lunes, 18 de marzo de 2013

Desilusión migratoria

Por Gerardo Younel Avila Perdomo/ Hablemos Press.

La Habana, 18 de marzo.- El 14 de enero del 2013 era la fecha esperada por muchos cubanos; simbolizaba el disparo de arranque de una nueva ola migratoria; esta vez, “autorizada por los líderes del gobierno cubano”, que anunciaban la desaparición del permiso de salida, también conocida como carta blanca.

Este permiso, regulaba la salida de los cubanos hacia otros países, con una restricción especial sobre los profesionales, deportistas y un determinado grupo de ciudadanos denominados disidentes.

El periódico Granma, los canales de la televisión cubana y las radio emisoras, anunciaban cómo serían los trámites para emigrar.

Desaparecía el permiso de salida, que tenía un valor de 150 CUC (pesos convertibles), 3000 pesos moneda nacional (MN); el pasaporte, que tenía un valor de 55 CUC (1,125 pesos MN), ahora cuesta 100 CUC (2000 pesos MN), y el chequeo médico mantiene su valor de 405 CUC  (8,125 pesos MN); para agilizar los trámites, éstos   se  realizan por municipios, en el mismo lugar donde se entrega  el carnet de identidad.

En la madrugada del 13 de enero, los portales de los  locales asignados para estos trámites se encontraban abarrotados de personas, durmiendo en el suelo con cartones para garantizar la obtención de sus pasaportes y poder viajar: El sueño de millones de cubanos.

Estas largas filas, sólo duraron hasta finales de febrero, luego del incidente ocurrido con un grupo de cubanos en el aeropuerto de Ecuador, quienes al pasar por el departamento de emigración descubrieron que no tenían visa de entrada a ese país.

Eduardo Reyes, médico cirujano, comenta: “Ni aun siendo liberado podría viajar; mi salario es de 500 pesos mensuales, moneda nacional, y todos estos trámites son en CUC, una moneda que yo no cobro, ni tengo acceso a ella; además, si cambiara mi salario -en alguna de las casas de cambio-  sólo recibiría 20 CUC. Necesitaría cinco meses de salario para poder pagar solamente mi pasaporte; y mientras tanto no como”.

El soldador y chapista Julio César Piña, que se dedica a la reparación de autos, comenta: “No considero justo que se nos cobre en CUC cuando   nuestro trabajo lo cobramos en moneda nacional. Tampoco estamos de acuerdo con los precios, porque son muy altos  -tal parece que lo hacen para dificultar los trámites, o para enriquecerse con los sueños de este pueblo.

Mientras que el joven David Socarras, que abandonó sus estudios de medicina, por temor a no poder viajar junto con su familia, declaró: “Le pregunté a la compañera que entrega los pasaportes, en mi municipio, que cómo podría saber si yo obtendría mi pasaporte; ésta me dijo que “esa información no puedo dársela, sólo lo podría saber cuándo pague los 100 CUC de los trámites”; si soy denegado se me devuelven los sellos, pero el banco no te reintegra el dinero; entonces, yo tendría que buscar a alguien para venderle los sellos
-por supuesto, más barato-, lo cual me puede traer problemas, porque no puedo pararme fuera de estos establecimientos a proponerlos porque se considera ilegal”.

Cientos de cubanos viven esta desilusión migratoria que se creía solucionaría el problema de cientos de cubanos.

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