martes, 8 de enero de 2013

El mensaje político de Navidad del cardenal Jaime Ortega

Por Jaime Leygonier/ Hablemos Press.

"El que canta canciones al corazón afligido/ Es como el que quita la ropa en tiempo de frío, o el que sobre el jabón hecha vinagre." (Proverbios, 25; 20).

La Habana, 8 de Enero.- El 22 de diciembre la TV cubana transmitió, desde la Catedral de La Habana, una cantata de Navidad que fue acompañada por el mensaje del arzobispo de La Habana, cardenal Jaime Ortega, quien a las usuales imágenes oratorias sobre la Navidad impostó palabras de propaganda política progubernamental: "…/estamos felices por los planes de mejora de índices económicos para el futuro, la mejoría en la balanza comercial y el crecimiento del Producto Interno Bruto/…" Dijo el cardenal en una especie de resumen sobre el año 2012.

Primero. ¿Qué tiene que ver con la Navidad este eco del último discurso del general Raúl Castro en la Asamblea Nacional del Poder Popular, para que el Arzobispo cardenal lo traiga por los pelos a su mensaje navideño?

Segundo. El prelado no sólo ignora si esas cifras de crecimiento económico, dictadas por el Gobierno, son verdaderas o falsas y, además, carece de medio de comprobarlas, sino que tiene harta experiencia de que el Régimen constantemente falsifica cifras y ofrece falsos planes de mejoras para el futuro.

Abundan análisis sobre la arbitrariedad del cálculo del Producto Interno Bruto en Cuba, que anota ¡gastos! como índices de crecimiento.

Tercero. Cuando dice "estamos felices", ese sobreentendido "nosotros" es el pueblo y el pueblo masivamente no cree en esas cifras -tampoco en los obispos- y lejos de estar feliz ésta muy preocupado.

Puesto a hablar como "nosotros el pueblo" no trató para nada de las angustias que agobian a éste, como las epidemias, el cólera -como un castigo bíblico, justo en el año de las procesiones idolátricas y las bendiciones politiqueras- los precios y el desempleo.
A mencionar lo malo lo obligaba su pretensión de resumir el año con esa mención a la falsa felicidad por falsos progresos. El triste desfile con valijas a las 12 de la noche del 31 de diciembre lo desmienten.

Cuarto. El Arzobispo cardenal y la Iglesia con frecuencia hablan o escriben en nombre del pueblo, no para expresar los sufrimientos de éste, sino para falsear las opiniones populares sobre el acontecer, pero carecen de todo tipo de representación "del pueblo" que los autorice a hablar en nombre de éste en política, y su trato personal con "el pueblo" es muy limitado.

"El pueblo de Cuba" que conoce Monseñor Ortega es el reducido círculo de subordinados que tiene el honor de acceder al aire acondicionado de Su Excelencia o de cruzarse con él en un pasillo del palacio episcopal.

Ni siquiera se trata con la multitud católica que lo ve pasar, repartiéndole sonrisas y trazándole cruces en el aire durante los actos religiosos, parte pasiva del pueblo con la que Monseñor se limita a la ceremonia religiosa, sin tomar de ellos informaciones que lo autoricen a hablar sobre sus felicidades políticas.

La progresiva disminución de la asistencia a las iglesias fue notable este año, cuyas procesiones multitudinarias por el jubileo, lejos de atraer público lo alejaron, por redundar en desprestigio para la Iglesia.
Y sin embargo, show para la opinión pública internacional, pregona un "diálogo entre cubanos" al que invita a académicos comunistas y del extranjero, pero con exclusión discriminatoria de los cubanos que se arriesgan por los derechos humanos y de toda voz que contradiga al amo o a los obispos. Con ellos la Iglesia no dialoga.

"El diálogo entre cubanos" de la Iglesia, es un diálogo -o su fingimiento- entre dos cúpulas: Jerarcas religiosos y jerarcas de la dictadura; decorado con académicos cubano-americanos enfrascados en teorizaciones bizantinas, para que parezca diálogo, pero no rinde otro fruto práctico que buena propaganda al régimen.

Y "ecos" políticos como los del mensaje de Navidad del Arzobispo facilitan advertir cuál de las dos jerarquías es el ventrílocuo y cuál el muñeco que mueve la boca; y por qué el César patrocina el programa televisivo.

El 24 de diciembre, le tocó el turno en TV a los evangélicos del gubernamental Consejo Nacional de Iglesias, quienes, contra su hábito de adular descocadamente al Gobierno "evangélico", con declaraciones políticas inspiradas por el espíritu de la policía política, fueron más discretos que Monseñor Ortega.

Reacción a un congelamiento de fondos en EU que los hizo más espirituales al lastimarlos en la piedra angular de su fe: Las donaciones del extranjero.

El Antiguo Testamento abunda en esos falsos profetas que, en nombre de Dios, decían al rey lo que el rey deseaba oír: Precedente de las "profecías" de crecimiento económico con que Monseñor Ortega se hace continuador de ellos.
Cuando Jesucristo nació, había respetados sacerdotes en Israel, pero no se enteraron, demasiado ocupados en ritos, largas vestiduras y en obtener la gracia ¿de Dios?, ¡no! del crapuloso Herodes que les ampliaba lujosamente el templo, mientras ellos le contaban cuán feliz era el pueblo.

Hoy, ni el nacimiento de Jesús, ni los que viven muellemente de predicarlo están exentos en Cuba de esas miserias.

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