martes, 29 de enero de 2013

Indiferencia ante fechas notables

Por Moisés Leonardo Rodríguez/ Corriente Martiana.

Artemisa, 29 de Enero.- La espontaneidad de los cerca de 700 mil asistentes a la juramentación del presidente Barack Obama, en su segundo mandato, el 20 de enero, me recordó que antes de 1959, en Cuba, también los ciudadanos asistían espontáneamente a los actos patrióticos, políticos y de toda índole; sólo el gobierno de los Castro convirtió la asistencia a los actos públicos en algo forzado.

Escucho, como si aún estuviera en Santiago de las Vegas -cuando mi madre me llevaba los 28 de enero a presenciar los desfiles en salutación al natalicio del Apóstol-, el murmullo de los espectadores, los elevados sonidos de las bandas escolares encabezadas por la banda municipal y los ¡Viva Cuba Libre! de cientos de personas que llenaban el parque, frente a la iglesia, y todas las calles del pueblo por donde pasaba el desfile. Nadie los obligaba.

Del día de las madres, que celebramos en Cuba el segundo domingo de mayo, aun retengo la imagen de cómo, antes de 1959, cubanos y cubanas de todos los niveles sociales y de todas las creencias, portaban una flor blanca o roja según tuvieran a su progenitora muerta o viva. Esto, fue eliminado; acusando de costumbre pequeño burguesa toda festividad en que se intercambiaban regalos, pues ello era “promovido por los capitalistas para aumentar el consumo, y por tanto sus ganancias”.

Con el “triunfo de la revolución”, la traición de los Castro incluyó la eliminación de muchas tradiciones y fechas importantes de la historia, como el 20 de mayo, día de instauración de la República después de retirados los colonialistas españoles y los americanos interventores. En su lugar, se impusieron nuevas fechas que la mayoría celebra bajo coacción o ejercicio de la doble moral, pero pocos sienten.

Pero Cuba marcha, no al ritmo de las tímidas reformas oficialistas, limitadas por los intereses del grupo de poder y a espaldas de los de a pie. Cuba marcha, al ritmo que -pasito a pasito-, le imprimen sus buenos hijos, a pesar de la resistencia de ciegos y desleales.

Cuba avanza hacia la recuperación de sus mejores tradiciones: El día de los Reyes Magos -a pesar de la pobreza generalizada- y la Nochebuena -reconocida oficialmente-, que ha sido una celebración espontanea de pueblo, y otras se recuperarán cuando nos libremos de las injerencias o trabas oficiales que hoy las limitan o impiden.

Ya son excepciones, las cuadras en que se celebra el día de los Comités de Defensa de la Revolución, los 28 de septiembre. Pocas calderas en las calles cocinan con leña la caldosa que se simboliza su celebración, no por decisión sino por necesidad, y muy pocos vecinos se congregan para ello, preferentemente los “comprometidos”.

El pasado 27 de noviembre, fecha luctuosa en que se recuerda el fusilamiento de los 8 estudiantes de medicina, se vio en el noticiero de la televisión nacional -única permitida-, a jóvenes estudiantes de pre universitario, muertos de risa y empujándose unos a otros para salir en cámara. Participantes, que pidieron no ser identificados, aseguran que algunos en dicho desfile iban con botellas de bebidas alcohólicas que consumían a escondidas.

Volverán los cubanos a recuperar lo mejor de sus tradiciones legítimas; y portarán de nuevo flores blancas y rojas el día de las madres; celebrarán actos -engrandecidos por su espontaneidad- cada 20 de mayo, recordando las traiciones a la República, para que no se repitan, y proclamando y celebrando sus nuevos avances hacia la democracia, al respeto e imperio de los derechos humanos por encima de concepciones e intereses de grupos.

Los primeros de Mayo, desfilarán los sindicatos que realmente representen y defiendan los intereses de los trabajadores todos, y no el único que sirve a los planes de los que detentan el poder político y movilizan bajo presión a empleados estatales y particulares, comprometidos por poseer tierras en usufructo o negocios con licencias otorgadas por el Estado, a quienes le sean leales, o al menos lo aparenten.

Eso será en la nueva República de Cuba, la que soñó Martí y reintentó alcanzar la generación del centenario en su natalicio.

República sin apellidos espurios, sin ideologías impuestas, sin injerencias político-partidistas en la vida nacional; con todas las fechas oficiales, que espontáneamente decidan celebrar todos y cada uno sus hijos, individualmente o en grupos, con lo que desparecerá la actual indiferencia ante fechas notables.

VIDEOS