; y en consecuencia, el sistema flota en un limbo parásito que nunca logra alcanzar la realidad concreta.
La conclusión no presenta alternativas: El socialismo es un fraude;
y sus defensores, un montón de sometidos que poco les importa el poder de la razón y los argumentos.

La escaramuza rindió sus frutos. Una vez más quedó expuesta la naturaleza agresiva del régimen.

Según el soldado, que se identificó como un oficial de la Sección 21,
la Seguridad del Estado no me va a permitir “estas cosas”; es decir, no me van a permitir que continúe escribiendo sobre temas que a ellos no les agrade.

Lo que no quedó claro fueron los métodos que van a emplear: Tal vez me corten las manos (Como a Víctor Jara); me fusilen, me fabriquen un accidente o me tiendan una emboscada, enviando a un delincuente para que me asesine; cualquier brutalidad de las tantas a las que ellos están acostumbrados. Cualquier cosa; menos convencerme para que piense diferente u obligarme a claudicar.

Denuncio ante Amnistía Internacional, Reporteros Sin Fronteras, Sociedad Interamericana de Prensa, Comité para la Protección a los Periodistas, y todas las organizaciones internacionales de prensa y de derechos humanos, el trato amenazante e intimidatorio hacia mi persona por parte de la policía política, para que abandone mis actividades periodísticas, y responsabilizo al gobierno de Fidel y Raúl Castro, a los órganos de la Seguridad del Estado, a la sección 21, la Policía Nacional y a los agentes Alex y Yunior por cualquier daño que pueda sufrir mi seguridad personal y mi integridad física.

VIDEOS