Agencia de Prensa Independiente

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martes, 15 de enero de 2013

1/15/2013 10:41:00 a. m.
Palanganas con cloro y agua a la entrada de comercio. Precios de los productos nacionales. Foto: Roberto J. Guerra.

Por Jaime Leygonier/ Hablemos Press.

La Habana, 14 Enero.- La epidemia de cólera, cobra fuerza en La Habana; principalmente, en el populoso barrio de El Cerro, donde las autoridades sanitarias visitan a los habitantes en sus casas para entregarles medicamentos e instrucciones, según vecinos.

Difícil tarea sanitaria, es controlar la venta ilegal de bebidas y alimentos.

Refieren la siguiente anécdota: Enfermera y doctor tocan a la puerta. "Hay problema con los casos de enfermedades diarreicas en el barrio, ustedes no pueden seguir vendiendo ron". Los vendedores niegan su delito. "No tengan temor que nosotros no somos policías, somos de Salud Pública, sabemos que venden ron y tienen que dejar de venderlo".

El Cerro es inmenso, predominan construcciones del siglo XIX y de principios del XX, muy subdivididas en cuartuchos; con graves problemas en la red de alcantarillado y de agua corriente.

En el Cerro radica el Hospital Salvador Allende, antigua Quinta Covadonga, también construido entre el XIX y el XX, donde aíslan a los enfermos de cólera, pero no pueden incinerar sus desechos fecales.

En la epidemia, El Cerro es el peor; lo sigue Luyanó, también sobre poblado y construido a fines del XIX y principios del XX, con el Hospital Miguel Enríquez con serios problemas de alcantarillado.

La condición sanitaria de los hospitales habaneros y de la red de alcantarillado -donde éstos vierten sus desechos y que comunica, por roturas, con la red de agua corriente- los hace focos de infección para el territorio.

En el resto de La Habana existen problemas similares, y las autoridades sanitarias se reúnen con los vecinos para instruirlos, y toman medidas extraordinarias como el cierre de expendios privados de refrescos.

Pero los expendios estatales siguen abiertos; sus condiciones sanitarias son pésimas, y aguar y adulterar las bebidas y productos es práctica habitual e inevitable, pues los empleados viven de esos ingresos, ya que sus salarios son insuficientes.

Existen embotelladoras clandestinas de bebidas, refrescos y cervezas que, incluso, falsifican marcas para abastecer las tiendas dolarizadas y procesadoras de alimentos. La policía podría desmantelarlas, pero el cohecho funciona.

Multitud de vendedores humildes de ron y helado, que los reciben de intermediarios del robo al Estado y los aguan. Toda la cadena de vendedores adultera los productos.

Las prisiones, por su hacinamiento, condiciones infrahumanas y consumo de agua no potable constituyen, desde antes del cólera, focos de infección por donde transita del 1 al 2% de la población del País, y han contribuido a difundir la tuberculosis, VIH/SIDA y enfermedades parasitarias.

Clorar el agua para beber y elaborar alimentos es insuficiente, hervir el agua es imposible para los habitantes con cocinas eléctricas, por el costo de la cuenta de la electricidad; y además del peligro de la adulteración, en hogares y establecimientos públicos no hierven vajilla, vasos ni cubiertos, ni hay condiciones para ello.

Aun hirviendo el agua para beber, el fregar platos, vasos y cubiertos con agua sin hervir y sin clorar (o aun clorada) puede contaminar a las personas.

Plantas para tratar los desechos en los hospitales, ayudarían; pero no hay dinero para tal inversión.

El problema sólo podría solucionarse con una ingente inversión en las redes de alcantarillado, agua corriente y acueductos, antiguos y abandonados por el Estado desde hace medio siglo; Estado, ahora en bancarrota para repararlos.

El Centro de Información Hablemos Press, fue el primero en informar, en junio del 2012, de las epidemias diarreicas y de cólera; en premio han encarcelado al periodista Calixto Ramón Martínez Arias, por investigar la desaparición de una donación de medicamentos enviadas por la OMS para combatir la epidemia.

Mientras, en la prensa oficial la epidemia no existe; la última noticia, hace meses, fue la declaración triunfalista del Ministerio de Salud Publica de que las "enfermedades gastro-intestinales" -nunca quisieron decir cólera- habían cesado en el oriente del País. Inmediatamente se extendió la epidemia por toda la Isla en absoluto silencio oficial.

El cólera vino para quedarse, como un "logro en Salud Pública de la Revolución".

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