martes, 15 de enero de 2013

El verdadero rostro de la patria de Martí

Por Jorge Alberto Liriano Linares/Hablemos Press.

Camagüey, 11 de Enero.- En Cuba, ser sancionado a privación de libertad significa ser sometido a la pena de muerte, debido a los niveles de violencia incontenible, los tratos crueles, la insalubridad, el hacinamiento y el hambre como mecanismos de castigo, entre otros actos violatorios que predominan en el interior de las prisiones.

Después de 53 años de dictadura militar, la herencia de destrucción y muerte del régimen carcelario de la isla demuestra una panorámica real de inhumanidad, sustentado en el irrespeto y el descontrol en el cumplimiento de las leyes, los reglamento y las políticas que deben inspirarse en la máxima de reeducar y rehabilitar a cada persona recluida.

En las instituciones carcelarias de la isla, sin importar la inoperancia del método, la violencia se ataja con más violencia; resultado, miles de reclusos masacrados a golpes cada año y una cuantiosa cifra de suicidio y auto lesionado, algo común dentro de la supuesta voluntad política del gobierno y su máxima dirección.

La espiral de violencia, represión y terror de la fuerza que representa al régimen, para el control y el orden interno tras los muros carcelarios, rebasan todos los límites concebibles y constituye un verdadero escándalo; esto, ha convertido al sistema penitenciario en el primero y más connotado violador de los Derechos Humanos.

Las despreciables acciones, llevadas a cabo por las fuerzas del orden interno en las prisiones, sólo pueden ser comparadas con los crímenes perpetrados por los fascistas alemanes contra los judíos, en la segunda guerra mundial.

Un vivo exponente de violencia y represión incontenible son los centros penitenciarios del territorio camagüeyano, donde los tratos crueles y degradantes, y las cifras de crímenes y actos violatorios, se disparan con más fuerza cada año a consecuencia de la ineficacia del sistema judicial.

Nadie está seguro en un país donde los militares gozan de impunidad para golpear, torturar y asesinar; un país donde la fuerza bruta impera sobre la razón. Por citar un ejemplo, en la prisión provincial Kilo 7 de Camagüey el fenómeno de la violencia policial, en el pasado año 2012, arrojó la alarmante cifra de 86 lesionados graves. Las fuerzas del orden interno de este centro penitenciario estuvieron a punto de asesinar a 86 internos, la mayoría de las víctimas sufrió severos traumas craneales o quedaron discapacitados para toda su vida.

Todo esto, sin contabilizar los enormes saldos de lesionados leves y los cientos de torturados física y sicológicamente en las tenebrosas mazmorras de castigo.

El resultado del monstruoso comportamiento de los torturadores y asesinos causó la muerte de cinco sancionados, dos de ellos fallecieron en circunstancias aún no determinadas; otros dos, supuestamente se quitaron la vida ahorcándose, después de ser torturados y golpeados salvajemente en las celdas de aislamiento donde se encontraban confinados.

Uno de los últimos prisioneros resultó asesinado en una riña entre reclusos, provocada por la incompetencia de las autoridades que ya tenían conocimiento que se cometería el hecho y desestimaron las medidas de seguridad.

Cinco pérdidas de vida; 86 personas corrieron el riesgo de morir asesinadas y otros 138 reos sumidos en la angustia, desesperanza y abandono trataron de quitarse la vida autolesionándose.

Los torturadores y asesinos no están solos, responden a órdenes superiores y cuentan con el apoyo cínico y demagógico de la máxima dirección política del país, clara señal de que toda garantía en el interior de las cárceles es nula.

Está demostrado que las fuerzas represivas continuarán cometiendo abusos y torturas, y prevalecerá el crimen y los asesinatos impunes porque es algo que forma parte de la política represiva del estado.

Sobran las evidencias; las pruebas están latentes después de más de medio siglo de dictadura militar. El verdadero rostro de la patria de Martí, no es precisamente el rostro de la justicia y de la libertad, mucho menos al respeto a la dignidad y mejoramiento humano que trata de vender al mundo.

Hoy, después de más de 5 décadas de represión y oprobios, el ultraje a los derechos humanos por parte del sistema penitenciario, continúa; las cárceles siguen siendo un instrumento de represión y terror, mientras la cúpula gobernante se mantiene al margen; ciegos y sordos ante tanta sangre inocente derramada; ante tantas muertes impunes; ante tantos gritos de dolor, tras los muros carcelarios.

VIDEOS