Agencia de Prensa Independiente

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domingo, 16 de diciembre de 2012

12/16/2012 01:55:00 a. m.
Por Carlos Ríos Otero/ Hablemos Press.
La Habana.- Hasta hoy, era una sorpresa las razones  del presidente de la nación colombiana, Juan Manuel Santos, para salir en defensa de Cuba durante la última Cumbre de las Américas, cuando Colombia era anfitriona del cónclave democrático.
Fue una defensa draconiana, que William Shekespeare -el gran dramaturgo británico-, si viviera, de seguro podría reescribir su    famosa obra Romeo y Julieta, esta vez, con un triángulo amoroso titulado: Cuba-Colombia-made in FARC-EP.
Santos, de forma secreta, estaba tratando que Cuba fuera garante en los diálogos entre la narcoguerrilla colombiana FARC-EP y el gobierno colombiano, suceso que venía cocinándose, entre ambos bandos colombianos y por supuesto, con un objetivo de largo alcance: El equipo de Santos, trata por todos los medios que la carga del lastre social de la vociferada narcoguerrilla, sea desovado en la Isla.
Resulta obvio, que el Ejecutivo de Colombia ha convencido a la narcoguerrilla que Cuba es una plaza segura, y que habrá socialismo irrevocable por otro medio siglo más, y precisa que no se sentirán perseguidos por los familiares de quienes fueron desaparecidos, asesinados y extorsionados por ellos; lejos, bien lejos de los potenciales demandantes ante la justicia, en un futuro mediato; incluso, podrían tener  nombres cambiados y una vida segura en la Isla de corcho; vacilando y blanqueando los dólares del narcotráfico; y tal vez, hasta sean los nuevos gerentes de la industria sin humo.
Ya a mediados de la década de 1980, el embajador de Cuba en Colombia, su Excelencia Ravelo, fue definido como  persona no grata, por sus vínculos con las narcoguerrillas y los rumores de extender los tentáculos al mundo de los carteles del narcótico. Mientras, en abril de 1987, la revista US News Report, señaló que Cuba tenía contacto con los capos de la cocaína de Colombia.
Dos años después, el general Arnaldo Ochoa y el coronel Antonio de la Guardia -junto a otros dos de los procesados- fueron condenados a muerte por tráfico de drogas. De esta forma, purgaron ellos por el delito como los únicos culpables de tales fechorías, aunque el fiscal no logró establecer el cómo y el cuándo se iniciaron las operaciones de narcotráfico. Lo único cierto en toda esta sórdida historia es  que ambos pagaron con sus vidas todas las inculpaciones que venían recayendo sobre Cuba por más de una década, aunque desde el punto de vista estratégico, el castrismo fue quien amantó y armó a la narcoguerrilla, por lo que hoy tienen el compromiso moral de recibir a quienes han sido sus mejores alumnos en la desestabilización y violencia -por medio siglo- de un país próspero. Desde entonces, y precisamente por la subversión del castrismo en esa hermana nación, Colombia no ha avanzado más.
Los cubanos que luchamos por una Cuba democrática, llamamos la atención a la opinión pública sobre la jugada de José Manuel Santos, y compinches, por escoger a la mayor de las Antillas para el basurero de su lacra social.
Cuba -más temprano que tarde-, será democrática. Ni los generales de  la vieja guardia, ni los  fundadores de los servicios secretos de las instituciones castrense MINFAR y MININT, que ocupan el tinglado en la cúpula: Vicepresidencias del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros y el Buró Político, no pueden parar el tsunami político de los derechos humanos pro democracia.
Sabemos que este tinglado ya está preparando a una pléyade de coroneles, testaferros y burócratas que han escalado al poder invadiendo los cargos claves del estado comunista y listos para seguir timando a Liborio, a ese pueblo de a pie, a partir de la novena legislatura del 2013 al 2018,  cuando sus jefes arriben a los noventa  abriles, y cavilan los testaferros coroneles que las reformas son la tabla salvadora, y que la OctavaLegislatura es luna de miel a transitar del 2013 al 2018.
En casa del herrero, cuchillo de palo; con ésta parábola, los cubanos han fotografiado el suceso de que hoy el castrismo es mediador a favor de las FARC-EP, para convertir a la narcoguerrilla  en caballeros de la paz, y en un partido político.
En definitiva, el régimen castrista fue quien amamantó a la beligerante narcoguerrilla, y bien podría cargar con cientos de partisanos  y darle asilo político; muchos podrían inflar la plantilla de los represores, que es el oficio de calle, junto al Buró de Represión (contra las) Actividades de Derechos Humanos (BRADH), es decir, la policía política (MININT-DSE), y de esta manera formar parte de las Brigadas de Respuesta Rápida, grupúsculo que asalta al activismo de derechos humanos.
Estas BRR promueven el estatus del corsario de nuevo tipo, y se podría institucionalizar el club de los sicarios: DSE // FARC-EP.
¡Ni se imaginen que el movimiento de DD.HH. cubano se quedará de brazos cruzados!

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