Por Jorge Alberto Liriano Linares/ Hablemos Press.
Camagüey, 4 de Enero.- La epidemia de cólera
continúa afectando a las superpobladas cárceles del territorio Camagüeyano, en
el centro oriental de la Isla. Mientras los esfuerzos y medidas tomadas hasta
ahora siguen siendo paliativos no convencionales.
Vivo ejemplo de ello se evidencia en la prisión
provincial Kilo 7, donde se pensó haber erradicado el virus y ya en el día de
hoy (2 de Enero) se reportan una veintena de casos que han sido trasladados con
urgencia al hospital provincial de penados.
De acuerdo con el criterio de los especialistas, que
recientemente visitaron los lugares de encierro en labores de saneamiento, la
única vía de trasmisión es mediante alimentos y agua contaminada con heces
fecales.
Para estos entendidos en la materia, la higiene es
la mejor medicina para evitar las enfermedades diarreicas agudas como el
cólera.
Hay que destacar que, a raíz de la epidemia, el agua
está siendo clorificada y se abastece dos veces al día; sin embargo, las
demandas de alimentos continúan sin ser atendidas, una insuficiencia que agrava
la pobre y desastrosa oferta y la pésima calidad en la elaboración de los
alimentos que consume la población del penal.
A ello, se suma la falta de higiene en la
manipulación de los alimentos, el hambre y los altos índices de desnutrición;
sin embargo, lo que más llama la atención de todo esto es que los militares no
contraen el virus.
La población penal se encuentra alarmada. Se piensa
en posibles envenenamientos o errores intencionales; quizás se estén cometiendo
crímenes de lesa humanidad, teniendo en cuenta las ideas emparentadas con el
fascismo del sistema político entronizado en la Isla.
Lo cierto es que la situación se agrava, y la
enfermedad se propaga mientras el cinismo y la demagogia de las autoridades
aumentan; pero también hay maniobras ocultas, tal vez para minimizar la odiosa
condición de iniquidad, segregación y marginalidad a la que son sometidos los
presos en las cárceles de la isla.
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