Palanganas con cloro y agua a la entrada de comercio. Precios de los productos nacionales.
Foto: Roberto J. Guerra.
Por Jaime Leygonier/ Hablemos Press.
La Habana, 14 Enero.- La epidemia de
cólera, cobra fuerza en La Habana; principalmente, en el populoso
barrio de El Cerro, donde las autoridades sanitarias visitan a los
habitantes en sus casas para entregarles medicamentos e
instrucciones, según vecinos.
Difícil tarea sanitaria, es controlar
la venta ilegal de bebidas y alimentos.
Refieren la siguiente anécdota:
Enfermera y doctor tocan a la puerta. "Hay problema con los
casos de enfermedades diarreicas en el barrio, ustedes no pueden
seguir vendiendo ron". Los vendedores niegan su delito. "No
tengan temor que nosotros no somos policías, somos de Salud Pública,
sabemos que venden ron y tienen que dejar de venderlo".
El Cerro es inmenso, predominan
construcciones del siglo XIX y de principios del XX, muy subdivididas
en cuartuchos; con graves problemas en la red de alcantarillado y de
agua corriente.
En el Cerro radica el Hospital Salvador
Allende, antigua Quinta Covadonga, también construido entre el XIX y
el XX, donde aíslan a los enfermos de cólera, pero no pueden
incinerar sus desechos fecales.
En la epidemia, El Cerro es el peor;
lo sigue Luyanó, también sobre poblado y construido a fines del XIX
y principios del XX, con el Hospital Miguel Enríquez con serios
problemas de alcantarillado.
La condición sanitaria de los
hospitales habaneros y de la red de alcantarillado -donde éstos
vierten sus desechos y que comunica, por roturas, con la red de agua
corriente- los hace focos de infección para el territorio.
En el resto de La Habana existen
problemas similares, y las autoridades sanitarias se reúnen con los
vecinos para instruirlos, y toman medidas extraordinarias como el
cierre de expendios privados de refrescos.
Pero los expendios estatales siguen
abiertos; sus condiciones sanitarias son pésimas, y aguar y
adulterar las bebidas y productos es práctica habitual e inevitable,
pues los empleados viven de esos ingresos, ya que sus salarios son
insuficientes.
Existen embotelladoras clandestinas de
bebidas, refrescos y cervezas que, incluso, falsifican marcas para
abastecer las tiendas dolarizadas y procesadoras de alimentos. La
policía podría desmantelarlas, pero el cohecho funciona.
Multitud de vendedores humildes de ron
y helado, que los reciben de intermediarios del robo al Estado y los
aguan. Toda la cadena de vendedores adultera los productos.
Las prisiones, por su hacinamiento,
condiciones infrahumanas y consumo de agua no potable constituyen,
desde antes del cólera, focos de infección por donde transita del 1
al 2% de la población del País, y han contribuido a difundir la
tuberculosis, VIH/SIDA y enfermedades parasitarias.
Clorar el agua para beber y elaborar
alimentos es insuficiente, hervir el agua es imposible para los
habitantes con cocinas eléctricas, por el costo de la cuenta de la
electricidad; y además del peligro de la adulteración, en hogares y
establecimientos públicos no hierven vajilla, vasos ni cubiertos, ni
hay condiciones para ello.
Aun hirviendo el agua para beber, el
fregar platos, vasos y cubiertos con agua sin hervir y sin clorar (o
aun clorada) puede contaminar a las personas.
Plantas para tratar los desechos en los
hospitales, ayudarían; pero no hay dinero para tal inversión.
El problema sólo podría solucionarse
con una ingente inversión en las redes de alcantarillado, agua
corriente y acueductos, antiguos y abandonados por el Estado desde
hace medio siglo; Estado, ahora en bancarrota para repararlos.
El Centro de Información Hablemos
Press, fue el primero en informar, en junio del 2012, de las
epidemias diarreicas y de cólera; en premio han encarcelado al
periodista Calixto Ramón Martínez Arias, por investigar la
desaparición de una donación de medicamentos enviadas por la OMS
para combatir la epidemia.
Mientras, en la prensa oficial la
epidemia no existe; la última noticia, hace meses, fue la
declaración triunfalista del Ministerio de Salud Publica de que las
"enfermedades gastro-intestinales" -nunca quisieron decir
cólera- habían cesado en el oriente del País. Inmediatamente se
extendió la epidemia por toda la Isla en absoluto silencio oficial.
El cólera vino para quedarse, como un
"logro en Salud Pública de la Revolución".

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