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#FreeSonia

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martes, 18 de diciembre de 2012

martes, diciembre 18, 2012
Por Jaime Leygonier/ Hablemos Press.

La Habana, 18 de diciembre.- La sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular, del 12 de diciembre, emitió críticas y compromisos de impedir, en lo adelante -en espacios musicales- la vulgaridad y el "tratamiento denigrante de la mujer"; programas "extranjeros con mensajes ajenos a nuestros valores" y humor que no sea "con responsabilidad".
En análisis sobre el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), monopolio estatal cuyos compromisos de censura fueron divulgados parcialmente en TV, el día 12, y en el periódico Granma del 13. Éste último, omitió lo dicho en TV sobre censurar el humorismo.
Según Granma: "Danilo Sirio, presidente del ICRT/…/Hizo énfasis en la irreductible orientación ideológica, ética y cultural de la programación de los medios/…/ al abordar la difusión musical, afirmó que bajo ningún pretexto se permitirá radiar o televisar temas que denigren a la mujer o exalten la vulgaridad, la obscenidad y la grosería…/" Otros "complejos problemas" requieren: "…/ el cuidado en la selección de las series extranjeras que se transmiten, algunas de ellas portadoras de mensajes ajenos a nuestros valores /… /. El doctor Jorge González Pérez sugirió que determinados materiales procedentes de televisoras extranjeras vayan acompañados de comentarios por parte de especialistas cubanos."
El reggaetón fue blanco de "los diputados", y se mostraron particularmente indignados contra el humorismo, expresando que puede haberlo, pero "con responsabilidad".
Hasta aquí lo escaso que comunicaron.
La cúpula y sus clientes se asustan del relajamiento de la censura ocurrido en los últimos años, particularmente en el campo del humorismo y de series extranjeras, como "la Ley y el Orden", que muestran una sociedad donde rigen el derecho y garantías procesales no soñadas en Cuba.
Las películas tienen su propio mensaje, y sobra explicarlas al público que en Cuba está harto de comentaristas televisivos que nos dicen lo qué tenemos que pensar y nos previenen del “veneno ideológico capitalista”.
Películas sobre el fascismo y el nazismo resultan subversivas, porque el público advierte las abrumadoras similitudes con la realidad cubana, en cuanto a métodos de propaganda, culto al líder y al partido e intimidación, chantaje y represión masiva.
El reggaetón, con letras y escenas de video-clips indecentes, lleva años de promoción oficial con escándalo de los más y prohibición de los menos; difusión que va de la mano con de funcionarios corruptos que promueven a los grupos musicales que les pagan por el espacio. Resulta tardío este moralismo.
Los compositores de canciones con letras que expresan la realidad, con enfoque contestatario, estuvieron y continuarán estando censurados; sin posibilidad de espacio, por "la irreductible orientación ideológica/…/ de la programación".
Contra esa "irreductible", a codazos, el humor de sátira política se hizo algún espacio en TV -ejemplo, el programa televisivo "Deja que yo te cuente"- y mayor espacio en los teatros.
El programa televisivo "Deja que yo te cuente", ridiculiza a los dirigentes caricaturizando con veracidad efectiva sus métodos y abusos, y eso lastima a los jefes de todos los niveles, quienes se ven retratados en estos programas humorísticos. Los dictadores carecen de sentido del humor, porque viven en pose gloriosa.
La actualización del género costumbrista refleja la incapacidad productiva y la alienación y desprotección legal del productor; además, presenta personajes como el demagogo y arribista jefe superior Lindoro Incapaz, quien fingiéndose paternalista es pura hipocresía y egoísmo; y su segundo, La LLave, despiadado comisario político.
No existe empresa en Cuba, ni unidad militar, donde los trabajadores no hayan clasificado a sus jefes como Lindoro o como La Llave.
Por tanto, los Lindoro y los La Llave de la Asamblea Nacional del Poder Popular, quieren prohibir el humor "irresponsable", y Granma -!censurado a su vez!- lo calla, para no disgustar al pueblo.
La prohibición de la caricatura personal de los jefes del Gobierno continúa, desde su temprana prohibición por Fidel Castro, quien autorizó -extraordinariamente- algunas que lo presentaban heróicamente. Del muy caricaturizable general Raúl Castro jamás hemos visto una caricatura.
Según el presidente del ICRT, Danilo Sirio: "se estudia la ampliación de Tele Sur". "¿Cuál es el problema, siendo como es una emisora de los compañeros bolivarianos?”, preguntó una diputada confundida, tal vez porque se sintió diputada.
!Tele Sur es también censurada!, porque dirigida a amplio público de Latinoamérica con opciones para informarse desde Venezuela que carece del grado de totalitarismo de Cuba, Tele Sur manipula temas, pero ofrece una información noticiosa muy superior a la que la monopolista TV cubana desea transmitir a su pueblo.
¿Cómo prohibirán lo "denigrante para la mujer", si la “princesa” Mariela Castro promueve en TV (y en la enseñanza escolar) una campaña a favor de la homosexualidad?
Una actriz, actuó de lesbiana en una telenovela y su personaje explicó, "científicamente", que toda mujer sentía a veces deseos sexuales por otra; insultó a todas las mujeres, "según nuestros valores culturales".
¿Cómo determinar qué "mensaje" prohibir, por desacorde a "lo cubano" o a "nuestros valores"?
La censura ideológica prohibió, por décadas, las obras de músicos, escritores, científicos, cineastas muy cubanos, o los marginó: Sirven de pequeña muestra Lecuona, Lezama Lima, Dulce María Loynaz; y extranjeros como Los Beatles, Julio Iglesias, José Feliciano y otros.
Desapruebo que la obscenidad y la pornografía se justifiquen con la libertad de expresión. Si en un estado de derecho se tratara de preservar "valores", merecería considerarse, pero en Cuba sólo se trata de preservar en el poder a una camarilla, impidiendo la libertad de información, y de criticarla por su labor destructora de esos mismos valores.
El problema de la censura, es la indecencia de la censura misma; el suponer a los censores un sacerdocio moral y patriótico del cual carecen, precisamente por su "orientación ideológica".
Ni reggaetón, ni remeneos de mulatas encuerusas, ni películas o música extranjera que contaminan "la cultura cubana"; lo inmoral aquí, es el fin mismo de la censura.
Y que no censure espectáculos tan indecentes como los discursos del simulacro de "parlamento cubano", con promesas de prosperidad y mentirosas cifras de crecimiento económico, y el nombramiento como diputado del invisible Fidel Castro.

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