martes, 5 de marzo de 2013

Elegirán papa al cardenal cubano

Por Jaime Leygonier/ Hablemos Press.

La Habana, 5 de marzo.- Si los cardenales que integran el cónclave para elegir un nuevo papa aplican la lógica que estudiaron cuando eran seminaristas deberán votar unánimes por el cardenal Jaime Ortega, primado de la Iglesia católica en Cuba.

¿Por qué? Porque si en la crisis actual que estremece a la Iglesia desean elegir a un incontaminado de ese tipo de problemas, están obligados a volver sus ojos hacia la Iglesia en Cuba.

No es chovinismo; ninguno de esos problemas  existe, ni ha existido aquí  desde que Fidel Castro tomó el poder en 1959, récord que no tiene país alguno.

Desde entonces la prensa jamás mencionó un solo caso de conducta impropia por parte de ningún sacerdote o lego, ni siquiera en momentos en que atacó furiosamente a la Iglesia -como en los años 90 por  declaraciones sociales de Monseñor Ortega, como "El amor todo lo espera".

Época en que supe de  un sacerdote contra quien los chivatos y el Partido en su barrio hicieron una campaña de difamación denigrándolo en su moral por haber celebrado una misa de difuntos para un grupo de opositores.  -No volvió a dar misas para ese público.

Sin embargo, aficionado el Estado a calumniar a disidentes con acusaciones de homosexualidad, jamás lo hizo (públicamente) contra un clérigo, ni siquiera con uno tan amanerado en privado y viril en TV como Monseñor Carlos Manuel de Céspedes; negador indulgente de la persecución a los cristianos, y el pionero y más activo participante en actos de propaganda gubernamentales sobre las buenas relaciones Estado-Iglesia.

La prensa tampoco mencionó jamás algún entredicho sobre manejos de fondos -si bien  es cierto que el Gobierno se las arregla para manejárselos a todas las iglesias.

Más milagroso resulta todo porque, desde 1899, jamás hubo en Cuba ningún concordato, de suerte que el clérigo que incurra en delito quedaría a disposición de los tribunales civiles como cualquier vecino y La prensa tampoco mencionó jamás algún entredicho sobre manejos de fondos -si bien  es cierto que el Gobierno se las arregla para manejárselos a todas las iglesias.

Más milagroso resulta todo porque, desde 1899, jamás hubo en Cuba ningún concordato, de suerte que el clérigo que incurra en delito quedaría a disposición de los tribunales civiles como cualquier vecino sin que el Estado lo remita a tribunal eclesiástico. Y el Gobierno proclamaba entre sus fines la extinción de la Religión.

Sin embargo, durante muchas décadas de hostilidad del Gobierno contra la Iglesia, con los templos apedreados a diario y una prensa que la acusaba de servicio político al poder colonial español, al falangismo y a la burguesía, jamás el Estado pasó de los textos de Historia sobre el pasado a referir alguna torpeza del presente de ningún religioso u obispo.

Y mientras en el mundo merma la asistencia a los templos, recientemente la Iglesia en Cuba  -donde también merma- consiguió del Gobierno tres años de procesiones y cultos públicos como jamás se había visto en este país desde que arribó Colón en 1492.

Más el Gobierno anticristiano obligó a centenares de miles de cubanos, que no tenían interés en ello, a asistir a la misa que dio en La Habana S. S. Benedicto XVI, arreándolos como a ganado con listados  en que firmaron su compromiso de asistencia, movilización de sus organizaciones militares y políticas y amenazas de descuento de salario.

Como aquellos reyes bárbaros que en un día hacían bautizarse por millares a todos sus súbditos.

Y, aunque el comunismo está anatemizado y ello consta como doctrina en el Catecismo de la Iglesia católica, y el comunismo  impone el ateísmo y planifica destruir a las iglesias, en Cuba el Estado comunista y el Consejo de Obispos, con Monseñor Jaime Ortega, declaran que aspiran a tener y que tienen "las mejores relaciones".

