lunes, 25 de febrero de 2013

¿Por qué otro costoso robo en la iglesia de La Milagrosa?

Mariela Tijero, Judith Aguilera, Celia Trimiño, Nery y Greisi misioneras de La Medalla Milagrosa participan en acto de repudio a las damas de Blanco. Foto: Archivo de Hablemos Press.


Por Jaime Leygonier/ Hablemos Press.

La Habana, 25  de febrero.- A fines de enero el párroco de La Medalla Milagrosa comunicó a los fieles que volvieron a robarle. Esta vez cien cajas con ropas y lotes de zapatos deportivos y de El Corte Inglés que destinaba a ancianos y a las catequistas, según informan feligreses. 

Los ladrones no forzaron nada, emplearon las llaves para acceder al desván sobre la sacristía donde almacenaba estos efectos y se ignora cuándo cometieron el robo, pues dejaron las cajas vacías, en orden y cerradas.

Como en anteriores robos, la opinión general  es que los culpables son los empleados y señoras de la directiva con acceso a las llaves y habitual trasiego de paquetes ante los custodios de la puerta.

Anteriormente, en la noche del 7 al 8 de noviembre del año pasado, robaron a esa parroquia mil módulos con ropa y zapatos destinados a los damnificados por el huracán Sandi, en Santiago de Cuba; la Policía opinó, como en otras ocasiones, que hubo complicidad interna.

Sobre el robo de enero, o el cura no llamó a la Policía o ésta no vino.
¿Por qué esta iglesia es la que hace caridades y en la que ocurren más robos? En la crisis y  corrupción imperantes, y control y sabotaje policiaco a las iglesias, esa pregunta contiene en sí misma la respuesta.

La Medalla Milagrosa es una parroquia habanera situada en Santos Suárez y Paz, barrio de Santos Suárez, su párroco, padre paúl, Jesús María Luzarreta, obtiene donaciones desde España y desarrolla desde los años 90 una gran labor social, pero dirigida por militantes comunistas supuestamente conversas que "la han convertido en cueva de ladrones".

En febrero del año pasado, cuatro de éstas fueron identificadas y fotografiadas cuando participaban en un violento mitin de repudio contra las Damas de Blanco, el párroco Luzarreta lo negó: "Pongo las manos en el fuego por ellas "y se negó a informar sus apellidos a Hablemos Press para la denuncia pertinente.

El que la Policía jamás descubra a los ladrones lo explican algunos con que los ladrones sean dentro de la iglesia sirvientes policiales del Gobierno -el propio cura afirma con frecuencia que tras los robos están espías infiltrados y ha expulsado a algunos empleados acusándolos de ello.

Según señoras entrevistadas: "El párroco solicita públicamente a sus feligreses que le informen los nombres de los culpables, pero rechaza en mala forma a quienes se le acercan a advertirle sobre sus colaboradoras.

En mesas de vendedores del barrio venden latas de carne idénticas a las del comedor del Hogar de día en que atiende a unos 200 ancianos, una señora se lo informó a una de las directoras de la Iglesia, la llevó, ésta lo comprobó y dijo que no podía  decírselo al Padre para no disgustarlo; todas están en lo mismo, y ellas son los ojos, oídos y manos del Padre." 

"Ahora venden en el barrio a $15 pesos convertibles (18 dólares) los zapatos de El Corte Inglés  robados".

La Policía   podría prenderlos fácilmente, pero no coge a nadie, y lo mismo ha pasado siempre con todo robo y profanación ocurridos en las iglesias". 

"Yo me acerqué por Dios, no por los regalos de ropa y zapatos; muchas estamos muy decepcionadas, la comunidad aumentó enormemente, pero ya disminuye la asistencia  por la desagradable atmósfera que crean tantas mandonas, discordias, el robo, imposición de asistir y de tareas, y misas que duran varias horas, sin horario para empezar ni para terminar, y bullicio en el templo; también baja la asistencia de otras porque desde el robo de noviembre el Padre les da menos regalos."

Un anciano asistido testimonia: "Una vez estaba sentado en el Hogar de día y de pronto vi algo que patinó rápido por el piso desde la cocina hasta debajo de un banco, miré y era un pollo congelado que habían tirado" (…)"¿Para qué?, claro que para llevárselo después."

Alguien que a fines de los 90 duró menos de un mes como tesorero de Caritas parroquial, porque renunció por la falta de una pesa para pesar los sacos de alimentos, afirma: "Me marché cuando apenas eran 25 los ancianos del comedor y muy pocos los empleados, pero exigí control del peso, preví lo que ocurriría -aunque jamás imaginé tanto- y advertí al Párroco que me era indispensable pesar y controlar cada centavo porque yo no estaba dispuesto a caer en nombre de ladrón, y me contestó que había que confiar en los hermanos.

En España, quienes se dedican a esas labores benéficas no necesitan robar alimentos y ropa, pero en Cuba, en La Milagrosa, hoy hay pesa, pero mucha gente honrada que quiere colaborar termina yéndose con la cola entre las patas por el autoritarismo del Padre, quien no tolera contradicción, y por la guerra que les hacen los ladrones que porque jamás lo contradicen trepan a la dirección, la ejercen con soberbia y están como hormigas cargando para su casa y hasta fabricándose.

El cura es muy misionero y generoso, pero ayudar a los pobres y misionar es una cosa muy diferente de llenar la iglesia con gente pagada, por incentivos materiales, para obligarla a que haga obras cristianas.

La Milagrosa no es excepción, sino la norma, se destaca más por la mayor cantidad de recursos y extraordinario activismo social y carácter del párroco, lo cual atrae a un gran público de aprovechados capaz de desplazar a los creyentes sinceros.

Es muestra de que la labor de beneficencia en Cuba se atasca en el callejón sin salida de la corrupción, la especulación con la miseria, la inconsecuencia de la Iglesia con sus principios y la política gubernamental de colocar delatores en los puestos  directivos  de toda asociación para controlarla y sabotearla.


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