jueves, 7 de marzo de 2013

El síndrome del número uno o Yo fui el Primero

Por Ernesto Aquino/ Hablemos Press.

La Habana.- La crisis de autoridad que generó el forzoso retiro de Fidel Castro, ha entrado en coma.

El estado de anarquía se agudiza, y el deterioro progresivo de los poderes históricos anuncia el derrumbe de la tiranía.

Algunas de las economías en el exterior, que han invertido recursos en promover y apoyar a “opositores” de última generación o a ex castristas inescrupulosos, están apostadas debajo del árbol de las trampas esperando la cuota de frutos a la que creen tener derecho.

Cualquier politiquero polichinela, científico fracasado, o premiado del oficialismo, es ascendido a lo más alto de la tribuna libertaria y declarado un prócer, con categoría de candidato a la gobernación de una Cuba pos Castro, o a una Castro pos Cuba.

En cambio, los luchadores pacíficos que han mantenido una postura vertical desde los comienzos mismos de la tiranía, y vieron morir su juventud, aplastada por los primeros 20 años de castrismo soviético  sin que jamás negociaran su firmeza, son ignorados por los comisarios de la nueva inquisición, y arrojados a la misma hoguera donde los comunistas quemaron todas las virtudes.

Basta que algún militar, político, artista, intelectual -o profesional de cualquier disciplina- (que hizo carrera y beneficio como comadreja faldera de los verdugos), decida cambiar su esclavitud voluntaria, por la rebeldía oportuna, para que los medios de prensa internacional lo conviertan en un abanderado: ¡Como si fuera una novedad ver a las ratas abandonando el barco cuando se está hundiendo!

Y para no traicionar la costumbre histórica, de creer que la solución de los problemas cubanos es Made in Importación, algunos protagonistas del patriotismo pandillero están rindiendo sus respetos a cuanto rufián repatriado llega al país buscando apoderarse de los frutos que sembraron los muertos sagrados y los hijos del sacrificio que nunca abandonaron la PATRIA ni su compromiso con la libertad.

Por eso, como resultado de esas subastas, donde se remata a precios excesivamente bajos la dignidad y el amor propio, los nuevos capitalistas del próximo socialismo hacen de todo para vender la imagen, no sólo de que siempre estuvieron, sino de que fueron los primeros.

Los que creemos que sin independencia no puede haber libertad real ni democracia  -y mucho menos un Estado de Derecho-, ya vamos vislumbrando quienes son los próximos enemigos a quienes tendremos que combatir.

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