viernes, 8 de marzo de 2013

Política de fuerza y amenazas de muerte: La herencia maldita

Por Ernesto Aquino/ Hablemos Press.

La Habana.- Se hace pública la muerte de Chávez, y las palomas mensajeras del chavismo se esfuerzan por mantener desenvainada la ensangrentada espada de la guerra.

Elías Jaua y Nicolás Maduro -tratando de representar sus oficios como dignos herederos del sacerdocio apocalíptico del tiranuelo bolivariano-, declaman sus gastados discursos, donde se mezclan los llamados a la unidad de todos los venezolanos, con las amenazas a todos los venezolanos que se atreven a pensar diferente; sin olvidar las acostumbradas acusaciones al “imperialismo yanqui”, la oligarquía y la oposición.

Nicolás, el perfecto polichinela mequetrefe, acaba de anunciar que próximamente revelará al mundo el complot armado por los Estados Unidos para asesinar a Chávez.

Según la idiotísima tesis de este imbécil infinito, la enfermedad del presidente venezolano fue el resultado de un plan del “imperialismo” para acabar con su vida.

Pero por absurda que parezca, la acusación no es gratuita.

El vicepresidente chavista sabe que hasta los más fervientes seguidores del difunto presidente están responsabilizando al gobierno de Fidel y Raúl Castro por la muerte del comandante bolivariano; de manera que el inmaduro Nicolás tendrá que encontrar el modo de apagar esos fuegos que amenazan acabar con la injerencia de los Castro en Venezuela; porque de lo contrario, los más de 15 000 efectivos militares cubanos que se encuentran en Venezuela, sosteniendo la élite del poder, podrían desatar una sangrienta guerra civil de proporciones insospechadas.

La maldición al pueblo de Israel, proferida por Chávez, con absoluta arrogancia y grosería, fue sólo una parte del camino hacia su destrucción; la otra parte, fue su alianza con el demonio de América, Fidel Castro, y su desprecio por los valores democráticos del pueblo   Venezolano.

Lo peor de estas bestias políticas -enemigos de la libertad, el orden, la verdad, el respeto y todos los valores que hacen más dignos y felices a los seres humanos-, es la herencia maldita que dejan a sus pueblos, cuando la muerte -en un arrebato de generosidad pública-, los arranca de la faz de la tierra…. para siempre.

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