Agencia de Prensa Independiente

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jueves, 13 de diciembre de 2012

jueves, diciembre 13, 2012
Por Jorge Alberto Liriano Linares/ Hablemos Press.

Camagüey, 13 de diciembre.- La epidemia de cólera continúa proliferando vertiginosamente en las superpobladas cárceles de la Isla.

En las prisiones camagüeyanas, el contagio afecta con mayor relevancia a la prisión provincial Kilo 7; la prisión de máxima seguridad nacional Kilo 8 y la prisión Kilo 9; desde esta última  -declarada oficialmente en cuarentena, se reportan cifras alarmantes muy celosamente ocultadas por las autoridades militares con la perversa complicidad de los servicios médicos del Ministerio del Interior y otros factores del sistema de salud de la provincia.

En medio de este desolador escenario, donde miles de personas en reclusión enfrentan el inminente contagio, o corren el riesgo de morir por la funesta enfermedad, resultan insuficientes y carentes de sentido las escasas y arbitrarias medidas epidemiológicas que se vienen tomando, dada la gravedad y la magnitud del cuadro patológico.

Teniendo en cuenta las precarias condiciones de exclusión y marginalidad en el hábitat de los confinados, se  evidencia  la inequívoca confirmación de un sistema penitenciario obsoleto, colapsado y carente de condiciones para la vida humana, donde se desestiman las normas mínimas internacionales y las más sencillas prácticas para el tratamiento a los reclusos.

En las cárceles camagüeyanas, existen precedentes de elevados índices de hacinamiento e insalubridad, a lo que hay que agregar la ausencia total de agua potable, que en la mayoría de los casos proviene de fuentes contaminadas y que debido a su escasez debe ser almacenada en vasijas y baldes, incluso hasta para beber.

La carencia del preciado líquido influye en la higiene de los lugares de encierro, en el aseo personal de los sancionados y hasta en el lavado del deteriorado avituallamiento.

Como es lógico, las restricciones en el abastecimiento de agua se conjugan con la falta de exigencia y control de la higiene en la elaboración y manipulación de los alimentos que ofertan; alimentos, en su mayoría, descompuestos o adulterados con productos de dudosa identificación; otros, sin lavar y cocinados tan ligeramente que no logran destruir los agentes dañinos; a esto, debemos añadir la falta de higiene en cocinas, comedores y utensilios idóneos para la elaboración y el consumo de los alimentos; se suma también, a esta barbarie, el trasiego autorizado de salcocho, por parte de los militares, que incide en la pésima elaboración de la comida, una estampa real del hambre y los altos índices de desnutrición que enfrentan los pobladores en las instalaciones carcelarias de la región.

Para los militares, los puercos tienen la prioridad; poco o nada les importa la alimentación de los seres humanos confinados.

Históricamente, someter por hambre a los presos ha sido uno de los más crueles mecanismos de castigo empleado por el sistema, y es la forma de violencia más asesina que existe hasta nuestros días.

Lo cierto es, que estas contravenciones de factores higiénico-sanitarios en el interior de las cárceles del territorio, son la principal causa de propagación de epidemias como el cólera, que hoy encontró su mayor reservorio marginal tras los muros de los campos de concentración Castro-fascistas de la isla.

Lo más denigrante de toda esta situación, es que el Estado y su máxima dirección política continúan auto engañándose, y se auto intoxican con sus mentiras, encubriendo y amamantando a las corrompidas fuerzas del ministerio del interior, preñadas de oportunistas, malversadores y connotados torturadores, bandidos, bandoleros y asesinos.

La epidemia de cólera se seguirá extendiendo por el interior de las cárceles del país, algo que resulta inevitable y poco probable de frenar.

El sistema penitenciario creó y alimentó las condiciones para la incubación de este monstruoso flagelo, demostrando una vez más, a la humanidad, que las cárceles en Cuba son un aparato de muerte que están muy bien concebidas para hacer daño, colmando así todos los límites de violaciones del derecho internacional y los derechos humanos, por lo que vale la pena asegurar, sin temor a equivocarnos,
que el sistema penitenciario cubano está en clara sintonía con la barbarie genocida, y es el único responsable de propagar tan mortífera epidemia. 

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