Y lo mismo dicen Monseñor Bertoni y otros altos dignatarios del Vaticano.

(Ni siquiera turba ese idilio Estado-Iglesia la política abortista que rige en Cuba como auténtico maltusianismo estatal -tímidamente criticado por ispos cubanos en los 90- y menos el estreno del "matrimonio" homosexual y el "cambio" de sexo -que no criticaron para nada-. Faraón y Moisés intercambian flores mientras los bebés flotan en los canales.

De hecho Fidel Castro, a costa del pueblo, hasta le construyó y regaló a la Iglesia católica un par de templos, además de los que regaló a la Ortodoxa griega y a la Ortodoxa rusa.

Si acaso alguna vez en su vida se muere, propondrán su canonización. No sería exagerado, puesto que ya la Orden de las Brigidinas lo condecoró comendador de una orden católica, dijeron que "por sus valores ecuménicos" y la madre superiora en TV, cogida de la mano con Castro, repetía: "Fidel es muy bueno."

Y hay conversas que siguen militando en el Partido o la juventud comunista y sirven como informantes, y acosadoras de disidentes, en su vecindario y dentro de la Iglesia mientras  ocupan puestos de dirección en las parroquias y en Caritas, dirigen el catecismo y son lectoras y ministros de la Eucaristía.

Y el pueblo de Cuba es hoy el más ignorante del mundo sobre los escándalos que en otros países involucran a miembros de la Iglesia, porque la prensa guarda silencio sobre el tema o lo menciona lacónicamente.

También es ignorante la feligresía católica sobre el Concilio Vaticano II (1962-65) el Catecismo de la Iglesia, su condena al comunismo, y el acontecer y pensar de la Iglesia en el mundo, aunque esta desinformación corre por cuenta del clero más que del Estado.

Si Cuba ha sido bendecida con un clero inmaculado, y su cardenal recuerda a la imagen de Santa Marta con la tarasca totalitaria amarrada como un falderillo, de ello forzosamente debe reconocérsele el mérito a Monseñor Ortega y ponerlo a presidir la reforma de la Iglesia mundial, reto del próximo papa.

Y remitir a Cuba a cuanto religioso de otro país cometa faltas, para que se lave y convierta en este Jordán donde no los inquietarían  leyes, abogados, ni prensa. -Si acaso no los están trayendo ya como llevan paralíticos a Lourdes.

Pero pese a lo poco que Iglesia y Estado me dejan saber cómo católico de fila sobre lo que ocurre en mi Iglesia en el mundo, desafío al mejor cardenal, y aun a la suma de todos,  a exhibir curriculum  parecido de que en  su país durante más de medio siglo nunca jamás un clérigo ha hecho nada inconveniente. Abochórnense de aspirar al papado y proclamen a Monseñor Ortega.

No faltarán hombres de poca fe que digan es imposible que jamás ocurra nada indebido en un país, ni el juicio temerario de que cuando (como es inevitable en una institución compuesta por seres humanos) ocurre algún caso en Cuba la policía política se lo calla y lo guarda para "el diálogo Estado-Iglesia".

!Falso!  En un país tan desnudo de leyes de protección de la vida privada, donde la policía política  carece de límites, se burla de cualquier ley que aun exista y los ciudadanos no pueden demandar a nadie por ello, la Seguridad del Estado cubana es el único órgano de espionaje del mundo que no espía las debilidades ocultas de autoridades para chantajearlos después y convertirlos en sus instrumentos.

Lo indiscutible es que si a cardenales involucrados en litigios les sugirieron que no se asomaran por el cónclave con sus vibraciones negativas, y a Monseñor Ortega  sí lo invitaron, porque la Iglesia en Cuba, paraíso de vibraciones positivas, es la excepción, lo lógico es que a alguien tan excepcional lo elijan papa.

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