Agencia de Prensa Independiente

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domingo, 2 de diciembre de 2012

12/02/2012 12:09:00 p. m.
Por Carlos Ríos Otero/ Hablemos Press.

La Habana.- El Departamento de Orientación Revolucionaria (DOR),  durante el mes de noviembre, utilizó todos los medios de difusión para resaltar la otrora Operación Carlota, confrontación en 16 años de guerra injerencista en Angola, durante la etapa 1975 a1991, llevadas a cabo por las instituciones castrenses cubanas MINFAR y MININT en apoyo al movimiento comunista MPLA, liderado por Agostino Neto. Maniobra que se hizo pública el 10 de octubre de 1975, en el I Congreso del Partido Comunista de Cuba.
Según datos oficiales, durante el tiempo que duró la guerra fueron enviados 52 mil militares como tropa permanente que rotaba cada dos años, en el cual 400 mil reservistas se enrolaron en la guerra; y certifican que algo más de mil 700 muertos fue la cuota cubana. El parte oficial precisa, que la intervención castrista fue para contrarrestar la invasión del Ejército Sudafricano a Angola, y que ésta sucedió a finales de septiembre de 1975.
Testimonios de militares cubanos, afirman que desde principio de 1974 Cuba adelantaba un contingente de oficiales para entrenar a los guerrilleros de la FAPLA, brazo armado del MPLA.  En la primavera y en el verano de 1975 una brigada, comandada por los generales Raúl Díaz Argüelles y Ramón Espinosa, invaden  Angola. Argüelles, muere en combate. Evento que ha sido  confirmado públicamente por el general Del Pino, ex viceministro dela DAAFAR (MINFAR) -hoy en el exilio-, y en su momento, el ex vicecanciller Ricardo Alarcón, actual presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular y miembro del Buró Político.
Coutinho, nuevo gobernador de Portugal en Angola,  unido filialmente a Neto, en 1974 cede  al MPLA seis mil catangueses mercenarios del ejército portugués, para ser entrenados por militares cubanos en la base angoleña de Massangano. Estas unidades mercenarias, habían combatido bajo las órdenes de Hoare, contra los propios cubanos, en tiempos que la guerrilla del Che Guevara vivía su aventura en el Congo.
El 4 de febrero de 1975, Agostino Neto se presenta en el estadio de Luanda, al frente de un poderoso convoy militar, donde el mando fue socorrido por militares soviéticos, y conformado por comandos cubanos y catangueses mercenarios, que fue la tropa de choque de la nueva FAPLA.
No existió ninguna resolución o mandato de la ONU que autorizara a Cuba a invadir Angola. Fidel Castro, no estuvo dispuesto a guiar entre los tres  movimientos un entendimiento, sino que mantuvo una tarea de ocupación colonial que trajo un saldo de guerra a la parte angoleña de un millón, entre muertos, mutilados y desaparecidos,  y un éxodo de, alrededor de un  millón de angoleños que fueron internándose en las selvas de los países limítrofes, donde muchos murieron pasto de la hambruna y las enfermedades.
Por su parte, la URSS lanzó una cruzada diplomática, en toda África, con la promesa de cubrir de oro a los estados africanos que reconocieran al régimen del MPLA. Moscú, depositaría en bancos suizos partidas de oro por valor de 25 millones de libras esterlinas para esta operación. El Daily Express la calificó como la mayor tentativa de corrupción de la historia.
La legión internacionalista castrista, irrumpía con saña  en los territorios ocupados por las comandos de los movimientos de liberación UNITAS  y FNLA. El jefe cubano más destacado, durante la guerra de Angola, fue el difunto general Raúl “Tomas” Menéndez Tomassevich, por su tiempo de permanencia y porque se le atribuye la orden de tierra arrasada a las comarcas que apoyaran y resguardaran a los belicosos movimientos.
Ex oficiales cubanos, que asumieron jefaturas en los diferentes frentes, y en el estado mayor en Luanda, Alegan que los muertos cubanos suman algo más de 9 mil, mientras otros 11 mil regresaron a Cuba en calidad de mutilados de guerra y con padecimientos endémicos. El alcoholismo, fue un boom en los diferentes frentes de las guerras internacionalistas y que ha trascendido con diferentes formas de la violencia, a los hogares cubanos.
Un capítulo que secretean las autoridades castristas es que, desde entonces, Cuba es una nación con enfermos de VIH-SIDA. Los oficiales, acudían  a los mejores hoteles de Luanda, (Hilton) y Addis Abeba, en Angola y Etiopía, respectivamente; asistían a bacanales en prostíbulos, donde eran infestados por el VIH-SIDA (una enfermedad poco conocida entonces), y al regresar, no eran sometidos a exámenes médicos para determinar a calidad de su estado de salud, lo que favoreció la propagación del virus letal en toda la Isla.
Desde mediados de la década de los años ’80, el IPK (Instituto Pedro kourí, de medicina tropical), conocía de la existencia del VIH-SIDA. Durante 10 años, la enfermedad se mantuvo como un secreto de estado. Cuando fue reconocido, se echó una cortina de humo de quinta columna, y se dijo que fue la farándula que lo incubó e “importó” de las giras artísticas por Europa y América.
Mientras, jóvenes cubanos que no acataron participar en la legión castrista fueron expulsados de sus trabajos, centros de enseñanza técnica y universidades, y se les señaló en sus expedientes como ciudadanos no confiables al partido y la revolución, por no acatar la orden del Comandante en Jefe; además, fueron humillados públicamente ante sus compañeros de trabajo y estudio; se les acusó de blandengues, desafectos a la revolución y lacra social, entre otros epítetos.
Un ejemplo fue el de José Ajo, quien en enero de 1976 fungía de técnico de la estación experimental de la caña de azúcar, en  Matanzas, y se negó a enrolarse en la cruzada de Angola y fue expulsado de dicha estación, de la universidad y de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) donde militaba. Muchas madres desesperadas acudieron a los médicos, para obtener un certificado de salud que declarara a sus hijos desequilibrados mentales y fueran inhabilitados para participar en las guerras internacionalistas.
Funcionarios del Partido Comunista y oficiales del MININT, usaron su influencia para que jóvenes de su familia no perdieran la universidad. Le proponían al Comité Militar el reclutamiento de otros jóvenes para que heredaran la tarea de guerra.
El Comandante en Jefe Fidel Castro, prestó un gran servicio utilizando como carne de cañón la vida de miles de cubanos de a pie.  
Sin embargo, no dispuso para su guerra napoleónica a ninguno de sus vástagos, que bien pudo haber sacrificado a alguno de sus 10 hijos varones, siguiendo la retórica revolucionaria de los dirigentes históricos de la revolución y del propio Fidel Castro. -un deber con la patria, la revolución y el comandante en jefe-.

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